HISTORIA LOCAL Y ADULTOS MAYORES

Pequeña crónica de una experiencia. Historia local y adultos mayores

Por Alicia Divinzenso y Gisela Galassi

En La Vejez (1970) Simone de Beauvoir –mucho antes que las políticas públicas se detuvieran en la problemática– explora de manera cruda y áspera los avatares y dilemas del proceso de envejecimiento y repasa los discursos históricos construidos al respecto. Esta obra critica la actitud de la sociedad capitalista hacia los ancianos y proyecta la temática como un dispositivo a trabajar, como un elemento de “justicia social”.

El Programa Universidad Abierta para Adultos Mayores de la Universidad Nacional de Rosario (ProUAPAM) consiste en el dictado de cursos, talleres y otras actividades educativas y culturales, destinadas a la población caracterizada como adultos mayores. En este sentido, la Universidad delineó un plan educativo que contemplase las diferentes necesidades y capacidades de un sector etario que demandaba un espacio en las políticas públicas de la Educación Superior; un espacio donde desarrollar sus intereses y conocimientos, profundizando los ya adquiridos e incorporando nuevos.

Desde el año 2016, dictamos un curso sobre historia regional y local en la sede San Lorenzo. En base los objetivos del programa, diseñamos un recorrido que se ajustase a nuestra propia formación y experiencia en la docencia universitaria y que pudiera ser de interés para la población sanlorencina: la historia de San Lorenzo y su región durante los siglos XIX y XX. Así, recostado en las líneas directrices de la Historia Social, el curso intentó comprender la problemática de la Historia Regional y local. Dejamos de lado una mirada parroquial o simple de los acontecimientos y pensamos la definición de región atravesada por explicaciones analíticas más complejas, que van más allá de los límites políticos administrativos para estudiar esta región en su propia especificidad histórica. Al mismo tiempo, propusimos un acercamiento que liga lo local/regional con un marco explicativo de alcance nacional.

Con estas expectativas, el curso abordó un arco temporal amplio: desde el asentamiento de los primeros núcleos poblacionales hasta el impacto de la crisis de los años 90, e incorporamos núcleos temáticos que permitieran pensar la vida de los sujetos en una multiplicidad de aspectos: la política, las redes y espacios de sociabilidad, el mundo del trabajo, el consumo, los afectos y sentimientos, en fin, el impacto de los procesos de cambio histórico en la vida cotidiana. La meta, entonces, no fue analizar San Lorenzo, sino sobre todo estudiar determinados problemas en este espacio, con un lenguaje y una perspectiva tales que la transposición del objeto implicara una verdadera traducción, la superación del ámbito identitario. Esta perspectiva historiográfica permitió relacionar a los individuos y los grupos con las estructuras y los procesos sociales, sin apartarse de la teoría y el análisis contextual.

La idea consistía en acercar a los estudiantes a la historia de su región a través de estrategias dinámicas y novedosas que los interpelasen de forma directa, en dos sentidos: por un lado, buscamos dotar a los adultos mayores de herramientas teórico-metodológicas que les permitiesen analizar e interpretar en clave historiográfica algunos materiales que conocían o tenían en sus casas. Así, el cine, las fotografías, los relatos de familiares y vecinos, se convirtieron en fuentes para la investigación. Por otro lado, como los temas y problemas que trabajábamos se acercaban a la contemporaneidad, esto supuso un rol más activo por su parte: el hecho de trabajar sobre períodos históricos que en sus memorias estaban anclados como “historia efectivamente vivida” dotó de un dinamismo y un intenso debate a las clases y permitió complejizar los conocimientos de los alumnos y las docentes.

Precisamente, una característica de este curso es la íntima vinculación de todos sus integrantes con el tema elegido hasta llegar a una identificación que resulta natural, si tenemos en cuenta que tanto los alumnos, como las docentes, son originarios de la región cuya historia se intentó comprender. Así, el “yo me acuerdo….yo viví….” son frases omnipresentes que se desplegaron en cada una de las clases donde se colaron los relatos de las experiencias. Esta identificación personal y a veces “sentimental” con los “hechos” ocurridos en San Lorenzo y su región puede llegar a distorsionar la explicación de alguno de ellos, en especial de aquellos que pertenecen a vivencias de los alumnos, y de los que han sido espectadores de primera mano. Allí es donde la labor docente propuso una articulación dialógica entre la singular discursividad de la Historia Local, sus conceptos y definiciones y el rescate de las autobiografías o historias de vida. Sus propias vidas narradas, recreadas, ofreciendo a veces inciertas densidades, configuraciones menos totalizantes y más críticas.

Sin dudas, la experiencia docente con adultos mayores fue diferente de otras situaciones aúlicas. Implicó que ambas partes del “escritorio” debiéramos derribar prejuicios, la diferencia etaria fue paulatinamente dejando de ser un obstáculo y el intercambio de saberes y experiencias posibilitó la construcción del vínculo docente/estudiante. También, en el transcurso de las clases, los estudiantes fueron adquiriendo conocimientos y herramientas que les permitieron cuestionar la historia enciclopédica que habían recibido, detectar problemas y debates (sin que ello fuera un “problema”) e incluso tensionar sus propias memorias individuales. En todo caso, el intercambio que se daba en el aula suponía un contrato tácito donde muchas veces ellos “sabían más”, por sus propias trayectorias de vida, y nosotras aportábamos desde la formación disciplinar categorías, conceptos y conocimientos sobre distintos procesos históricos que podían transformar la “anécdota” en un disparador de problemas.

Simone de Beauvoir nos invita a cambiar las representaciones estereotipadas, subvertir los ideales de belleza y juventud a través de una restitución material y simbólica. El curso es un pequeño grano de arena en este sentido, es un espacio feliz, un territorio compartido horizontalmente, entre hombres y mujeres de distintas generaciones.