LA GUERRA DE MENTIRITA, DE ROCÍO MUÑOZ VERGARA

 

Aquello consistía en tirarnos, las unas a las otras y con el máximo posible de salvajidad, todos los juguetes que hubiera en la pieza. La mamá de Luisa inventó el juego y jugaba con nosotras. Para los demás adultos jugar no importaba, no les importaba, era cosa de niñas. Pero la mamá de Luisa sí que jugaba con nosotras, y todas nos divertíamos, y todos los juguetes de la casa estaban rotos. Los rompíamos nosotras en la guerra de mentirita.

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ENTREVISTA A SELVA ALMADA

Escribir. La suerte de las que sobrevivimos

Por Carla D. Benisz

Lo primero que leí de Selva Almada fue Ladrilleros (su segunda novela) y la sensación que me generó su lectura fue la de una bocanada de aire fresco y (en lo personal) una reconciliación con la literatura argentina contemporánea, que, en general, se refería a universos que no me interesaban: alter egos noventosos cuyas peripecias iban del consumo de drogas duras a la lectura de teoría literaria (no, esta droga, tan dura) en ambientes de cierta clase social alguna vez de vanguardia y ahora decadente y (claro que sí) provinciana en su ombliguismo por más capitalina que se represente. Intenté reflejar parte de esa sensación que me dejó Ladrilleros y luego su primera novela, El viento que arrasa, en un artículo de una revista fantasmal de número único. Me remonto a esa lectura primera y muy personal como gesto de honestidad intelectual, para aclarar desde qué lugar encaro esta pretendida entrevista. Pues lo que leerá a continuación, hypocrite lecteur, no es tanto una entrevista sino un diálogo con quien es, para mí, una referencia generacional. Los dejo con ella. Seguir leyendo ENTREVISTA A SELVA ALMADA

QUERIDO MONSTRUO

FOTO Lucía Alemandi

Por Marcela Alemandi

“¿Cómo una joven muchacha pudo imaginar una idea tan espantosa?”. Esa es la pregunta que Mary Shelley responde en su prólogo a la edición de 1831 de Frankenstein o el moderno Prometeo,la novela (y el personaje) que le darían fama eterna, mucha más, incluso, de la que tuvieron su marido, Percy Shelley, y su amigo, Lord Byron, insignes poetas de la segunda camada del Romanticismo inglés, a quienes ella admiraba y a quienes, según narra en ese mismo prólogo, no aspiraba siquiera a igualar en maestría literaria.

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REVISTA "El Cocodrilo". Asociación de Graduados en Letras de Rosario (AGLER). Literatura