TRES POEMAS DE FRANCISCO MOULIA

¡Bum! ¡Pum! ¡Paf!

supongamos que primero hubo un silencio
gris
seguido de una explosión
también gris
y después se dio todo demasiado rápido:
dioses transparentes, tapices microbianos, el amor

podemos pensar también que algún día
habrá otra explosión gris
seguida de un silencio
embarazado de huesos

todo lo que está
en el medio
la vida, digo
todavía no sabemos bien para qué se usa
suponiendo que sirva
para algo

en este paseo entre silencios
en todos los colores posibles de dioses microbianos
ahora y acá
en la ignorancia del propósito
todo cobra sentido
también suponiendo que haya uno

como cualquier acontecimiento ornamental
la vida tiene una función:
darle de comer al vacío

el amor, traslúcido hasta la inexistencia,
es cartomagia mortal
diseñada por la mano que compuso este desastre
gris
suponiendo que haya un compositor
y que, encima, tenga mano

en esta obra en movimiento,
nosotros tratando de hacer algo
sin saber para qué,
hay una única certeza que infla los intestinos de la galaxia,
los sexos traslúcidos de dioses improbables,
las pupilas de los gatos:

la certeza de que todo es gris
verdad, mentira, amor, mi gata, el diez de copas, sangre, tiempo

todo es la duda perfecta
todo es una ballena embarazada de un elefante embarazado de un mundo
hinchado de elefantes embarazados de ballenas
todo es demasiado gris
y, fundamentalmente,
suponiendo que haya un fundamento
todo es demasiado

Otra forma de optimismo

todas las noches
salgo al balcón
apoyo los antebrazos en la baranda
miro al cielo
busco
un punto ajeno al sistema
algún destello anómalo
algo
que anuncie ese piedrazo cósmico
que nos borrará

no espero la catástrofe
porque creo que la merezcamos
(aunque nos la merecemos)
ni porque considere que ya está todo perdido
(aunque lo está)
ni siquiera por esta vertiginosa decadencia humana
(cada noche más pública)

no,
deseo esa masacre aplastante
porque entiendo que la armonía del universo
es autárquica
quizás tirana en su lógica disciplinaria
pero justa

imposible no darse cuenta
de que somos una incomodidad estética
y viral
en el diseño solemne de la galaxia

nuestra persecución de la belleza
en los cuerpos, en las palabras
no es más que una estrategia desesperada
para amenizar la fugacidad obligatoria
de lo inútil

todas las noches
salgo al balcón
apoyo los antebrazos en la baranda
y antes de examinar el cielo
miro el celular
busco
una imagen, una línea
algo
que no me haga desear ese piedrazo cósmico

solo palabras y cuerpos
trabajados bajo la estética del efecto
recaudando esa aprobación
que nos convenza
de que nuestra presencia
aporta algo

cada noche, cada segundo
se consolida más
la necesidad
de la devastación
de esta belleza parasitaria
e inútil

 

Una reflexión sobre el trabajo que concluye en mi madre

trabajo
la palabra
viene de una forma de tortura romana
tripalium: tres palos
la persona era atada a esa estructura con forma de asterisco
y se le daba
se le daba hasta que entendiera

tortura
la palabra
viene de torsión
retorcerse, atormentarse: trabajar

el Toro de Falaris fue un instrumento de tortura
anterior a la implementación de cristo
se trataba de una estatua hueca de bronce
con forma de toro en la que se metía a la víctima
bajo la estatua se encendía una hoguera
el toro se enrojecía
de a poco empezaba a largar humo por la nariz
los alaridos de las víctimas emulaban los mugidos del animal

torturar es, de alguna manera,
una forma de comunicación
y siempre el dolor fue el método más efectivo
para trasmitir una idea
mi madre y su chancleta dejaron constancia de eso en mí

torturar es, incluso, comunicar amor
de una manera agresiva
proteger tiránicamente a alguien de su incómoda torpeza

pensémonos como obras
complejísimas obras de ingeniería biológica
de espantos intransferibles,
todos, todas, somos maquinarias de tortura
y hasta que vuelva a ponerse de moda lo medieval
torturar al prójimo no está bien visto
por eso nos conformamos con la autoflagelación

el mundo se merece nuestro dolor

lo cierto es que tenemos el cuerpo lleno de marcas
por nuestras venas corre todo tipo de porquerías
quién no lleva un apocalipsis, personal y exclusivo, dentro
todos, todas queremos educar al mundo respecto de posibles tragedias
por ejemplo ser nosotros

a veces extraño la chancleta de mi madre
ese cachetazo medieval que me dejaba ardiendo la cara por media hora
en ese momento la odiaba, a ella y a su chancleta
hoy no
extraño que alguien
se arriesgue a ser odiado para protegerme de mí

 

Francisco Moulia (Buenos Aires, 1982) es escritor, editor y docente. Estudió Letras en la Universidad de Buenos Aires. Publicó las novelas Cortes argentinos (Nulú Bonsai, 2012), Tácticas de superación personal (Interzona, 2015), Las manos (Notanpüan, 2016). Fue finalista del Concurso de Cuento Digital organizado por el Grupo Alejandría con su relato “El germen de otra revolución”. Dicta clínicas individuales de escritura desde el año 2015. Durante 2016 estuvo a cargo de un taller grupal de escritura junto con el escritor Luis Mey. En 2020 publicará su cuarta novela, Odisea criolla, bajo uno de los sellos de la editorial Penguin Random House.

 

 septiembre 2019 | Revista El Cocodrilo

 

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