ADIÓS A HENNING MANKELL

Por Marcela Alemandi

La primera idea preconcebida que se cae cuando una empieza a leer a Henning Mankell es la de que Suecia es un país perfecto. Esa idea que tenemos gran parte de los argentinos sobre los países escandinavos: que allá todo funciona bien, que no hay pobreza, que no hay corrupción, que son los países de la igualdad de género, del Estado de Bienestar, donde todos pagan con alegría los impuestos porque vuelven en beneficios para toda la población, etc. Pues bien, no es así, o al menos no es tan así, nos muestra Mankell.

Kurt Wallander es el personaje que hizo mundialmente famoso a su autor: protagonista de una saga de más de diez novelas, más un libro de cuentos y otras novelas conectadas, Wallander es un detective de la policía sueca que vive en Ystad, una pequeña ciudad al sur del país, y que se dedica a resolver crímenes. Es un hombre que está muy lejos de la figura del héroe, del detective oscuro y torturado o del genio del razonamiento que abundan en el género policial: Wallander es un hombre de mediana edad que está envejeciendo y engordando, que lidia con la soledad después de un divorcio y que tiene una relación disfuncional con su única hija y una desastrosa con su padre. Empático pero irascible, vulnerable e imperfecto, la fortaleza del detective está en su perseverancia y en su tranquila capacidad de observar y conectar hechos aparentemente sin sentido. Sus muchas falencias lo vuelven humano y hacen que los lectores le tengamos simpatía y hasta lástima, a veces.

Pero lo que hace a la saga de Wallander tan interesante no son solamente sus historias y personajes, sino (y sobre todo) su contexto. Los escenarios son siempre el sur de Suecia (aunque a veces se extiende hasta Dinamarca, Letonia e incluso Sudáfrica). Las aventuras de Wallander muestran una sociedad que dista mucho de la perfección escandinava que una se imagina: políticos y jueces corruptos, violencia de género, trata de personas, abuso infantil; el marco en el cual el detective se mueve dice mucho de la sociedad sueca de fines de siglo XX y principios del XXI. Y también lo dice el propio personaje, sus reflexiones son las de un hombre de cincuenta y algo, que creció en una Suecia a la que creía justa y abierta para todos, y ahora no sabe o no entiende qué hacer con las miserias que presencia día a día en su trabajo. Es el fin del ilusorio “paraíso sueco”, hecho añicos con el asesinato en el mundo real de su primer ministro Olof Palme, en 1986. Un asesinato aún sin resolver y que planea como un fantasma hasta su última novela.

Además de la saga de Wallander, Mankell publicó muchas otras novelas (no todas están traducidas al español), obras de teatro y crónicas. Tuvo siempre una relación muy cercana con distintos países de África: una de las novelas que integran la saga (La leona blanca) transcurre en Sudáfrica durante el fin del apartheid y la liberación de Nelson Mandela. Además de una historia atrapante, es un gran documento de época, que patentiza las negociaciones entre quien ocupaba la presidencia en ese entonces (Frederik de Klerk) y un recién liberado Mandela, líder del Congreso Nacional Africano. Pero no fue la única: Comedia Infantil narra la desgarradora historia de un niño de la calle en Mozambique, y con su historia se cuelan las historias de guerras tribales, violencia y desamparo de los habitantes del país africano. Mankell no tiene pruritos en criticar la postura, muchas veces hipócrita, de su propio país y de Europa con respecto a las realidades africanas: gobiernos que se conduelen pero que permiten que empresas de capitales suecos continúen haciendo negocios y ganando dinero gracias a guerras civiles, ventas de armas, extracción de minerales preciosos, sobornos a políticos y militares corruptos, entre otras cosas. Mankell, que vivió los últimos años de su vida dividido entre Suecia y Mozambique, donde dirigía el Teatro Nacional Avenida de Maputo, expone magistralmente en sus ensayos y novelas las tensiones políticas y sociales que asuelan al continente africano y reflexiona sobre las consecuencias del colonialismo.

Al enterarse en 2013 que padecía cáncer, emprendió la escritura de un ensayo que luego se publicaría con el título Arenas Movedizas. En él, Mankell reflexiona no solamente acerca de su enfermedad, sino también sobre sus obsesiones, cuestiones como los legados, la memoria y la muerte. Su reconocimiento internacional supuso abrir la puerta para la revolución de la novela negra nórdica en el mundo, un género que sigue dando obras magistrales. Multifacético, comprometido política y socialmente, prolífico, Mankell fue un escritor de los que se agradecen: esos que ponen al alcance del gran público obras de calidad literaria y humana.