NUEVAS EDITORIALES DE ROSARIO

 

Por Marcela Alemandi

En la ciudad de Rosario vienen floreciendo, en los últimos años, diferentes proyectos editoriales, con propuestas variadas y con una impronta de alta calidad, que nada tiene que envidiarle a las grandes casas editoras. Al contrario, la búsqueda es por la diferencia: ediciones cuidadas, con catálogos pensados y armados siguiendo criterios diversos pero no mercantilistas, muchos de estos emprendimientos buscan recuperar lo mejor de la tradición editora argentina.

Algunas se especializan en poesía, otras en traducciones, otras en narración. Una parte importante de estos proyectos editoriales buscan dar relevancia a la producción de autores locales contemporáneos, tratando de escapar del aparentemente inevitable centralismo de Buenos Aires. Además de las que ya vienen publicando hace algunos años (Último Recurso, Serapis, Río Ancho Ediciones, Baltasara Editora, Yo soy Gilda Editora e Iván Rosado, entre otras) durante el año 2016 tres nuevos proyectos vieron la luz en Rosario: Casagrande, Ediciones Abend y Turba Ediciones, las tres con líneas y propuestas diferentes, pero coincidiendo en una búsqueda y una idea, hacer libros.

En este dossier nos propusimos indagar en estas nuevas propuestas de la escena editora local, narrada por sus propios protagonistas, los editores. Además, nuestros colaboradores tuvieron el placer (y aceptaron el desafío) de leer y reseñar algunas de las obras publicadas por estas nuevas editoriales rosarinas. Pasen, vean y lean, qué hay detrás del viejo oficio de fabricar libros.

Casagrande: “la casa es el lugar donde se hacen los libros”

El autor de esa definición es uno de los dos editores que forman Casagrande, Nicolás Manzi, quien, junto a María Virgina Martini, está al frente de esta casa editorial. El énfasis en la palabra “casa” no es inocente ni casual, sino que forma parte de la columna vertebral de la propuesta pensada por Nicolás y Virginia, que se articula con el tipo de editorial que querían hacer y con la tradición dentro de la cual querían situarse:

–La que edita es la casa –explica Manzi–. En italiano y en inglés no se la designa con una sola palabra, sino con dos: casa editorial (casa editrice en italiano, editing house o publishing house en inglés). A nosotros nos interesa recuperar esa idea y continuar con lo que era común antes: el libro se hacía en un solo lugar, se editaba, de imprimía, se armaba, etc.

Tanto él como Virginia se definen en un doble perfil, “intelectual y material”, queriendo significar que les interesan ambas partes dentro del proceso de fabricación de un libro: pensarlo, editarlo, corregirlo, pero también imprimirlo, cortarlo, coserlo, armar las tapas, etc. En las ediciones artesanales (con firma del autor, numeradas, que sirven muchas veces para financiar las tiradas industriales) la mano de Virginia se puede apreciar: con un abuelo sastre, en su familia siempre se cosió y se trabajó con telas, entonces ella llevó ese saber a la encuadernación, experimentando con diseños y costuras, cuidando los detalles de cada libro.

Otra de las genealogías en las que Casagrande busca insertarse en la del nombre: tradicionalmente, en Argentina, las casas editoriales llevaban el nombre de los editores, como una manera de darle a cada proyecto una impronta, un perfil personal. Casagrande es el apellido materno de Nicolás Manzi y viene como anillo al dedo para reforzar esas dos tradiciones: la de la casa y la del nombre.

–Nosotros habitamos esta ciudad, es nuestro lugar –señalan–. Nos interesa publicar a autores que, si bien no han sido súper editados, tienen una cierta proyección para seguir. Nuestra idea, como la de todo proyecto editor, es la de formar lectores, en este caso lectores que disfruten y aprecien lo que se escribe en esta zona.

Casagrande inauguró su proyecto con tres publicaciones: El Sol, de Virginia Ducler; La noche se presta para pegarle a un viejo, de Daniel Basilio y Ni tan héroes, ni tan locos, ni tan solitarios, de Juanro Mascardi.

Ediciones Abend: armar una biblioteca

 

Aunque las primeras ediciones salieron este año, los titulares de Ediciones Abend, Pablo Ascierto y Rafael Carlucci, empezaron a pensar el proyecto en 2014. Los dos años de trabajo tienen su motivo: se trata de poner cuidado en cada uno de los pasos que implica publicar un libro. Tanto en lo relacionado con su contenido, como en lo que respecta al diseño, el papel y la tapa, se nota el tiempo invertido: los tres títulos con los que inauguraron el sello, además de la calidad de las propuestas, son muy agradables a la vista y al tacto.

El sello se inauguró con la publicación de tres traducciones: Variaciones sobre un tema, de Stéphane Mallarmé, El necio y la muerte, de Hugo von Hofmannsthal y Sebastián en el sueño, de Georg Trakl (los dos último, en edición bilingüe)–Buscamos posicionarnos como una editorial de traducciones, pero no exclusivamente –comenta Ascierto.

Un punto importante en este proyecto es la propuesta de formar “bibliotecas” y no colecciones. Así, una de las ediciones que se presentan forma parte de la Biblioteca Bilingüe y otra de la Biblioteca Abend. La tercera forma parte de la Biblioteca Blau que, como su nombre lo indica, estará dedicada al Romanticismo (especialmente al alemán, pero no exclusivamente). –La idea de proponer diferentes bibliotecas viene de pensar las colecciones ocupando un espacio físico, pensamos en estantes, en cómo uno mismo va formando y disponiendo poco a poco la biblioteca personal– señala Carlucci.

La impronta de la traducción sobrevuela toda la propuesta de Ediciones Abend; dada la experiencia de Ascierto como traductor y de Carlucci como editor, ambos tienen en claro cómo trabajar juntos, incentivándose y también poniéndose límites el uno al otro: –Buscamos que nuestros lectores no sean únicamente los de la Academia –señala Ascierto–. Queremos llegar también a otro tipo de lectores, gente interesada en la literatura, la traducción, el psicoanálisis. Todo este proceso implica una gran cantidad de trabajo y también de aprendizaje. No queremos conformarnos.

Las tapas merecen un comentario aparte: no solamente están hechas con un papel muy especial, sino que también cada una de las imágenes que las ilustran fueron pensadas cuidadosamente. La edición de von Hofmannsthal, por ejemplo, cuya traducción estuvo a cargo de Héctor Piccoli, lleva en su tapa una fotografía de una obra de Anselmo Piccoli, conocido artista rosarino y además tío del traductor. –Nosotros pensamos en qué queremos como lectores –dice Carlucci– y por eso en las ediciones respetamos en igual medida al artista de tapa que al autor.

Turba: literatura, estética y política

Turba ediciones es el más joven de los tres proyectos editoriales de este 2016. De reciente aparición, busca irrumpir en el campo literario rosarino con dos líneas diferentes: por un lado, traducciones literarias de textos considerados imprescindibles para críticos y lectores especializados, entendiendo la traducción como una reescritura creativa de los textos. Por otro lado, presenta una línea editorial con la que comienza su actividad de difusión de la literatura en nuestro idioma. Nuevas voces, nuevos escritores, nuevas formas de concebir la literatura.

Turba está conformado por Gaspar Guardia, María Julia Hernández y Romina Lipnik, y su primer libro es (DI) sentires, una antología de poesía lgttbi. La selección y coordinación del ejemplar contempla la difusión de poetas no editados hasta la fecha, entre los que se cuentan Mauro Morgan, Santiago Hernández Aparicio, Verónica Uguet y Walter Rojas, entre otros. La particularidad de esta primera edición es que será de distribución gratuita.

Jugando con el significado de la palabra turba, los integrantes de esta editorial se definen en su página web como un “conglomerado de gente turbia con fines literarios difusos” y también piensan a la turba como “la reunión de ciertxs individuxs perturbados por la literatura». En la escena literaria local, siempre se agradece la irrupción de estar (per)turbaciones.