POR QUÉ EL MIEDO, POR CHECHU MUÑOZ

En la literatura, la idea del miedo está más relacionada con lo sobrenatural, por eso generalmente se lo vincula al género fantástico. En este sentido, el escritor Guy de Maupassant señalaba este sentimiento como condición del relato fantástico: se refería al temor que deviene de la inseguridad del lector frente al hecho sobrenatural. Tzvetan Todorov, en su libro Introducción a la literatura fantástica, expresa que, si bien el miedo se relaciona a menudo con lo fantástico, no es una condición necesaria del género.

Por otro lado, suele diferenciarse el terror del horror: el terror es algo que asusta pero que tiene una explicación racional mientras que el horror es el sentimiento de angustia ante lo inexplicable o lo sobrenatural. Por eso, yo prefiero hablar de “miedo”, sensación que puede estar en cualquier género. La literatura, como la vida misma, está llena de relatos horrorosos que provocan miedo.

El verano pasado volví definitivamente al género de terror, un género que sin dudas marcó mi formación como lectora y consecuentemente mi modo de mirar-pensar el mundo. Recuerdo el fervor con el que leía durante mi infancia Socorro o Queridos Monstruos, libros de la escritora Elsa Bornemann (Buenos Aires, 1952-2013), donde conocí los misterios de la muerte, la locura, la crueldad humana que no tiene límites.

Mi vuelta al género, casi tres décadas después, fue de la mano de dos escritores que ya me venían seduciendo con sus relatos desde hacía unos años: Mariana Enríquez (Buenos Aires, 1973) y Luciano Lamberti (San Francisco, Córdoba, 1978). Primero leí La masacre de Kruguer (Lamberti, 2019) y hasta el día de hoy me cuesta sacarme algunas imágenes de la cabeza, sobre todo cuando me quedo sola en la oscuridad y pienso en la locura y en todo el horror que puede desatar. Inmediatamente después, me adentré en el oscuro universo de Nuestra parte de noche (Enríquez, premio Herralde de novela 2019) donde estuve sumergida, con algunos altibajos, durante dos intensas semanas. Ambas novelas reanimaron, desde diferentes lugares, esa sensación tan placentera para mí: el miedo. Era enero del 2020 y estábamos con mi compañero en un pueblo costero ubicado al sur del partido de Villa Gesell, en una cabaña en el medio del bosque, con el sonido del mar de fondo permanente. No teníamos idea de que nos adentrábamos en un año terrorífico.

Ya en Rosario, a casi dos meses de esas lecturas, presenté mi primer libro de poemas,  Sola en el bosque (Ed. Azul Francia, 2020), e inmediatamente después la pandemia llegó para quedarse y con ella la virtualidad y el “tsunami” de vivos de Instagram, Facebook y YouTube. En mi entorno, la mayoría de las lecturas eran de poesía, género que afortunadamente comenzó a invadir las redes sociales, a la par que el coronavirus el mundo, y que para muchos actuó como tranquilizante durante esos primeros meses ante la incertidumbre y el miedo a ese virus desconocido. Entusiasmada con mi flamante libro y embelesada con las amables invitaciones a leer mis poemas, un domingo lluvioso de junio se me atravesó la idea del ciclo de lecturas de terror.

Quizá motivada por el debate generado por el concurso del Fondo Nacional de las Artes, que este año convocó a los géneros de Ciencia Ficción, Fantástico y Terror como protagonistas; quizá porque recordé el programa de televisión Cuentos de terror conducido por Alberto Laiseca (Rosario, 1941 – Buenos Aires, 2016), que yo miraba fascinada por el canal I.Sat cuando era adolescente y que ahora miro con mis estudiantes por YouTube luego de leer cuentos como “El corazón delator” de E. A. Poe o “La pata de mono” de W. W. Jacobs; o quizá simplemente porque creí necesario un espacio exclusivo para la lectura de relatos de terror que nos distrajeran por un rato del horror del mundo y del Covid-19, el jueves inmediatamente posterior a ese domingo de lluvia comencé con el ciclo “Vivos de miedo”, en Instagram.

A partir de esta necesidad de buscar otros miedos, ajenos o ficcionales, y de disfrutar de esa sensación de adrenalina, surgió ese ciclo de lectura de relatos de terror, aunque no estrictamente del género de terror. En un primer momento, las personas invitadas fueron amigas o conocidas del ámbito literario de la ciudad de Rosario, quienes no dudaron en participar de mis sesiones, como me gusta llamar a cada “vivo”. Luego, con la colaboración del director de teatro, escritor y periodista Mauro Yakimiuk, descubrí un mundo de personas también muy creativas y generosas que a su vez me fueron nombrando a otras y así hacia el infinito. Desde junio hasta ahora han pasado doce invitados e invitadas que leyeron cuentos propios o de otros autores y autoras y que abordaron diversas temáticas bajo una única consigna: que den miedo. Las sesiones tienen una frecuencia quincenal, son los jueves a las 22 h por Instagram y la dinámica de cada una consiste en una primera parte, en donde leo un texto elegido por mí, y una segunda parte, en donde lee el invitado o invitada. Luego, conversamos sobre las lecturas y también con el público.

Hay un famoso refrán que dice: “Hay que temerles más a los vivos que a los muertos”. En nuestra realidad cotidiana, el miedo suele estar más vinculado a temas como la violencia, la enfermedad, la soledad, la muerte, y parece tranquilizarnos la idea de que lo sobrenatural solo sucede en los libros o en las películas. Por eso, creo que algunos relatos de terror vienen a calmarnos, a distraernos de esos otros miedos más reales o tangibles. Sobre esto reflexiona el narrador de la novela Los pichiciegos (Fogwill, 1983): “Hay dos miedos: el miedo a algo, y el miedo al miedo, ese que siempre llevás y que nunca vas a poder sacarte desde el momento en que empezó”.

 

Cecilia “Chechu” Muñoz nació en la ciudad de Rosario el 23 de enero de 1983.  En 2010 se graduó de Profesora en Letras en la Universidad Nacional de Rosario. Desde entonces, se dedica a la docencia, tanto formal como no formal. Coordina talleres literarios para personas de todas las edades. En marzo de 2020 publicó Sola en el bosque (poesía), por la editorial Azul Francia. Desde junio, coordina el ciclo de lectura “Vivos de miedo”, jueves de por medio a las 22 h por Instagram.

 

noviembre 2020 | Revista El Cocodrilo

 

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