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2020: GRAFOLOGÍA LITERARIA

Por Anaclara Pugliese y Ernesto Inouye

 

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Si una investigadora del futuro encontrara este grafo, como una red sumergida en las profundidades oscuras de internet, reconocería en él, prendidas, algunas obras, pero la inmensa mayoría de los títulos le resultarían extraños. ¿Qué publicaciones serían para ella familiares? ¿Se encontrarían en el centro de la red o en los márgenes? La investigadora podrá preguntarse, mientras navega por el grafo como si recorriera los callejones abandonados de un viejo barrio por Street View, ¿qué son todas esas obras olvidadas al sol?

Pilas y pilas de libros pasan de las novedades a las librerías de usados y los actuales PDF pasarán de repost azules en infinidad de sitios webs a las primeras capas geológicas de una futura arqueología de internet. ¿Cómo es posible abordar la inmensa cantidad de libros que se editan año a año? La crítica literaria resolvió el problema a través de la elaboración de un canon, es decir, de la selección de una serie reducida de obras destacadas. Mediante este recurso y con algo de dedicación, ahora sí, un lector puede abordar una totalidad, incluso leer las obras que la componen con cierta profundidad. Pero, ¿no es una ilusión creer que se puede entender una época de la mano de una breve lista de obras que capturarían el pulso vital de un momento específico en un lugar determinado?

Convocamos a 76 escritorxs, editorxs, librerxs, periodistas, docentes y graduadxs de Letras de la ciudad de Rosario para que nos recomienden hasta tres títulos publicados en 2020. Con los datos, al igual que el año pasado, armamos un grafo que incluye desde los libros más votados hasta los que tuvieron una sola recomendación. ¿Con qué fin? Alejar la mirada: ya no detenerse en unos pocos libros, sino en las relaciones que se establecen entre ellos y lxs lectorxs. Mucho más provechoso que elaborar una lista con los diez títulos más votados nos parecía armar una red que evidenciara cómo lectores dispares se reúnen alrededor de un mismo libro o cómo algunos libros quedan unidos por lxs mismxs lectorxs. Ante la pregunta: ¿por qué en esta encuesta se mencionaron tan pocos libros extranjeros y tantos rosarinos?, nos gusta pensar esta respuesta: el grafo no representa solo criterios estrictamente literarios sino también relaciones profesionales y afectivas, como un gran mapa de sociabilidades literarias.

¿No sería interesante para nosotrxs, al igual que para la investigadora del futuro, encontrar una grafología literaria de Rosario de los años cincuenta? ¿Quiénes serían lxs lectorxs encuestadxs? ¿Qué libros hubiesen estado en el centro que hoy no perviven? ¿Qué revistas inconseguibles, ediciones mimeografiadas, hermosas novelitas sin reediciones o folletines se hubiesen podido encontrar nombradas? ¿Qué circuitos de lectura o conexiones inesperadas nos hubiese develado ese grafo?

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Antirranking: intermediación y centralidad

Con diez recomendaciones, No es un río (10), es el título más mencionado en esta encuesta. La novela de Selva Almada completa una trilogía de varones, inaugurada con El viento que arrasa y seguida inmediatamente por Ladrilleros. En No es un río tres hombres van a pescar; pica algo pesado: una enorme raya, que se resiste, y luego es asesinada a los tiros. La novela puede ser leída desde el dominio violento, cargado de excesos, del varón sobre la naturaleza, exigido por el mandato de masculinidad.

Si bien el libro de Almada es el más recomendado, no tiene mucha centralidad en el grafo. ¿Cómo llegamos a esta conclusión? Este año decidimos aplicar las herramientas de análisis de redes de datos que nos brinda la plataforma Onodo. Dentro de estas funciones tomamos dos: centralidad e intermediación. La centralidad de un nodo se calcula a partir del número de conexiones que establece con otros nodos, pero también en base al tamaño de los nodos a los que está conectado. La centralidad de No es un río, según el análisis de Onodo, es baja (0,17 sobre el máximo, que es 1), es decir, no tiene muchxs lectorxs en común con el resto de los títulos más mencionados. En este sentido, la novela de Almada, aunque con muchas recomendaciones, es un libro periférico en la red.

La intermediación, por otro lado, calcula cuántas veces un nodo está en el camino más corto entre dos nodos. Esto es, como su término lo expresa, la capacidad que tiene de articular lo que de otro modo estaría disperso. La novela de Selva Almada tiene un altísimo nivel de intermediación (el máximo: 4646) porque nuclea lectorxs dispersxs, que no forman una comunidad de lectura sólida, y que posiblemente de otro modo, si no coincidieran alrededor de ese único libro, estarían desconectados de la inmensa red central, flotando en el espacio sin coincidencias de títulos con lxs demás lectorxs, como navegantes solitarixs: esto se puede ver de manera clara explorando el grafo, donde se evidencia cómo el nodo de No es un río conecta en el margen izquierdo dos brazos largos que casi flotan desprendidos, además de nuclear bracitos mucho más cortos, de dos dedos, sin otras conexiones al cuerpo principal de la red.

Los títulos con mayor centralidad, es decir, que están rodeados de lectores que leyeron también otros libros centrales, son: Sumisión (8), de Oscar Taborda (centralidad: 1 sobre 1); Amor total (8), de Fernanda Laguna (c: 0,87); Diario del dinero (6), de Rosario Bléfari (c: 0,59); Inventario (6) de Paula Galansky (c: 0,51); y Poesía molotov (7), de Wachi Molina (c: 0,32). La cantidad de conexiones que se establecen entre estos títulos permite inferir que existe en esa región del grafo una comunidad de lectores en la que fluyen información y lecturas.

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Como agua que corre: narrativa rosarina

Puede armarse empezando por dos títulos ya nombrados –Sumisión e Inventario– una pequeña biblioteca de narrativa rosarina. La novela de Oscar Taborda está compuesta por 101 párrafos que forman la trama fragmentaria de las peripecias de U, su protagonista. En un mundo barrial y decadente, U decide gastar el poco dinero que tiene para comprar en el shopping un económico casco para viajar en el tiempo que vio promocionado en carteles por la calle.

Por otro lado, el libro de relatos Inventario, de Paula Galansky, relata la vida de Sofía, su protagonista, a partir de una serie de nueve objetos –un relato por objeto– con un lenguaje delicado y sintético. La publicación tiene apenas veintiocho páginas pero logra encerrar con sutileza una vida entera. En el grafo, Inventario se encuentra rodeado y forma parte de una gran constelación de títulos de poesía: cuatro de sus seis lectores recomendaron también poesía. Pero además la publicación es la primera de narrativa de la colección de plaquetas Bitte, de la editorial rosarina Danke, en la que todos sus títulos, excepto Inventario, son de poesía.

Lejos de la centralidad del grafo, flotando en una pequeña isla, arriba a la izquierda, se encuentra Perversidad (2), de Marco Mizzi, editado por Eloísa Cartonera. Su carácter insular hace que su centralidad sea 0. La trama de la novela podría ser una crónica periodística de la sección policiales de nuestros días: una adolescente es violada y asesinada por un grupo de narcos. El hecho es filmado con un celular y el video empieza a circular entre los vecinos del barrio. El protagonista de la novela es un periodista desempleado que intenta reconstruir los hechos. Encontramos también en un sector periférico del grafo, en el extremo de un brazo que se despliega hacia la izquierda, el libro de relatos Tan lejos (2), del escritor y psicoanalista Ricardo Guiamet, editado por el sello rosarino Casagrande. Lleva como subtítulo “Diez naufragios”. En una entrevista el autor observó: “Son personajes que atraviesan una escena crítica y el naufragio les permite cambiar el derrotero de sus vidas.”

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Imágenes: flechazo al corazón                

Además de literatura, en la red hay toda una biblioteca de pintura, dibujo e ilustración, en parte resultado de la gran cantidad de títulos editados por el sello rosarino Iván Rosado en su serie Maravillosa Energía Universal: tres publicaciones de esa colección fueron mencionadas. De hecho, el segundo libro más recomendado por nuestrxs encuestadxs fue Amor total. Los 90 y el camino del corazón (8), de Fernanda Laguna, quien en los noventa también publicó sus más famosos poemas. Amor total reúne su arte de esa década. El segundo título de la serie Maravillosa Energía Universal es La Tablada (2), una selección de dibujos y pinturas de Orlando Belloni realizados entre 1958 y 2020. Belloni vive en el barrio rosarino que da nombre al libro y desde allí observa y retrata desde hace décadas a sus propios vecinos sobre motos, charlando en una esquina o tomando una cerveza en un kiosco, aunque deja ver siempre, en sus caras, en sus gestos, un marcado sentido proletario. El tercer título de la serie de Iván Rosado es Algunas flores (1), de Gilda di Crosta y Daniel García. Ella, poeta; él, artista plástico: juntxs, estudiaron el encanto silvestre de las flores y lo registraron en textos, pensamientos, pinturas y dibujos.

Lejos de la tersura de las flores, Enciclopedia mundial del coso (1), de Podeti. El humorista y dibujante catalogó doscientos cosos, los dibujó y les dio un nombre y una definición para desplazarlos al universo más decente y femenino de las cosas. Un objeto extraño –que podría haber sido catalogado por Podeti, por lo difícil de definir– es Fábrica de escalofríos (1), con textos de Horacio Carvallo e ilustraciones de Tati Babini. Los poemas, editados por Libros Silvestres, están troquelados verso por verso, por lo que este artefacto permite armar poemas casi al infinito: “Diez millones de poemas para combinar temblando” es su subtítulo.

Destaca como rareza la revista alemana de comic Strapazin (1), que dedicó su número 138 a historietistas argentinos. Otro recomendado fue Pintura montada primicia (1), de Juan del Prete, una selección de obras inéditas de las décadas del setenta y ochenta del pintor, dibujante, escultor y fotógrafo ítalo-argentino. El último de esta biblioteca de arte es La aventura de lo real (1), que reúne escritos del artista Alberto Greco.

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No te vayas de mí: poesía rosarina

Los poemas de Poesía molotov (7), de Wachi Molina, surgieron de un intercambio, de un aprendizaje que iba de la puesta en voz o performance a la escritura. Publicado por Le Pecore Nere, el libro tiene como motor de búsqueda el deseo, entendiendo a la poesía como la expresión de un cuerpo en concreto y a la vez del cuerpo que late en la materialidad misma del poema. El libro tiene altísima intermediación (3283) al ser un nexo directo entre el libro de Almada y la constelación central del grafo, formada por publicaciones en su mayoría rosarinas y de poesía. Compartiendo dos lectores con Poesía molotov y otros dos más con Inventario, aparece Fiesta (4), el primer libro de poesía de Anabel Martín, publicado por el colectivo editorial Cedro, del que la autora forma parte. Rodeado de puntos de color amarillo claro –que en nuestro grafo representa a las publicaciones de arte– Tres puentes, seguido de Poesía doméstica (3). Su autora, Virginia Negri, es, además de poeta, artista. La colección de plaquetas de la editorial Danke de la que forma parte Tres puentes tiene dos nodos más en el grafo: La belleza contenida (1), de la rafaelina Rita Chiabo, e Inventario.

Conectado por un lector a Poesía molotov y por otro a Inventario, El entrenamiento de la mente (3), de Irina Garbatsky (Iván Rosado). Con tres recomendaciones, al igual que el libro de Garbatsky –aunque no tan en el centro de la constelación de puntos celestes que, en el grafo, representan a los títulos de poesía–, Vietnam (3), del docente, poeta, narrador y periodista Pablo Bilsky. El libro que editó Baltasara puede leerse como una crónica en verso que describe escenas, personajes, sueños, fantasmas y anécdotas que tuvieron lugar durante una visita a ese país en 2018. Dentro de la gran constelación interconectada de poesía también fueron mencionados La soberana idiotez (2), de Carolina Musa; Te quiero abrazar mucho (1), de Lila Siegrist; y Larga distancia (1), de Verónica Laurino.

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Diarios y textos autobiográficos o “no dejes que la realidad destruya tus papeles”

Uno de los libros más mencionados, con mayor centralidad e intermediación, es Diario del dinero (6), de la música, actriz y escritora Rosario Bléfari, publicado por la editorial Mansalva. Se aferra a Sumisión –con el que comparte tres lectores–, a Amor total y a dos títulos de la constelación de poesía. Una novela, un libro de arte y dos de poesía. Diario del dinero fue compuesto como un registro contable donde las cifras no aparecen dispuestas en asépticas columnas verticales, sino insertas en la horizontalidad de la prosa, acompañadas por el relato de las circunstancias, causas y consecuencias, de gastos e ingresos. «Un registro para que los chismosos revisen o para quien pueda llegar a preguntarse de qué modo sobrevive en este mundo alguien como yo» escribe Bléfari en la contratapa.

En los bordes de la zona central del grafo encontramos Tiempo de más (3), editado por Ivan Rosado, la tercera entrega que compila las notas autobiográficas publicadas en Facebook del ensayista y docente Alberto Giordano. Pocos meses después de la publicación de Tiempo de más, Bulk Editores lanzó otro título del mismo autor: Volver a donde nunca estuve (2). Se trata también de notas autobiográficas pero que tienen como eje la relación con su padre. Giordano escribió, además, la contratapa de otro título que coincide en el carácter de su origen con los dos suyos: reúne una serie de posteos de Facebook, en este caso notas en torno a la danza y la expresión corporal. El libro, Apuntes de clases (2), de la bailarina y docente especializada en contact Natalia Pérez, fue editado por Río Belbo.

Dentro de la serie de textos autobiográficos podemos mencionar por último el diario que escribió el novelista, crítico y traductor Matías Serra Bradford en un viaje a Japón durante el año 1999 resultado de una beca para estudiar fotografía. El libro, editado por Sigilo, se titula Diario de un invierno en Tokio (1).

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¿Genios o escenios?

En este grafo, como en un fractal, hay nodos que representan libros que a su vez hablan sobre otros libros o escritores. Ese es el caso de 2020. Veinte episodios de la historia de la literatura argentina del siglo XX (3), publicado como e-book por la Editorial Municipal de Rosario. Se trata de una compilación –realizada por el docente, crítico y poeta Martín Prieto– de veinte artículos, ensayos y estudios críticos escritos por docentes y egresados de la carrera de Letras de la Facultad de Humanidades y Artes de Rosario. Como se lee en la página de la editorial: “El libro propone un doble recorrido: uno sobre la literatura argentina –el conjunto de temas, libros y autores tratados abarca casi un siglo de la historia literaria– y otro sobre las distintas direcciones que tomaron los estudios críticos en la Facultad de Humanidades y Artes desde los años 60 hasta hoy.”

Cuatro ensayos (4), de César Aira, editado por Beatriz Viterbo, reúne ensayos publicados con anterioridad: uno sobre Copi (1991), otro sobre Alejandra Pizarnik (1998), uno sobre Edward Lear (2004) y el titulado “Tres fechas” (2001), que toma en consideración tres escritores no muy transitados –Denton Welch, Paul Léautaud, J. R. Ackerley– bajo una premisa que podría funcionar como fundamento para una visión no canónica de la literatura: “para ser representativo de una época es preciso ser menor”. Del libro de Aira se desprende una columna vertebral de ensayos que se alejan progresivamente del núcleo del grafo y van perdiendo por lo tanto centralidad e intermediación. Los títulos son Pasado mañana. Diagramas, críticas, imposturas (2), de Luis Chitarroni; Contramarcha (2), de María Moreno; y Libros chiquitos (1), de Tamara Kamenzsain.

De César Aira fue recomendado también Lugones (4), editado por Blatt & Ríos. En este caso no se trata de un ensayo sino de una novela pero que toma como punto de partida el último día de vida del escritor Leopoldo Lugones –el momento de su suicidio con cianuro y whisky en el recreo “El Tropezón”, ubicado en el delta del Paraná– pero que deriva rápidamente hacia el terreno de la ficción y el delirio.

 

Las series de títulos que mencionamos son solo posibles aproximaciones y recorridos por el vasto grafo compuesto por un total de 124 recomendaciones. Para finalizar les compartimos: 1) una interesante y diversa biblioteca que reúne todos los títulos digitales de descarga gratuita que fueron mencionados; 2) una guía de exploración del grafo.

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Link, clic, free: biblioteca digital gratuita $$

Muchas de las recomendaciones fueron editadas en formato físico, impresas, pero otras tantas fueron leídas en PDF que circularon libres. Libres. Libres!!! En esta sección dejamos una breve reseña de todas esas publicaciones y los links para descargarlas.

Dinero (2), de Julián Bejarano: en el sitio slimbook.org (o haciendo clic en esta nota, sobre el nombre del libro) se puede descargar el slimbook del poeta que actualmente vive en Entre Ríos. ¿Qué es un slimbook? En la sección quiénes somos de la web se lee: “Un slimbook es una chuchería cultural. Ni libro, ni disco, ni película, es un soporte físico para cualquier contenido digital. Al adquirir un slimbook usted adquiere una obra personal a la vez que una pieza artística impresa en nuestro taller con tipografía móvil en máquinas de letterpress, hotstamping y láser, sobre cartones y papeles especiales que despliegan una pequeña muestra del contenido digital al que redirecciona. Podría decirse que un slimbook es un opúsculo con continuidad en el mundo digital”.

Paquete de fe (1), de I Acevedo: reúne los últimos ocho cuentos inéditos de I Acevedo. En medio de un debate en torno a la propiedad y a los derechos en el ámbito editorial surgido de la proliferación de PDF durante la pandemia, el mensaje que subyace a estos cuentos es que la literatura es de todes.

El amor es un arte del tiempo (1), de Kenneth Rexroth: publicado por el proyecto editorial de la poeta y traductora Laura Crespi, Cuadernos de Traducción.

2020. Veinte episodios de la historia de la literatura argentina del siglo XX (3), la recopilación ya mencionada, editada por la EMR, puede descargarse desde su web.

De la A a la Z de la cocina santafesina (1), de Paula Caldo: el conjunto de recetas que se pueden consultar haciendo clic en el link es el producto de un viaje por las rutas de la provincia a la búsqueda de platos especiales. Se lograron reunir 500 recetas pensadas, escritas y seleccionadas por vecinas y vecinos de 100 localidades. Es posible entrar al mapa de la provincia, cliquear en un departamento e imaginar sus historias y su geografía a partir de los aromas, texturas, temperaturas y sabores de las recetas que ahí surgieron.

Pintura montada primicia (1), de Juan del Prete: el catálogo-libro ya mencionado entre las publicaciones de arte se encuentra disponible en el sitio web de la galería Roldán Moderno.

Poesía molotov (7), de Wachi Molina (audiolibro): Adolfo Corts grabó para su proyecto de registro sonoro llamado Sonidos de Rosario a Cristian Molina leyendo los poemas de su último libro.

Fratelli tutti (1), de Francisco I: en esta tercera encíclica Francisco reflexiona sobre lo que nos ha mostrado de nosotrxs mismxs el COVID-19, sobre el derecho a la propiedad privada y sobre el cuidado de la Tierra, entre muchos otros temas.

Ornament 8, Organismic Sequencer. User Manual (1): manual de usuario del secuenciador ruso Ornament 8, desarrollado por la empresa Soma.

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Guía para explorar el grafo

Lxs LECTORXS encuestadxs se encuentran representadxs por pequeños nodos color verde y de igual tamaño.

Los TÍTULOS recomendados están representados por nodos de diferentes tamaños (según la cantidad de recomendaciones) y colores (según el género). Al clickear en alguno de ellos se despliega una ficha con los datos Type (género), Autor, Editorial, Tamaño (cantidad de recomendaciones), Centralidad e Intermediación.

La plataforma Onodo cuenta además con tres herramientas de exploración:

. PANTALLA COMPLETA. Botón para maximizar el grafo a pantalla completa, ubicado arriba a la izquierda.

. ZOOM. Botones de acercamiento y alejamiento, ubicados arriba a la izquierda.

. LEYENDA. Pestaña desplegable con las referencias de cada color de los nodos según los géneros, ubicada abajo a la izquierda.

. BÚSQUEDA. Una casilla para la búsqueda de un título o lector particular, ubicada arriba a la derecha.

 

Grafología literaria 2020 anaclara pugliese ernesto inouye

 

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Agradecemos a Aníbal Rossi por su asesoramiento en plataformas para elaborar grafos, a Paola Piacenza por recomendarnos algunas lecturas en relación al análisis cuantitativo de la literatura, y a todxs los lectorxs que participaron de la encuesta:

Agustín Alzari, Agustín González, Aimé Peira, Alberto Giordano, Alejandra Benz, Alicia Salinas, Alito Reinaldi, Analía Capdevila, Ana Wandzik, Bernardo Maison, Bernardo Orge, Cristhian Monti, Cristian Molina, Daiana Henderson, Daiana Lattini, Delfina Stortini, Diana Gerscovich, Diego Colomba, Érica Brasca, Eugenio Previgliano, Federico Ferroggiario, Florencia Giusti, Gabby de Cicco, Georgina Grasso, Germán Armando, Inti Juárez, Irina Garbatzky, Javier Nuñez, Judith Podlubne, Julia Enriquez, Julia Musitano, Leonardo Berneri, Lila Gianelloni, Lila Siegrist, Luciana Fernández, Lucía Rodriguez, Maia Bernardi, Maia Morosano, Manu Díaz, Marcela Alemandi, Marcelo Bonini, Marco Mizzi, María Cecilia Micetich, María Fernanda Alle, María Inés Laboranti, Mariana Catalin, Mariela Herrero, Marina Maggi, Mario Castells, Martín Prieto, Maximiliano Masuelli, Mercedes Gómez de la Cruz, Molly Moon, Mónica Bernabé, Nicolás Manzi, Nieves Battistoni, Nora Avaro, Osvaldo Aguirre, Pablo Bilsky, Pablo Makovsky, Pablo Serr, Paola Piacenza, Paula Galansky, Pauline Fondevila, Pau Turina, Pedro Cantini, Regina Cellino, Roberto Retamoso, Rocío Ahmad, Sandra Mendizaba, Santiago Hernández Aparicio, Sergio Cueto, Vanesa Condito, Verónica Laurino, Virginia Giacosa y Virginia Negri.


 

Anaclara Pugliese nació en Arroyo Seco en 1989. Estudió Letras en la Universidad Nacional de Rosario. Publicó La sombra de las nubes (Editorial Municipal de Rosario, 2017), Dos poemas (Ediciones Arroyo, 2019), Dos arcoíris & un desierto (La Vieja Sapa Cartonera, Santiago de Chile, 2019) y Megafauna (Mentazines, Rosario, 2019). Desde 2018 coordina un taller de poesía en la Unidad Penitenciaria Nº 5 de mujeres.

Ernesto Inouye nació en Rosario en 1984. Es profesor en Letras por la UNR. Prologó el libro Facundo Marull. Poesía reunida y formó parte del equipo de investigación y redacción de Archivo Mikielievich. Obras y colecciones, ambos títulos editados por la Editorial Municipal de Rosario. Tradujo y edito Las pampas, del viajero inglés E. F. Knight. Es coautor del libro de crónicas urbanas 40 esquinas de Rosario. Además de sus trabajos relacionados con las letras dicta clases de acordeón.

enero 2021 | Revista El Cocodrilo

 

FAHRENHEIT X, POR JUAN IGNACIO CHIA

Casi invariablemente, en las primeras páginas de cualquier volumen, como un dato más de los múltiples que conforman el universo paratextual, aparece una frase admonitoria, que dice en un tono más o menos críptico: “Queda hecho el depósito que marca la ley de propiedad intelectual.” Ediciones más antiguas, mayormente transoceánicas, prefieren apelar a la conciencia moral del portador y se embanderan en un axioma tan incontrovertible como idílico: “Libro es cultura.” De tal suerte, de todo lo que puede hacerse con un libro, antes que cualquier otra cosa, se enuncia lo que no puede hacerse con él: reproducirlo.

La reproducción como tabú en la era de la reproductibilidad técnica. El portador del libro, en su libérrima voluntad, criminal racional, munido con todas las herramientas que pone a su alcance la proliferación de medios de replicación digital, es quien puede sacar de sus goznes a la industria editorial en su conjunto, sembrando el hambre entre todos los componentes implicados en la cadena de elaboración y circulación del producto-libro. El portador decide reproducir y propagar ese valioso producto de la cultura como un titán moderno desafiando a las aves del Cáucaso del copyright, violando el imperativo categórico kantiano: la máxima de sus acciones no servirá (no podrá servir) como principio de ninguna legislación universal. Sin embargo, no hay acto, por banal que este sea, que universalizado hasta el absurdo no sea capaz de actuar como desencadenante de una catástrofe.

El debate suscitado en el último tiempo en torno a la biblioteca inmaterial de libros digitales no es más que un revival coronavirósico de la cuestión de los derechos intelectuales, cuyos célebres hitos nacionales recientes sean acaso y con inverso signo la gesta poteliana y la defensa kodámica. La dogmática jurídica clásica sonríe satisfecha cuando enuncia que en los derechos intelectuales puede reconocerse una faceta moral, referida por caso al reconocimiento de la autoría y divulgación de una obra, y una dimensión material, que hace a la explotación de la obra en tanto objeto con valor económico. La sencillez de esta explicación, que se erige en eje de nuestra normatividad, encubre las múltiples dimensiones de este problema.

Por lo demás, en las grietas que se abren en la relación tensional en la que se colocan en una esquina del ring la circulación pirata de copias digitales no autorizadas, en cuyo germen se esgrime su habilidad latente para concretar el acceso efectivo a los bienes culturales, y en la otra los derechos económicos de autores, distribuidores y libreros, cabe una pregunta acerca de uno de los sentidos de esta biblioteca imposible. Alan Pauls (2012) cuenta cómo Héctor Libertella, en su época como directivo de la editorial de la Universidad Nacional Autónoma de México, llega a tener en su depósito casi nueve millones de libros y “descubre hasta qué punto un exceso de industria no enardece al mercado sino que lo abole, lo suplanta por un archivo, una suerte de stock infinitivo e inmóvil, un museo para nadie” (p. 170). Abolir al mercado por saturación, por sobreabundancia, hacerlo crujir poblándolo de un número determinado, pero siempre creciente, de objetos parece ser una de las respuestas posibles.

Sin embargo, los destinatarios de esta oferta aluvional parecen ser al menos aquellos que cuentan con las herramientas tecnológicas para tener acceso a ella, beneficiados en la medida en que le son asequibles sin límites y para acumular con angurria todos los frutos de la cultura. Ellos son gravados, sin embargo, por el imperativo de autosuperación personal que ello trae ínsito y que es condición necesaria para toda autooptimización y toda autoexplotación, lo que parece distar irremisiblemente de toda utopía abolicionista y aproximarse antes bien a una meritocracia del conocer: contando con el tiempo y con los recursos, toda excusa es risible. En este estado de servidumbre voluntaria, “las cosas contienen ritmo antes que opresión, y transmiten su ritmo al instrumento humano; no sólo a su cuerpo sino también a su mente, e incluso a su alma” (Marcuse, 1981, p. 63). Ya en los días de la vieja normalidad, que no por pasados fueron mejores, ya en estas horas de excepción, y, más allá de toda duda, en lo que sea que resulte ser el nuevo signo de lo cotidiano, la premisa ha sido, es y no podrá ser otra que mantener el ritmo.

Imagen: Eloy Santillán

Si en este punto, otra vez con Marcuse, somos puestos en el trance de asumir que “los productos adoctrinan y manipulan”, promoviendo una falsa conciencia inmune a su falsedad, si el ocio existe, pero no es tiempo libre en la medida en que no es un tiempo de libre disposición, sino que está sujeto a las reglas de la prudencia administrativa de los negocios y la política, es válido preguntarse cuál es la actitud rehumanizante que ha de adoptarse. Las prácticas de consumo cultural encuentran su sentido en la deriva de la construcción identitaria individual y colectiva, en las que los espacios de autonomía no en pocas oportunidades se ven limitados por el seguimiento de conductas consideradas razonables, que a fin de cuentas quizá no hagan más que “alimentar un aparato de producción sin modificarlo” (Benjamin, 2019, p. 110). Quizá quepa encontrar en la descarga y acumulación de materiales digitales los rasgos de una práctica subcultural que no tiende a subvertir los valores dominantes, sino que, por el contrario, los reproduce de forma desmesurada y caricaturesca.

Consonante con ello parece ser una de las interpretaciones sobre el sujeto en estado actual de la sociedad, que nos pone en presencia de un nuevo tipo antropológico, cuya formación psicológica se caracterizaría ya no por la represión, sino por “la gratificación sustituta inmediata proporcionada por la cultura de masas, no la posesividad, anal, sino la prontitud consumista de tratar a todos los objetos como fungibles y desechables” (Buck-Morss, 2011, p. 415). Se trate del objeto cultural del que se trate, este asume las características estructurales de la mercancía, volviéndose un fetiche, un objeto pasible de ser consumido como los de cualquier otro tipo, poseyéndolos, acumulándolos, subyugándolos a la lógica inclemente del número. De tal suerte, la estructura de las mercancías, la cual converge y coincide con la de la dominación, actúa “duplicando la estructura social y permitiendo la continuidad de la estructura” (Buck-Mors, 2011, p. 436). En las prácticas con las que creíamos estar negando las reglas del mercado no subyace más que su continuación por otros medios.

Helmuth Plessner, en su Conditio humana, dice que “uno debe extrañarse de la zona de familiaridad para poder volver a verla”. Es precisamente por ello que quizá el modo de abordar jurídicamente esta cuestión no sea cayendo en regulaciones prohibicionistas contrarias al espíritu de los tiempos y absurdas por impracticables, sino en ser capaces de ver aquello que acontece en la realidad social, compuesta de prácticas no exentas de ser revisadas, de lo que han de dar cuenta normas que describan y le den sentido a esa nueva realidad, para que el derecho juegue un rol humanizante en la reconfiguración de las modos de producción y circulación de las obras. En ello tal vez quepa reconsiderar el tótem de los derechos intelectuales y el tabú de la reproducción, para que los despliegues de la economía y los avances de las lógicas mercatorias no sustraigan del arte ese carácter de “reserva natural en la que uno puede dejarse ir”, tal como dice Adorno, “en la que uno puede permitirse sentir realmente algo”, como espacio en el que todavía podemos comportarnos afectivamente.

Al analizar el ciclo de rebeliones desencadenado a fines de la primera década de este siglo, Paul Preciado (2019) escribe: “Dicen copyright. Decimos código abierto y programación estado beta: incompleta, imperfecta, procesual, colectivamente construida, relacional” (p. 41). 

De lo contrario, quizá no estemos tan lejos de enterarnos a qué temperatura arde un PDF.

 

Trabajos citados

ADORNO, Th. W. (2013). Estética (1958/59). Buenos Aires: Las Cuarenta.

BENJAMIN, W. (2019). El artista como productor. En Iluminaciones. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Taurus.

BUCK-MORSS, S. (2011). Origen de la dialéctica negativa. Buenos Aires: Eterna Cadencia Editora.

MARCUSE, H. (1981). El hombre unidimensional. Barcelona: Editorial Planeta.

PAULS, A. (2012). El arte de vivir en arte. En Temas lentos. Santiago de Chile: Ediciones Universidad Diego Portales.

PLESSNER, H. (1980). Bd. VIII: Conditio humana. En Gesammelte Schriften (pág. 92 ss.). Frankfurt.

PRECIADO, P. B. (2019). Decimos revolución. En Un apartamento en Urano. Crónicas del cruce. Barcelona: Anagrama.

 

Juan Ignacio Chia nació en Rosario en 1991. Es abogado y se dedica a la docencia y la investigación en temas relacionados con el arte y la filosofía del derecho (CIFJFS-UNR). Actualmente trabaja en su tesis de doctorado (Universität Kiel) en el ámbito del Derecho del Arte. Se desempeña como profesor de alemán, organizando además encuentros y talleres de lectura, conferencias y eventos. Escribe, traduce, fotografía y dibuja.

 

Imagen: Eloy Santillán

junio 2020 | Revista El Cocodrilo

ARTE VIRAL Y TRAMA JURÍDICA*, POR JUAN IGNACIO CHIA

 

“La enfermedad es el lado nocturno de la vida, una ciudadanía más cara. A todos, al nacer, nos otorgan una doble ciudadanía, la del reino de los sanos y la del reino de los enfermos. Y aunque preferimos usar el pasaporte bueno, tarde o temprano cada uno de nosotros se ve obligado a identificarse, al menos por un tiempo, como ciudadano de aquel otro lugar.” Esta frase inaugura una obra ya clásica de Sontag (SONTAG, 2008). La inseguridad ontológica que trae consigo, en el actual contexto, el virus SARS-CoV-2 se traduce en una crisis de sentido que reconfigura interpretaciones ya cristalizadas, y nos coloca en el trance constante de que nuestra precaria ciudadanía en el reino de los sanos sea de un momento a otro revocada. La metáfora de la ciudanía es tan elocuente como precisa. Esta categoría político-jurídica cumple una función clasificante y cualificante, en tanto permite llevar a cabo una gradación, de acuerdo con la situación en la que se encuentre el sujeto en la trama compleja de las vulnerabilidades tejida por los despliegues de la economía capitalista y los avances deshumanizantes de la tecnología.

La noción foucaultiana de biopolítica permite establecer una historización de las relaciones que el poder entabla con el cuerpo en la modernidad, es decir, los modos en que los mecanismos de poder se extienden en el territorio hasta penetrar en el cuerpo individual. Es en este tránsito epocal de tecnologías biopolíticas en el que puede afirmarse que la “gestión política de la Covid-19 como forma de administración de la vida y de la muerte dibuja los contornos de una nueva subjetividad” (PRECIADO, 2020).

Quince siglos transcurrieron desde la plaga de Justiniano, la primera epidemia sobre la que se tenga registro, y desde entonces la peste, la viruela, el cólera, la influenza, la polio, el sarampión, la malaria y el tifus fueron, a su turno y por periodos más o menos extensos, moldeando la economía, la religión, la lengua, la educación, la filosofía, la ciencia, la técnica y el arte, y las concepciones del mundo en general, merced a desplazamientos demográficos y pese a las formas de control de gobierno de los cuerpos en los lugares que asolaron. Es dable pensar que “la historia no sólo es escrita por hombres, sino también por microbios” (KOLBERT, 2020), y que, en este límite siempre impreciso entre las distribuciones producidas por la naturaleza y las influencias difusas de seres indeterminados o indeterminables, el azar juega en todos los casos un rol que no puede ser fácilmente soslayado. La enfermedad o su amenaza ejerce, de tal suerte, su influjo sobre otras esferas del quehacer humano, y las modifica. Resta precisar su impacto a partir de los especiales requerimientos de justicia que se presentan en el Derecho del Arte, una rama jurídica de surgimiento reciente, que atiende a la problemática específica del Arte, incluyendo las condiciones particulares de los artistas, sus obras y la sociedad en relación con ellas; sobre todo en consideración del acceso a las producciones culturales como manifestación concreta del derecho a la belleza.[1]

El descalabro ontológico (OLIVERAS, 2018) que pone en crisis (JIMÉNEZ, 2002) a la noción tradicional de obra de arte postvanguardias se presenta como un campo fecundo para que el virus se incube. La emancipación de la obra del soporte material tradicional trae como consecuencia la posibilidad de reproducirla técnicamente  (IBARLUCÍA, 2014) de manera ilimitada. Esto implica que ya no es necesario estar físicamente frente a una obra que es única. Por caso, podríamos decir que no sólo tenemos una Gioconda en Louvre, sino que la más célebre obra de Leonardo es ahora llaveros, remeras, postales, encendedores, rompecabezas, y un largo etcétera tan inabarcable como el universo de los objetos de consumo. Asimismo, las obras de arte contemporáneo se presentan como propuestas conceptuales, cuyo significado no es fácilmente comprensible de suyo, dejando por momentos una sensación de desconcierto, e incluso lo hacen, en la medida en que dan lugar a dinámicas de participación del espectador en el proceso creativo. Un ejemplo ya analizado (OLIVERAS, 2016) de ello es la instalación interactiva de Ricardo Basbaum, presentada en documenta 12, una de las exposiciones de arte contemporáneo de mayor importancia que tiene lugar en Kassel, cuyo título es más que sugerente: ¿Te gustaría participar en una experiencia artística? Todo ello se da en el marco del surgimiento, en el lapso de las últimas décadas, de una “industria del arte a escala mundial” (FLECK, 2014), tal como la caracteriza Fleck retomando irónicamente el concepto de industria cultural de Horkheimer y Adorno, y por mor del cual el arte ya no se opondría a la industria cultural, sino que significaría su intensificación. De tal modo, el reparto artístico ha variado radicalmente en su estructura, la cual demuestra su capacidad de transformación, adaptación y supervivencia en tiempos de pandemia.

Fuimos testigos en los últimos meses, desde la aparición y transmisión del SARS-CoV-2 en Asia, su propagación en Europa y su arribo desfasado a territorio latinoamericano, de diferentes estrategias adoptadas por los distintos países que dan cuenta de “dos tipos de tecnologías biopolíticas” (PRECIADO, 2020) y biojurídicas lato sensu: técnicas de biovigilancia y confinamiento domiciliario. Mientras el primer modelo fue adoptado por Corea del Sur, Taiwán, Singapur, Hong-Kong, Japón e Israel, el segundo modelo es el que rige en los países europeos y también en el territorio de nuestro país desde el decreto N° 297/2020, que establece el aislamiento social preventivo y obligatorio. A raíz de este segundo tipo de tecnología biopolítica y biojurídica surgieron una multiplicidad de mecanismos de ajuste a las restricciones impuestas, los cuales fueron llevados a la práctica por los diferentes actores de la industria del arte. Museos públicos compartieron visitas guiadas por su colección, galerías de arte privadas implementaron o reforzaron sus mecanismos digitales de exhibición y venta, bibliotecas nacionales y universitarias dieron acceso libre a sus colecciones, de igual modo que algunas editoriales de envergadura variable y sitios webs para descarga de documentos en formato iPaper liberaron parte de su catálogo permitiendo la descarga gratuita por tiempo limitado, organismos educativos nacionales e internacionales dispusieron aulas virtuales para cursos, seminarios y charlas de proteico tenor, filarmónicas e instituciones musicales dieron acceso vía retransmisión en directo a sus conciertos, múltiples plataformas de streaming audiovisual –usualmente pagas– brindaron las más variadas ofertas de abono y prueba por tiempo limitado, a la vez que músicos y artistas plásticos siguieron en contacto regular con su público mediante transmisión live a sus seguidores en redes sociales. La reproducción técnica de obras inmateriales tendientes más al esparcimiento y a la evasión que a la revelación de una verdad trascendental, y las dinámicas de interacción y participación entre los artistas con su público parecen haberse propagado con la misma velocidad que el virus. Viralizarse ya forma parte del acervo de la lengua y significa “adquirir carácter de conocimiento masivo un proceso informático de difusión de información.” En épocas del virus, a raíz del virus, el arte se volvió viral.

Ante las restricciones para la circulación de personas y cosas que afectan los mecanismos regulares de la globalización, la emancipación de la obra de su soporte material tradicional ha jugado un rol determinante en el acceso a los bienes de la industria artística. En esta “prisión blanda” en que el “domicilio personal se ha convertido en el centro de la economía del teleconsumo y la teleproducción” (PRECIADO, 2020), el sujeto produce y consume sin solución de continuidad. En la lógica mercatoria del arte, el espectador-consumidor de la obra se vale del carácter de entretenimiento que la industria del arte detenta para un público relativamente masivo. El arte se presenta, entre jornada y jornada, como un aliciente para seguir produciendo. El espectador-consumidor es beneficiado en la medida en que accede a la fuente inagotable de todos los frutos de la cultura, pero es gravado en la medida en que este acceso resulta a la vez un imperativo de autosuperación personal. Así, “la represión a cargo de otros deja paso a la depresión, la explotación por otros deja paso a la autoexplotación voluntaria y a la autooptimización. En la sociedad del rendimiento uno guerrea sobre todo contra sí mismo” (HAN, 2020). Es probable que resulte sobreabundante poner de manifiesto que esta oferta aluvional de bienes culturales se dirige a un grupo social que cuenta con las herramientas tecnológicas para acceder a ellos, al margen de toda apreciación orientada a cuestionar quiénes son los verdaderos destinatarios de esa oferta.

Al estupor generado por el rápido avance de la propagación del virus y la inadecuación de las políticas sanitarias, migratorias, económicas y artísticas, le siguió un breve momento de desconcierto antes de que comenzara a primar el orden. A la ejemplaridad de los primeros días le sucedió un plan en el que no parecieron variar mayormente los conductores y los criterios de reparto. El virus transforma, pero no hace la revolución, y más allá de la vigencia de la democracia y del paradigma de derechos humanos, parecen prevalecer en esta tensión todavía los fines de la economía y el mercado.

La trama jurídica lógica que tiende a captar repartos artísticos proyectados no ha sufrido variaciones, ni en el plano de lo individual ni como ordenamiento. No podría precisarse si esta falta de variación responde a la plasticidad del régimen normativo vigente o a una desidia indiferente. Resulta sintomático que ninguno de los instrumentos normativos de emergencia contemple la situación del artista, de la obra ni la relación de otros actores y el público con ambos. A lo sumo, una esfera pauperizada de artistas y gestores culturales formará parte, más por decantación que por derecho propio, del sector social a reglamentar en normas que prevean asignaciones de la seguridad social. Por otro lado, las instituciones culturales permanecen con sus puertas cerradas sine die, delegando sus facultades en el ámbito engañosamente omnicomprensivo de internet.

El desafío, antes como ahora, es construir respuestas jurídicas humanistas en un contexto deshumanizante, ampliar la carta de ciudadanía en el mundo del arte, a fines de que el mercado y el consumo no sean los que trazan la frontera entre los incluidos y los excluidos, asumiendo solapadamente el rol del censor. Quizá quepa rescatar cierto sentido de democratización del arte y volver a apelar a su no comercialidad, para que la obra recupere, al menos en parte, su contenido de verdad, y tanto los artistas como los espectadores sean, a la luz del derecho del arte, fines y no medios. El carácter inmaterial de la obra y la posibilidad de su replicación en apariencia ilimitada no pueden traer implícito el empalidecimiento del artista ni ser razón suficiente para dar por implícitamente garantizado el acceso universal a los bienes artísticos que se crean en el seno de una cultura. “Nuestra tercera naturaleza artificial demanda una conciencia nueva, al mismo tiempo que suscita un nuevo conjunto de relaciones de dominación y sumisión –dice Preciado, y continúa–. Cada generación necesita inventar su propia ética con respecto a sus tecnologías de producción de subjetividad, y si no lo hace, nos advertía Hannah Arendt, corre el riesgo del totalitarismo; no por malicia, si no por simple estupidez” (PRECIADO, 2019). El panorama estético contemporáneo plantea ante todo un desafío ético en el cual el derecho tiene un rol humanizante por jugar.

 

(*)Documento de trabajo para una reunión virtual conjunta de las áreas de Derecho de la Salud, Derecho de la Ciencia y la Técnica, Derecho del Arte y Teoría General del Derecho del CIFJFS-UNR.

[1] Existe ya un precedente jurisprudencial rosarino: “Castagnino, Enrique c/ Municipalidad de Rosario s/ Revocación de donación”, dictado por la Sala III de la Cámara Civil y Comercial de Rosario, el 06/07/2004, publicado en “Zeus”, t. 96, pág. J-278 y ss.

 

Referencias bibliográficas

CIURO CALDANI, M. Á. (2019). Una teoría trialista del mundo jurídico. Rosario: FderEdita.

FLECK, R. (2014). El sistema del arte en el siglo XXI: museos, artistas, coleccionistas, galerías. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Mardulce.

HAN, B.-C. (22 de marzo de 2020). La emergencia viral y el mundo de mañana. Obtenido de El País.

IBARLUCÍA, R. (2014). La autonomía del arte en Benjamin y Heidegger: a propósito de la interpretación de Burkhardt Linder. Revista Latinoamericana de Filosofía, Vol. XL, N° 2, 219-239.

JIMÉNEZ, J. (2002). Teoría del arte. Madrid: Tecnos.

KOLBERT, E. (30 de marzo de 2020). Pandemics and the Shape of Human History. Obtenido de The New Yorker.

OLIVERAS, E. (2016). El nuevo espectador. En E. OLIVERAS, Cuestiones de arte contemporáneo: hacia un nuevo espectador en el siglo XXI (pág. 134 y ss.). Buenos Aires: Emecé.

OLIVERAS, E. (2018). Estética. La cuestión del arte. Buenos Aires: Emecé.

PRECIADO, P. B. (2019). Candy Crush o la adicción en la era de la telecomunicación. En Un apartamento en Urano. Crónicas del cruce (pág. 78). Barcelona: Anagrama.

PRECIADO, P. B. (28 de marzo de 2020). Aprendiendo del virus. Obtenido de El País.

SONTAG, S. (2008). La enfermedad y sus metáforas: el sida y sus metáforas. Debolsillo.

 

Juan Ignacio Chia nació en Rosario en 1991. Es abogado y se dedica a la docencia y la investigación en temas relacionados con el arte y la filosofía del derecho (CIFJFS-UNR). Actualmente trabaja en su tesis de doctorado (Universität Kiel) en el ámbito del Derecho del Arte. Se desempeña como profesor de alemán, organizando además encuentros y talleres de lectura, conferencias y eventos. Escribe, traduce, fotografía y dibuja.

Imagen: Anaclara Pugliese

mayo 2020 | Revista El Cocodrilo


CRÓNICAS


2019: GRAFOLOGÍA LITERARIA

Por Anaclara Pugliese y Ernesto Inouye

En todas las computadoras del mundo hay archivos con listas de películas, series y libros por leer. Y a fin de año esas listas se multiplican, en agendas, papelitos, celulares llenos de actividades nuevas, escritas con el entusiasmo por un ciclo que nace y convoca, liso y brillante como una gran pista de patinaje. Invitamos a 62 docentes, estudiantes y graduadxs de la Escuela de Letras a que recomienden hasta tres títulos editados en 2019, no tanto para despedir el año que se fue ni generar balances sino para crear listas nuevas para el 2020. 

La idea era muy sencilla: crear un Excel, poner a cada título un número de recomendaciones y armar una lista vertical, un ranking de libros. Pero además de trabajar con números nos interesaba ilustrar cómo se podían reunir lectorxs dispares alrededor de un mismo libro, cómo dos libros podían quedar unidos por lxs mismxs lectorxs y qué lectorxs iban a ser esos navegantes solitarixs, indiferentes a las tendencias, flotando por fuera de la gravedad. En el caso de los libros con más recomendaciones, la pregunta era… ¿al lado de qué otros libros puede estar ubicado el mismo título en las distintas bibliotecas? ¿Cuántas vidas distintas puede vivir? 
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HABLAR CON EXTRATERRESTRES, POR BERNARDO ORGE

Según cuenta Diego Bigongiari en la Guía Pirelli[i] de 1995, Monsieur Bouchon llegó a la Argentina en 1950 con 8 toneladas de equipaje. Tras recorrer casi todo el país y enamorarse de él, en 1959 se estableció en el valle cordobés de Traslasierra, cerca de Nono. Diez años después había reubicado su colección en ese lugar y abría las puertas de un museo, el Rocsen. “Todo el hombre para todos los hombres”, decía, abierto los 365 días del año en horario corrido. •

Yo tenía veinte años y estaba varado en Ciudad Bolívar, Venezuela, sin nada de plata. Mis amigos algunos se habían dispersado por el camino y otros, más astutos, ya estaban de vuelta en Rosario. Ese viaje, después de hitos como la construcción de una balsa bajo la premisa Lito lo cantó y nosotros lo hicimos, ya no era más que la prolongación del impulso original. Me había dado cuenta de eso no hacía mucho en la terminal de Maicao, un bloque de hormigón echado en el desierto de la Guajira como una solitaria pieza de tetris. Mientras esperábamos un coche por puesto un artesano cordobés repetía una y otra vez lo mismo: no sé para qué arranqué, no sé para qué arranqué… •

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