TRES POEMAS DE IVANA ROMERO

El regalo

De un libro cayeron dos figuritas de papel plegado

Un gato verde, un gato amarillo

Recuerdo esa noche

Habíamos vuelto del mar, teníamos el cuerpo cansado y feliz

Habíamos nadado juntas más allá de la rompiente

abrazadas al mar

que nos amó a las dos

mientras nosotras nos amábamos también

Salimos del agua como quien tira el hilo

de una costura incompleta

El mar se arrugó y

cayó su piel de seda encrespada

La llevamos a la casa

Dijiste que semejante regalo

merecía unos adornos

así le fuiste cosiendo tus figuritas de papel plegado

Nos cobijamos bajo esa capa y dormimos

los gatos de papel a nuestros pies

convertidos en guardianes de lo bueno

No sabía que había guardado esto

Un recuerdo luminoso que cae de un libro

como un puñado de sal

un conjuro

para recordarme que donde termina el sueño

empieza el sueño.

 

 

Tu padre y el mío

Tu padre se desliza por su velero

y cuenta con orgullo la solidez

que esa casa acuática tuvo

para afrontar algunas tormentas.

Concentrado y feliz,

parece ejecutar muchos instrumentos

de una misma orquesta.

Un juego de afinación,

ritmo y energía.

Su cuerpo se yergue como si fuera más joven,

como si el movimiento preciso le quitara

años. Él cree que las cosas deben

ser precisas para funcionar y que es posible

arrancarle a cada mecanismo, su secreto.

 

Desata cabos, despliega sólo una de las dos velas

tras olfatear que el viento fuerte viene del sudeste.

Se pone al frente del timón, decide cuándo

virar a babor o estribor

explica que no hay nada temible si el barquito

se ladea: andar así, escorado, ayuda a mantener

el equilibrio.

 

Comprende el lenguaje cambiante de las mareas, que son las que toman

decisiones.

Él, dice, intenta saber qué idioma habla la naturaleza cada día.

Las cartas náuticas sirven, las boyas flotando allá lejos sirven.

Pero el agua no es siempre una sola.

 

Pienso en mi padre, que también se esmeraba por explicar

ese mundo terrestre y rural que había elegido como exilio.

Los últimos días, en el sanatorio, me contó

cómo acomodar una chancha

para que no matara a su cría después de parirla:

se debía cavar la tierra

para que el animal tuviese espacio y no descargase su peso

en esos chanchitos recién nacidos.

 

Ahora, mientras nos alejamos de la costa

aparece una mariposa anaranjada.

Se queda cerca mío, sobre unos cabos anudados.

El viento crece pero ella sigue resistiendo con sus alitas

moteadas de negro, delgadas como neblina.

 

Tu padre y mi padre (¿te lo dije alguna vez?) se parecen:

uno explica cómo funciona un barco,

el otro intentó advertirme que el amor es caprichoso y salvaje,

que se requiere mucho cuidado para no ahogarlo.

La naturaleza manda. También, el misterio.

 

Creo que la mariposa vino a contar esto.

 

Sigo ese murmullo.

La distancia que va de un ala fragilísima a la otra

pone la muerte entre paréntesis,

como un soplo.

 

 

Los peces abisales
(Para Gabby De Cicco)

A veces hay que abrir el corazón.

Indagarlo como quien explora un mar nuevo

que se resiste a la conquista.

En esa cartografía faltarán datos.

No figura un hueco

ni una gruta cubierta de algas,

tampoco cierto fondo

donde se multiplican los peces abisales.

Si aún así el corazón se abre,

es necesario que su agua brote. Y suba,

inundando las coordenadas.

Sentir la sal contra la herida, la fe, el hedor.

Que se destejan esos hilos antiguos,

las sogas

cubiertas de arena.

Que irrumpa un nuevo latido. Que irrumpa.

A no asustarse.

El monstruo siempre vive al fondo

de la caverna.

Desplegará sus branquias, sus aletas,

su columna vertebral altísima,

hecha con restos fósiles.

Los líquenes huirán, dispersos

como una constelación acuática

que señala el camino.

A no asustarse.

El monstruo ya no está ávido de sangre.

Ahora sólo quiere guiarte

mansamente

hacia ese centro tan limpio

donde todo comienza una vez más,

a esa memoria infinita

incesante

por la que vuelve a correr

un nuevo rumor del agua,

un hilo.

 

Las crestas doradas del oleaje, allá lejos.

 

FOTO Gabriel Lovera

(actualización noviembre 2018)