TRES POEMAS DE MARCOS GARRIGUEZ

 

Las hojas del invierno más recias,

negras y hostiles se acumulan

en los rincones más silenciosos.

Implacable, la estación no ha logrado apagar

la fiebre que repta los cactus,

las tapias y los pinos,

no ha logrado detener el vigor

de horno rústico donde también las aves

(palomas las más grises, casi azules,

turbiamente claras por el frío)

fueron calcinadas. Su polvo anochece

sobre las ramas peladas y pulidas

una elegía por la cual todo cuanto reposa,

herido del bajo viento inmaterial,

parece bailar con la quietud.

 

 

 

 

 

Denigradas arqueologías me interrogan

un pájaro quemado en el aliento,

desmontan un recuerdo donde oigo

graznidos de incisiva noche

clavando su arqueado pico en mi corazón.

Estas cosas discurro, a veces,

bajo el amparo de ancestros terribles.

 

En el horizonte busco, ensoberbecida,

una botella de melancolía,

el lenguaje de otros restos. Ellos devienen

con la carne de mis padres hacia un aljibe

como deviene el agua de la lluvia

sin retorno horadando el círculo,

bajo el ruido sin fin de la borrasca.

 

 

 

 

 

Anochece en el pulso de Bach.

No obstante, un gavilán flota (o flamea),

las golondrinas ensayan tonos en el aire,

las magnolias son mecidas por un re,

el pino de al lado esparce tardío

algunas palomas, y los malvones

(abajo, en un patio vecino)

callan la memoria roja, fucsia (?)

al borde de una pared

donde Santucho y el Che miran la Nada.

Una tierra se derrama lenta en este ritmo,

sus ribetes incorpóreos balancean los limones

con el soplo de un dios: esta voz que ha buscado

la luz oscilante de un reguero

se apaga pero no en esta suite,

casi bucólica, de flores y pájaros y Céfiros

y otras cosas que tienden a apagarse,

en la parva de lo azul.

 

 

 

Marcos Garriguez nació en San Lorenzo en 1983 y residió la mayor parte de su infancia y adolescencia en Monje. Nunca dejó, trabajando y estudiando, de leer y escribir. Publicó a fines de 2017 Si ha estallado Dios, un libro aún sin presentar en el que recoge en doce poemarios lo escrito hasta el momento. Actualmente es docente, sigue estudiando y cree que si no ha dejado de escribir, es porque el insidioso sueño de la escritura no lo ha dejado a él.

(actualización agosto 2019 | Revista El Cocodrilo)

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