CARRERA DE LETRAS Y REALIDADES LABORALES: UNA ENCUESTA POR ADENTRO Y POR AFUERA

 

Ilustración: Ale Goma

Por Marcelo Bonini y Milena Bertolino

¡oh, no hay hierro bañado por una humana arteria,

que no devuelva en alma, lo que tomó en material!

“Elogio de la raíz”, Alfonsina Storni

 

La cosa está dotada ahora de alma propia y el alma del/de la trabajadorx, a su vez, quedó modificada por el trabajo con la cosa.

¿Cuál es el objeto de trabajo de quienes estudiaron Letras? ¿Cómo es su relación con ese objeto? Esta encuesta a graduadxs y desertorxs de la carrera es una muestra de algunos de los no infinitos, aunque sí variados, trabajos posibles.

A veces desarrollados con exclusividad, pero muchas veces combinados (“docencia y”, “corrección y”, “investigación y”); en condiciones materiales no pocas veces signadas por la “inestabilidad” o la precariedad del “changueo”; en ámbitos tan disímiles como un centro de estudios, una escuela o un juzgado. Estas son algunas resultantes de la negociación personal entre el deseo, el sustento, la realidad impuesta y lo imaginado. Negociación tensa, a veces más, a veces menos, pero que no deja indiferente y sin nada que decir a nuestrxs encuestadxs.

RESPUESTAS DE LXS GRADUADXS

  1. ¿Cuál es tu actividad profesional hoy?
  2. ¿Cúal fue tu recorrido previo?
  3. Una instantánea de tu día laboral.
  4. ¿Qué es lo que más y lo que menos te gusta de lo que hacés actualmente?

Soledad Recagno

  1. Soy correctora de textos. Actualmente trabajo en forma independiente.
  2. Hace 12 años que trabajo como correctora integral de textos. Antes de eso, me desempeñé como redactora en una agencia de publicidad. Luego, trabajé como correctora y editora en medios gráficos y digitales. También trabajé en prensa y como redactora en la Sala Lavardén (hoy Plataforma Lavardén).
  3. Además de correctora, soy docente, por lo tanto, mi día laboral va y viene entre estas dos actividades. Como correctora trabajo desde mi casa y coordino algunas reuniones con autores, en aquellos casos en que los autores son de Rosario, si no, me manejo vía mail o redes.
  4. Lo que hago es lo que me gusta desde siempre. Soñé con este trabajo desde chica. Me encanta. Lo que menos me gusta es tratar con la gente, lidiar con los tiempos de otros y, a veces, tener que justificar demasiado la importancia del trabajo que uno hace.

Aimé Peira

  1. Soy docente de Lengua y Literatura en el colegio Complejo Educativo Alberdi, y librera en Chicho y Babel, librería especializada en LIJ [Literatura Infantil y Juvenil].
  2. Mi primer trabajo, a los 20, fue en la recepción de un gimnasio, y al año comencé a dar clases en las tutorías académicas, un proyecto de clases de apoyo que administraba la Provincia con fondos de Nación. Así ingresé a la enseñanza pública y al poco tiempo ya cubría muchos reemplazos. Con mi primera designación a término, en 2014, pasé a otra escuela, de gestión privada. En 2012 ya había creado Chicho y Babel, que era una suerte de curaduría de libros para la infancia y actualmente es una librería pequeña pero consolidada.
  3. Tengo 21 horas docentes repartidas en las mañanas. Ingreso siempre 7.45 y salgo cerca del mediodía a buscar a mis hijas. Después de comer, acostar a la menor y acompañar a la mayor en alguna actividad o juego, vuelvo a trabajar unas tres o cuatro horas más. Mi librería está adelante de mi casa y conectada por dentro. Leo, reseño, contesto muchas consultas y hago todo lo relativo a cualquier librería con presencia en redes sociales. Dos tardes por semana abro fijo al público, y además coordino horarios especiales. Realizo ferias de libros en colegios e instituciones, aunque no hay ferias todos los meses.
  4. Disfruto de la docencia porque tengo jornadas cortas y cursos reducidos, lo que me permite pensar estrategias que creo más motivadoras que la simple lectura de un libro de textos. De la librería me gusta todo lo que hago, aunque a veces cuesta manejar la presión de trabajar “desde casa”. Necesitaría y desearía poder tener más horas para leer. En lo inmediato tengo varias lecturas pendientes, pero los tiempos que corren nos exigen, a muchos, cada vez más horas de trabajo para cubrir las necesidades familiares. Las épocas de ajuste sin duda son enemigas de quienes precisamos tiempo para el estudio y la reflexión para ejercer nuestras profesiones. Lo que más me gusta es estar cerca de los libros, la literatura y la educación. Disfruto compartir con otros/as lo que me apasiona. Sufro el tiempo que no alcanza y no pocas veces padezco que la docencia me quite tanto tiempo en mi hogar, con correcciones, planificaciones, y otras exigencias ministeriales de las que consideran al profesor un sujeto con un cargo bien pago.

María Belén Bernardi

  1. Soy docente de Lengua y Literatura en una escuela secundaria y becaria doctoral del CONICET.
  2. Me recibí de profesora en Letras hace cinco años, luego realicé ayudantías y adscripciones en la facultad. También formé (y formo) parte de centros de estudio e investigación relacionados con mi especialidad, lo cual incluye la participación en actividades académicas de diversa índole (congresos, cursos, proyectos, entre otros).
  3. En la escuela, además de dar clases, trabajo en conjunto con otros docentes para la realización de distintos proyectos institucionales. En la facultad, concurro al instituto aprobado como mi lugar de trabajo [Instituto de Estudios Críticos en Humanidades], donde desarrollo las tareas estipuladas en mi proyecto de investigación, asisto a reuniones con mis directores de tesis y colaboro con mis compañeros en la realización de distintas actividades académicas.
  4. Lo que más me gusta es la libertad creativa y la posibilidad de realizar aportes concretos al ámbito disciplinar y social. Lo que menos me gusta es que a veces se torna difícil hacer compatibles estos dos ámbitos institucionales, que se rigen por lógicas y por tiempos muy diferentes.

Lysia Bengochea Schmorantz

  1. Actualmente soy gerente académica del Instituto Argentina-Brasil de Idiomas, donde desde hace un año me desempeño también como profesora de español como lengua extranjera. Allí enseñamos español y preparamos a los alumnos para que rindan exámenes de certificación internacional de la lengua española, como SIELE y DELE.
  2. Este fue mi primer empleo, cuando estaba por recibirme me llamaron para dar clases.
  3. Lo que más me gusta es que cada vez me siento mejor siendo docente y enseñando lengua española. Lo peor es la no valorización de esta profesión.

Julia Sabena

  1. Soy editora (directora de Editorial Serapis), profesora adjunta de Literatura Española Medieval y del Renacimiento en la Facultad de Humanidades y Ciencias en la Universidad Autónoma de Entre Ríos e investigadora ahí mismo y en proyectos de la UNAM (México). Trabajo además en la Revista de Crítica Literaria Latinoamericana (Tufts, Boston).
  2. En relación a la edición, trabajé como colaboradora en la editorial Nueva Hélade, de Héctor Piccoli. Después fundamos con dos compañeras de Letras Editorial Serapis en 2005. En cuanto a la docencia, fui auxiliar docente y adscripta de la cátedra de Literatura Iberoamericana I de la Facultad de Humanidades y Artes de la UNR durante 8 años. Por último, la carrera de investigadora la desarrollé con becas de CONICET.
  3. Debido a la diversidad en las actividades, las jornadas laborales transcurren, por suerte, muy diversas también. Algunas consagradas a pleno a uno de los ámbitos y otras se dividen en estudio y preparación de clases, corrección de trabajos para la universidad, lectura de originales, preparación de proyectos, visitas a la imprenta, ferias y reuniones para la editorial.
  4. Lo que más me gusta es el trabajo con la editorial. Lo que menos me gusta es el trabajo de investigación.

Javier Rossanigo

  1. Trabajo como profesor en el Instituto de Formación Docente de la ciudad de San Luis. Doy las materias Teoría y Crítica Literaria II y Lectura y Escritura de Textos Literarios, que forman parte del Profesorado de Educación Secundaria en Lengua y Literatura.
  2. Previamente trabajé como docente de nivel secundario en la ciudad de Rosario.
  3. Mi día es como el de cualquier docente. Leer, preparar y dar clases, corregir y atender consultas. La particularidad de este trabajo es que se trata de un cargo de 30 horas distribuidas, por una parte, en horas frente a curso y, por otra, en horas de capacitación e investigación que generalmente se preparan en equipo con otrxs profes.
  4. Lo que más me gusta es poder trabajar con estudiantes mayores de edad que están formándose para ser docentes y lo que menos me gusta es que para hacerlo tuve que emigrar de Rosario ya que allí lleva más tiempo comenzar a dar clases en nivel superior.

Érica Brasca 

  1. Actualmente realizo varias actividades: reemplazos como docente en el área de Lengua y Literatura, proyectos de investigación para la edición de dos libros rosarinos (uno sobre la obra poética de Fausto Hernández y otro sobre el Archivo Mikielievich), clases particulares, diseño y encuadernación, transcripción y corrección de textos, y algunas traducciones (Ivan Rosado publicó recientemente una selección de microrrelatos de Daniil Jarms que traduje del ruso). Podría decirse que me dedico al “changueo en el campo profesional”.
  2. Creo que hubo tres instancias importantes en el recorrido previo pero inagotable de la formación. Por un lado los años como ayudante alumna de Análisis y Crítica I, cátedra en la que actualmente estoy desarrollando un proyecto de adscripción. Por otro lado la pasantía en la Editorial Municipal de Rosario, donde aprendí muchas cosas de la práctica profesional que no están contempladas en la formación universitaria. Y por último, el proceso de adquisición de la lengua rusa que comencé a la par de los primeros años de la carrera de Letras y continúa, fuera del marco institucional y como un recorrido más solitario que los anteriores.
  3. Mis días laborales son todos distintos y complejos de diferenciar de los días no laborales. Hoy fui a reemplazar a una escuela de 7.30 a 9.40, luego me fui a lo de un compañero de trabajo a revisar la introducción que escribimos para el libro sobre el Archivo Mikielievich. Almorcé en mi casa. Por la tarde terminé unas gráficas, entregué dos cuadernos y me fui a la clase de Análisis y Crítica.
  4. Lo que más me gusta es enfrentarme a un texto literario ya sea para preparar una clase, para corregir, para traducir, etc. Lo que menos me gusta (y hasta me frustra) es que ninguna de las actividades actuales se traduzca en estabilidad laboral o, al menos, ingresos dignos.

Florencia Castagnani

  1. Soy realizadora audiovisual y docente de realización audiovisual
  2. Me gradué en la Escuela Provincial de Cine y Televisión. Antes de eso estudié la carrera de Fotografía, que no terminé. Trabajé de moza. Si bien mi trabajo y lo que hago no tienen relación directa con la carrera, Letras me dejó una formación que, aunque no está del todo vinculada a la realización audiovisual, siento que me da una perspectiva diferente. También Letras me dejó, en lo personal, amigxs, compañerxs, pareja.
  3. Va cambiando, depende de las actividades del día… Por ejemplo, estar un día editando y al final no llegaste a ningún lado y no armaste nada.
  4. Más allá de que hay trabajos que me gustan más y otros menos, me encanta lo que hago: pensar, producir, rodar, editar. Lo que no me gusta es que es muy inestable y por momentos eso preocupa y angustia.

RESPUESTAS DE LXS NO GRADUADXS

  1. ¿Cuál es tu actividad profesional hoy? 
  2. ¿Cúal fue tu recorrido antes de ingresar a Letras?
  3. ¿Considerás que el paso por la institución y/o la carrera de Letras te dejó alguna huella relevante hoy en día?
  4. Una instantánea de tu día laboral.
  5. ¿Qué es lo que más y lo que menos te gusta de lo que hacés actualmente?

Matías Piccolo

  1. Soy empleado administrativo en el Poder Judicial de la Nación, y si bien no me dedico al Derecho, hay un trabajo diario de escribir ciertos pequeños textos, que por haberme formado en Letras me resulta sencillo de realizar.
  2. Estudié Arquitectura, unos tres años.
  3. Sin duda. Primero por el ambiente universitario en general, pero específicamente porque en la carrera me habitué a leer cosas que no tenían ni tienen porqué gustarme, ni tampoco interesarme demasiado, pero con el fin de estudiar y dar cuenta se me hizo un hábito que al día de hoy mantengo y valoro.
  4. /5. Si esto se refiere al trabajo, escribir informes, providencias, decretos… todo mínimo y mecánico. Llenar bases de datos resulta una monotonía que puede ser llevadera, pero a la larga te marchita. Por otro lado, hay cosas que me gustaría hacer pero que a la fecha no están a mi alcance realizar (¡debería ser abogado!), aunque la carrera de Letras nos haya dado, estoy seguro, unas herramientas más serias y útiles que aquellas con las que cuentan los egresados en Derecho para comprender y producir textos.

Diego Giordano

  1. Soy el coordinador de las ediciones discográficas de la Editorial Municipal de Rosario y periodista free lance. En 2013, la editorial Yo soy Gilda publicó mi libro Inédito, una investigación sobre el rock subterráneo de Rosario en los años 80. En este momento estoy terminando de escribir mi segundo libro, Uniendo fisuras, que la editorial Vademécum publicará antes de fin de año.
  2. Estudié un año en la Facultad de Derecho mientras trabajaba como productor en algunos programas de radio. Integré, además, varios grupos de rock.
  3. Sí, a pesar de que solo me faltó rendir un seminario y escribir mi tesina para recibirme. Pero aprendí muchísimo y tuve la suerte de cursar con docentes de alto nivel, como María Teresa Gramuglio, Aldo Oliva y Enrique Foffani. Y me siento orgulloso de haber sido uno de los fundadores de RIEL (revista de investigaciones y estudios literarios).
  4. Sentado en mi escritorio con un café y una pila de discos hechos en Rosario por escuchar.
  5. Lo único que no me gusta es levantarme temprano. Escuchar la música que se produce en la ciudad, estar en contacto con los y las artistas locales, y compartir un espacio de trabajo con gente muy despierta es más de lo que podría pedir.

Mario Castells

  1. No sé si tengo una actividad profesional. No vivo ni como escritor ni tengo vínculos rentados con el mundo académico. Sin embargo, hago muchas cosas, organizo eventos, escribo textos de investigación, dicto talleres y seminarios de literatura, etc. Todo perfectamente de manera amateur. No sé si la palabra explica bien lo que quiero decir. Soy escritor, tengo ocho libros editados, muchos artículos en revistas sobre literatura, cine, política, etc. Formo parte del Grupo de Estudios Sociales sobre Paraguay (GESP) que está integrado al IEALC, de la Facultad de Sociales de la UBA. Organizamos talleres, congresos literarios, un festival de cine este año. Dirijo con mi querido amigo Abel Franzen el pequeño sello editorial Cachorro de luna.
  2. Desde niño me gustaron la literatura y la historia; en el secundario era muy bueno en ambas materias; muy malo en matemáticas, que era mi némesis. Estudié Letras porque ya era grande cuando entré a la carrera. Tenía 26 años cuando definitivamente me decidí tomarme en serio la necesidad de continuar estudiando. Por razones personales, viví casi diez años de mi vida en el Paraguay, en el campo paraguayo, en casa de mi abuela, ahí donde acontece mi nouvelle El mosto y la queresa. Solo venía un tiempo, trabajaba, juntaba plata y me volvía a ir. Creo que fue mi forma de preservarme de la violencia de la década menemista en mi ciudad. Cuando me afinqué nuevamente aquí, decidí que tenía que entrar nuevamente a la facultad. Elegí Letras en el PAC de entonces, anticipándome a lo que significaría en mi vida, conociéndome, la militancia; entrar en la facultad implicaba también volver a relacionarme con la política, como en tiempos del secundario. La política universitaria es un saber muy pertinente para críticos, cientistas sociales y artistas. Creo que quienes no han militado se han limitado un poco en su propio campo del saber.
  3. Todos mis referentes intelectuales eran militantes y la carrera de Historia me parecía, instrumentalmente, mucho más política que la de Letras. Así que, para resguardar, aunque sea un pequeño espacio de mí a esa entrega que requiere la militancia, decidí hacer Letras y no Historia. No quería ser un aparato, nunca quise serlo. Pero siempre me mantuve vinculado también a esa disciplina. En fin, lo otro es que no terminé la carrera; siempre atado a mis intereses de militante político, suspendí siempre el cursado regular. Y aun cuando fui muy activo al interior del departamento, ya que fui auxiliar en la materia Literatura Iberoamericana I, en donde hasta aporté al programa de la materia de entonces, y además varios años miembro de la junta asesora, me quedaron unas pocas materias (Griego, Latín, Lengua Española, eso, lo que menos me gustaba) sin hacer. Y después, ya cuando quise terminar me pesaba mucho el trabajo, los malos horarios de algunas materias, el cansancio y el aburrimiento. Abandoné, nunca retomé.
  4. Me dejó muchos vínculos hermosos que me hacen ser quien soy. En el plano intelectual, directamente por el cursado de la carrera, mucho menos. La carrera siempre fue bastante conservadora en su contenido curricular. Tiene mucha primacía de materias y contenidos ininteresantes, y un cursado regular muy ortodoxo, al contrario de la carrera de Letras de Filo de la UBA, por ejemplo, en la que el estudiante puede trazar un trayecto más ligado a su orientación.
  5. La verdad es que no me interesa ni me gusta mucho mi trabajo cotidiano de albañil, aun cuando hoy soy cuentapropista y ya no obrero; ni en el plano laboral ni mucho menos en el plano intelectual. Sé que trabajar me ha valido para conocer en carne propia el peso de la explotación, las injusticias del sistema económico al que quiero destruir. Por otro lado, me ha servido, también, para el conocimiento. Tener una experiencia que requiere una inteligencia práctica, como es ser albañil, le sirve a cualquier persona. Pero desde siempre me he sentido un poco frustrado por no haber podido conseguir un trabajo mejor remunerado ni tan cansador o sucio. Vale decir, siempre he buscado mejores trabajos fabriles. Tengo experiencia laboral y cualquiera que me conozca puede dar fe de que también tengo muy buena base intelectual para ser un obrero calificado en cualquier establecimiento fabril o como empleado en cualquier trabajo de oficina. Hablo otros idiomas. Manejo saberes que no son muy comunes en chabones de mi clase social. He trabajado de todo. He sido cocinero, obrero de fábrica, empleado, hasta campesino agricultor. Sin embargo, se me ha desterrado del mercado laboral desde muy temprano por mi militancia política y solo he podido sobrevivir gracias a este saber que me legaron mis familiares paraguayos: la albañilería. Mucha gente se hace la estúpida, pero lo primero donde el poder te limita es ahí, en tus propias condiciones de vida. Fui un albañil mal pago que trabajó la mitad de su vida en negro y la otra en gris por su militancia política. Debo aceptar que eso me ha generado una vida muy difícil. El resultado sigue siendo más odio de clase, no resentimiento individualista. Lo comento porque hay gente que piensa que los escritores, los intelectuales somos representantes de la bohemia burguesa, que vivimos al margen de los problemas económicos y sociales. Y porque muchas veces no se toman nuestro trabajo creativo como un verdadero trabajo. Tomar conciencia de eso es lo mejor para ayudarnos a regular las condiciones de nuestro trabajo. Vale decir, pagar las notas, respetar a los escritores, entender que no somos unos bufones a disposición.

Marcelo Rossia

  1. Actualmente tengo una librería como actividad principal [Librería El Lugar], además soy músico (actividad que durante mucho tiempo era exclusiva y ahora se transformó en secundaria) y hago radio una vez a la semana.
  2. Ingresé a los 19 años habiendo pasado antes un año por la Facultad de Derecho y unos cuatro por la Facultad de Música.
  3. Absolutamente, lo que aprendí en la institución no lo hubiera hecho fuera de ella.
  4. Temprano paso a buscar libros por nuestro depósito, los que se hayan vendido el día anterior y lo que haya que reponer, después trabajo en la librería hasta las 20 horas, me voy a ensayar y a las 22 se termina mi jornada.
  5. Lo que más me gusta de vender libros es tratar con gente que se relaciona con temas muy diversos, un día conversás sobre literatura medieval irlandesa y al rato sobre la importancia del PRT en la década del 70. Lo peor del trabajo, aunque a veces resulta divertido, es tener que adivinar lo que busca un cliente con poca paciencia a partir de datos asombrosos (“es un libro azul”, “en la tapa tiene un ciervo”, y así).

Sebastián Bier

  1. Trabajo como traductor, una entre las tantas formas de la traición. Otra forma que toma esa afición personal es la de guionista en producciones audiovisuales.
  2. Estudié dos años de Medicina.
  3. Muchas, preferiría no enumerarlas porque no todas son decorosas.
  4. Pensar cómo hacer para meter una frase de Propp en un artículo sobre la traducción de marketing.
  5. Me gusta traducir, me gusta mucho, aunque no siempre y no todo. Lo que menos me gusta es el costado “corporativo” de la cuestión.

Virginia Monti

  1. Traductora de inglés y correctora. Trabajo para agencias de traducción y en forma particular con otros colegas.
  2. Profesorado de inglés, Traductorado de inglés.
  3. Sí. Pude profundizar mis conocimientos de la gramática y la sintaxis españolas, lo cual contribuyó con la calidad de mi trabajo como traductora/correctora.
  4. Traducir, traducir, traducir. Corregir, corregir, corregir. Responder correos y asistir a reuniones virtuales periódicamente.
  5. Disfruto mucho de mi trabajo cuando puedo hacerlo con tranquilidad. Me gusta poder manejar mis tiempos y trabajar de forma remota. No me gusta trabajar a contrarreloj.

 

 

 

 


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