ENTREVISTA A SEBASTIÁN MACCHI

“Anhelo, para la música que hago, libertad y a la vez raíces hondas, nutridas del espíritu y el legado del lugar, ese sedimento maravilloso de lo que ya sonó aquí o allá”

 

Por Vanesa Condito

El pianista y compositor Sebastián Macchi –nacido en La Plata (Buenos Aires) pero desde su infancia radicado en Paraná (Entre Ríos)– es un músico cuya obra presenta una estrecha relación-comunión entre sonido, palabra y territorio, o bien, en términos más específicos, entre música y poesía desde (y con) una resonancia profundamente litoraleña. Luego de haber compartido escenario en varias oportunidades con Jorge Fandermole, Carlos Aguirre, Juan Carlos “Mono” Fontana, “Quique” Sinesi, “Juancho” Perone  (entre otros tantos artistas), y luego de varios proyectos grupales –entre los que destacamos el trío Luz de Agua (junto con Fernando Silva y Claudio Bolzani) y su propuesta de composición, inicialmente, a partir de la poesía de Juan L. Ortiz–, el músico acaba de lanzar su primer trabajo como solista, “Piano Solito” (2017, Shagrada Medra), en el que se incluyen ocho composiciones propias junto con tres singulares arreglos del cancionero popular.

En esta entrevista, Sebastián nos cuenta acerca de sus proyectos actuales, acerca de su particular visión sobre las expresiones musicales-poéticas de la región y, en ese contexto, nos permite ahondar, particularmente, en el lugar que tuvo Luz de Agua en su trayectoria.

¿Cuándo y cómo surge la idea de armar el proyecto de Luz de agua? ¿Podrías contarnos un poco acerca de sus orígenes, sobre las motivaciones iniciales que le dieron impulso a la propuesta…?

Las juntadas con Fernando [Silva] y Claudio [Bolzani] comenzaron en el 2001 y en ese entonces hicimos varios toques en el bar “La Muestra” (Rosario). Fue un acercamiento natural de afinidades, de ganas de compartir la música que nos sacudía en ese tiempo.

El primer disco del trío, “Canciones” (2005, Shagrada Medra), presenta composiciones musicales a partir de distintos poemas de Juan L. Ortiz. ¿Por qué Juanele? ¿Qué tiene su poesía, en particular, que te convocó y convoca? 

En el proceso de gestación de estas canciones, y del disco en particular, llegué a sentir que me tornaba medio amigo de Juanele… Incluso hoy ante ciertas situaciones o dudas lo evoco, “le consulto”. Más allá del orden temporal, el poder que movilizan las sensibilidades humanas es muy fuerte, y continúa latente de un modo mágico en la obra de un artista. Entonces, no es tan extraño que un “gurí” de secundaria recoja mensajes dejados hace más de cincuenta años atrás, y que estos mensajes lo atraviesen. Estoy seguro de que Juanele sabía de estos procesos mágicos, de estas dinámicas, así como también confiaba en que su mirada del mundo iría encontrando resonancias, germinando el día de mañana…Además, claro, también está el hecho de que el ser  poesía de “acá” es fuertísimo.

 La selección de poemas de Juanele que específicamente eligieron para construir las distintas canciones ¿obedece a algún criterio en particular? Si te parece, con esa pregunta “disparadora” nos gustaría que nos cuentes un poco, brevemente, acerca de cómo fue el proceso de composición musical a partir de su obra

En ese tiempo estuve radicado en Bs. As., y entonces su poesía se tornó un “modo de estar en casa”, en Paraná, en el parque, en el río, en la siesta, en el campo… y sobre todo en una vibración y temporalidad que no me era tan fácil hallar en la gran ciudad. Así que, aunque ya desde hacía algunos años me había cautivado su mirada, fue en ese entonces que me zambullí más intensamente en su obra. Bueno, y como parte de ese “buceo”, solía elegir poemas que me resonaban y los colocaba a modo de partitura sobre el atril del piano buscando traducirlo en atmósferas sonoras o, como quien dice, buscando “pintar” esos paisajes. Era sin afán de asir en una forma nada, era un juego, una especie de meditación. Luego irían apareciendo melodías y frases sueltas cantadas, y recién más tarde apareció la primera “canción”.

La verdad es que se trató de un proceso muy íntimo, que me causaba mucho pudor abrir; me sentía inseguro de mostrarlo pero confié en mi corazón porque no había especulación en el medio, y Fer [Fernando Silva] y Claudio [Bolzani] me apoyaron inmediatamente y se pusieron al servicio de esas músicas, con todo su amor y su gigantesca sensibilidad musical, y entonces fue aflorando un sonido grupal que intuíamos, que estábamos buscando.

En su segundo disco, Otras canciones (Shagrada Medra, 2015), más allá de su apertura con “Crepúsculo en el campo de Gualeguay” –cuya letra es también un poema de Juanele–-, el resto de los temas se organiza a partir de composiciones poéticas de ustedes/tuyas. ¿Cuáles serían –si crees que las hay– las continuidades y las discontinuidades o diferencias entre la propuesta del primer y el segundo disco?

Siento que en el primer disco hay una búsqueda ligada a la esencia espiritual del paisaje, eso que inspiró a Juanele y nos inspira también a nosotros, algo que no esta tan signado por el orden cronológico y persiste más allá de la locura que nos atraviesa como sociedad. En el segundo disco se entremezclas algunas aspectos terribles de nuestros días como son el drama de la basura y la marginalidad, rasgos urbanos. Pero eso se dio por la propia necesidad  expresiva, por la mirada de las cosas que precisa compartirse y que, entonces, aflora… no es un concepto a priori.

En estos días [mayo de 2017] estás por comenzar, como proyecto individual, a dictar un “Seminario de composición musical orientado a la canción” en la Plataforma Lavardén de Rosario. Por lo que se lee en la convocatoria, en tu propuesta pareciera ponerse en juego de manera muy intensa el lazo entre la música y la palabra, o entre  la música y la búsqueda poética mediante el lenguaje verbal. Más allá de Juanele y del orden de las “influencias”, ¿qué otros autores de literatura, ya sea de poesía o narrativa, te interesan y por qué? 

Me interesa especialmente la mirada de los poetas de nuestra región, como Calveyra, Manauta, Miguel Federik, Gola, Madariaga; lo que cada sensibilidad ha recogido de este lugar. Y, más pa’ arriba, también Elvio Romero, Bandeira, Guimarães Rosa, de Andrade. Me interesa la poética ligada a la emocionalidad y la música del lenguaje más que la erudición (aunque también lo sean), como en Guillen, Watanabe, Walcott, Pavese, Goytisolo…voy curioseando lo que puedo, y el encuentro con los poetas viejos es re motivador en este sentido.

En el plano musical, ¿qué artistas contemporáneos plantearías como “referentes” o como aquellos con los que te interesa “dialogar”?

Me conmueven el Chacho Muller, Ramón Ayala, el Negro Aguirre, Pedro Guastavino, el Coqui Ortiz, Juan Quintero, Cardozo, Mateo, Fattoruso…También, mucho, la canción brasileña: Caymmi, Jobim, Milton, Chico, Gil, Caetano, Gismonti, Hermeto. La música ancestral de la tierra me atrae especialmente, el folclore de Sudamérica,  pero a la vez la cultura y las fronteras no tienen mucho gollete…entonces, también pienso en Mario Laginha, Keith Jarrett, Debussy, Bach…¡hay tanta belleza!

En algunas notas y entrevistas que le hicieron a Luz de agua, se los identifica a partir del término  algo impreciso y sujeto a varias connotaciones, de “música popular”. ¿Te parece adecuado? ¿En qué sentido entendés vos la idea de “música popular”?

La verdad es que a esas denominaciones no les doy mucha bolilla; creo que tienen que ver más con el mercado, con los sellos discográficos o con las instituciones que con la expresión humana: se generan fronteras donde no la hay. Anhelo, para la música que hago, libertad y a la vez raíces hondas, nutridas del espíritu y el legado del lugar, ese sedimento maravilloso de lo que ya sonó aquí o allá…

En los dos discos de Luz de agua, y también en tus proyectos como solista, pareciera sostenerse, a nivel musical y poético, un imaginario geográfico o regional y cultural –e incluso emotivo– vinculado, a grandes rasgos, con la zona del Litoral. ¿Hay, para ustedes –vos, Fernando Silva, Claudio Bolzani– una apuesta en ese sentido como músicos?

Siempre nos movilizó el hecho de buscar una música ligada al paisaje, lo cual incluso nos impulsó a realizar juntos una travesía a remo por el río desde Paraná a Rosario, y fue muy hermoso porque  luego tocamos y entonces ya la música cobra otra dimensión, es algo inefable que acontece… A la vez, existe un sentimiento muy fuerte que, aunque no parte de un manifiesto político o algo así, nos impulsa a muchos artistas a estar creando en sintonía y retroalimentarnos dentro de un cierto “tejido común”… y, aunque los políticos que trabajan para la cultura o los medios no lo registren tanto, es todo un movimiento.

Para terminar nos gustaría que nos cuentes algo, si es posible, acerca de los proyectos, ideas y perspectivas profesionales futuras que te planteas, a nivel grupal y/o personal…

Ahora estoy presentando luego de muchos años de trabajo el disco “Piano solito” (Shagrada Medra, 2017), de músicas instrumentales para piano. A su vez, también voy abriendo camino a canciones más recientes con el proyecto Sebastián Macchi Trio (junto a Carlos Aguirre en bajo y Gonzalo Díaz en batería). Es un tiempo en el que siento gran necesidad de comunicar y estoy poniendo mucha energía en construir puentes, para que las canciones puedan llegar hasta almas afines… y ahí vamos aprendiendo.

(actualización noviembre 2017)