VIGILIA, POR MARA LUQUE

Nos reímos a carcajadas mientras masticamos algo de tierra. Son las 3:30 am y parece que se avecina tormenta. Acostada, observo cómo se agolpan nubes rojizas en el cielo.
Las copas de los árboles de calle Santa Fe nunca me parecieron tan imponentes como hoy. No es solamente por el juego de luces y sombras producto de la iluminación de la plaza, es por la sonoridad con la que responden a tanto viento.
Las imágenes de la pantalla nos llegan de costado, un poco deformadas, pero escuchamos perfectamente el audio del debate mixturado con el rugido de las hojas. Una y otra vez, con brevísimos intervalos de algo superador, reiteran las mismas frases hechas, regresan a los mismos lugares comunes. Atrasan siglos.
Mi cabeza por momentos entra en pausa, por efecto del cansancio y de la posición del cuerpo. Pero entonces me despabilan los aplausos ante alguna intervención que tuvo la enorme gentileza de no comparar nuestros cuerpos con electrodomésticos, que no mencionó a Dios o que, excepcionalmente, entendió que lo único realmente válido es el deseo. Nuestro deseo.
Quedan unas horas para la votación. Una amiga responde pacientemente cada vez que le pregunto cuánto falta. Estaba con ella en 2018 cuando conseguimos la media sanción en diputades, pero no encuentro ninguna otra coincidencia.
En esta ocasión, a muches docentes de la provincia de Santa Fe el debate nos encuentra acompañades, organizades. En agosto conformamos nuestra regional de la Red de Docentes por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Pocos meses después, estamos acampando en esta vigilia. Cuelgan pañuelos, remeras pintadas, nuestra bandera, y tengo por un momento la sensación de que estamos viviendo en comunidad en esta plaza desde siempre.
Nos nucleó un curso que dictó esta Red a nivel nacional por el canal de YouTube de la Campaña, pero también la necesidad de una docencia más militante. Mucho se ha dicho siempre sobre la tarea docente, en especial por parte de quienes jamás han ejercido la profesión. Ya sea en los medios de comunicación, en la cola del supermercado o desde el Ministerio de Educación, les licenciades en casi todo saben cómo tenemos que hacer nuestro trabajo y no se cansan de darnos indicaciones anodinas al respecto. Pero nadie me explicó jamás qué hacer cuando menores de edad tuvieran sus derechos vulnerados, su integridad física en riesgo. A eso me enfrenté sola, actuando con algunas certezas y un poco de improvisación. Afortunadamente pude dar con otres profesionales más organizades, pero siempre en un marco de informalidad que genera mucha inseguridad: el temor de recrudecer la vulneración de las personas involucradas nunca desaparece. 

Escucho a alguien asegurar que hasta las 9 am no va a llover. Pese a mis deseos, me obstino en descreer del servicio meteorológico. El viento alterna furia y calma. Furia, calma y tierra. Mi amiga me pregunta cuál es el plan si llueve. Le respondo que no hay plan, pero comienzo a diagramar en mi cabeza estrategias para resguardar las remeras que pintamos por la tarde.
Pienso en que nunca más me voy a encontrar sola en el rol docente. Que la ausencia e inoperancia del Estado recaigan en el tercer sector “es una trampa”, dirían les pibes; pero mientras la ausencia y la inoperancia sean la regla, la salida es colectiva y nuestra respuesta es la articulación federal. Por eso exigimos el tratamiento de la Ley Vanesa, por eso nos unimos hace un mes a la Red Regional por la ESI en Santa Fe, por eso exigimos el tratamiento de la Ley provincial de ESI en el Senado en sesiones extraordinarias, por eso exigimos Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Por eso ponemos el cuerpo en esta vigilia.
Una ráfaga repentina nos sacude y decido incorporarme. Miro alrededor y veo compas de todas las edades en la plaza. Me movilizan especialmente quienes están en la adolescencia.
Repongo las acciones que efectuamos en estos meses y reafirmo que es por acá. Queremos infancias y adolescencias libres. Queremos sacar al aborto de la clandestinidad pedagógica. Como agentes del Estado, tenemos la obligación de ser garantes de derechos. Como feministas, tenemos la convicción de que debemos luchar por todos aquellos derechos que nos fueron históricamente vedados a las mujeres y disidencias.
Vuelvo a acostarme. Sé que va a ser imposible que duerma algo, pero me aferro a la idea de que al menos así descanso un poco.
Al abrigo de los cuerpos en la plaza, se hace presente la compañera Vanesa Castillo, asesinada tras denunciar el abuso sexual de una estudiante embarazada.
Mi amiga me actualiza la hora estimada de finalización. Recuerdo una escena de la mañana del 10, cuando estaba llegando a la plaza, y me parece imposible que haya sido ayer. Han pasado tantas horas que se hace cada vez más difícil manejar la ansiedad. Nuevamente un discurso de odio. La plaza se enciende en chiflidos de indignación y abucheos.
Las copas de los árboles de calle Santa Fe nunca me parecieron tan imponentes como hoy. No es solamente una cuestión de perspectiva, es la resistencia con la que responden a tanto viento.
Compañera Vanesa Castillo, presente.

 

Mara Luque nació en Rosario en 1989. Es Profesora en Letras por la UNR y ejerce la docencia en nivel medio. Forma parte de la Regional Santa Fe de la Red Nacional de Docentes por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito.

 

diciembre 2020 | Revista El Cocodrilo

 

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