ANOTACIONES DEL FIPR 2025, POR LUNA VICTORIA

por El Cocodrilo

En el bondi

(Lunes 23:27 en el 107)

Hoy fue el primer día de la Residencia del Festival de Poesía, escribo esto medio borracha. No comí mucho y tengo sueño. Hubo taller con Agustín, me gustó porque nos dio lugar real a presentarnos e indagar a cada uno en sus creencias y personalidades. Me gusta cuando el prejuicio se quiebra con la realidad. Aún creo que no nos conocemos lo suficiente, ¿no? Evidentemente.

Post taller íbamos a ir al Club de Maltas a tomar algo pero — cerrado — y después fue gracioso porque CIERTO: es lunes.

Nosotros somos los únicos que después de una clase experimental psicoanalítica y meditar queremos alcoholizarnos y hablar sobre poesía, como lujo igual, ¿no? Obvio.

La poesía es un lujo, Rosario la capital de la poesía y la poesía el capital del alma.

Terminamos en el patio Zarpado frente al Fontanarrosa. Promos de 2×1 en birra y cinzano. Leímos un poema cada uno en forma de presentación de nuestras voces poéticas.

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Durazno

(Miércoles 13:30h después del taller con Paola Santi Kremer)

Mientras volvíamos caminando con Juana, Amancay, Stefano, Abril e Irupé, pasamos por una verdulería, entraron en principio Amancay e Irupé, después Juana mientras Stefano hablaba de qué leer en la noche de la previa, haciendo mención a su poema sin título de los duraznos podridos. En la vereda frente a nosotros, unos duraznos preciosos casi brillaban, de esos que parecen maduros pero se encuentran en el estado perfecto para degustar (tengo idea de haber dicho que compre un durazno aunque a veces escucho algo que no proceso y creo que se me ocurrió a mí), lo importante igual fue que compraron DIEZ UNIDADES DE DURAZNO (no quiero saber cuánto cuesta el kilo).

Para el cierre de la previa (por orden alfabético nuestro residente Stef era el último) en el segundo poema sobre los duraznos podridos, nosotros con la fruta en la mano (dios quiera que lavada) nos paramos en forma antónima de dominó, escuchando los versos recitados como entes, sumisos e hipnotizados por el dulce de su poema, fue divertido.

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El que avisa no traiciona

(1:56h del jueves después del Bon Scott)

Ayer martes estábamos fusilados. Clínica fascinante con Beatriz, nuevos conceptos y formas poéticas con Anaclara.

Pinchó temprano (post taller, 19h) porque estábamos cansados. Interesante los diez recursos de cada poema seleccionado en clínica y las formas de la poesía tecnodigital.

Un escritor hizo un bot de Twitter con más de 5000 definiciones de poesía. Me gustó mucho una que creí que identificaba a nuestro grupo de Residentes 2025: “la poesía es dejar las obligaciones para ir a fumar”.

Lo mandé como archivo para la página web, la foto de los poetas que saqué el primer día, junto a la definición del bot.

He de admitir que esto me recuerda también a un poema de óxido y suburbios, un poema que atesoro, dice algo así como “tres días míos eran tres años de ella”, además de que el cerebro a cualquier momento que le sea nuevo, fuera de rutina, cotidianeidad, lo procesa de una forma lenta y extensiva. Es decir, estoy sintiendo que la semana pasa no tan rápido, aunque me apena que ya sea jueves.

Escuché a un par decir lo que estuve pensando, lo que los organizadores nos avisaron, que descansemos, esto recién empieza. Lxs chicxs decían “tendríamos que haber descansado ayer”.

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Trasnoche lluviosa

(Jueves, primera trasnoche)

El jueves a la mañana no estoy bien segura de qué pasó.

Pero en los breaks de la trasnoche, entre lecturas y residentes y birra y puchito y conocidos y autores y puchito y conocidos y birrita y residentes y lecturas, en el último taller que tuvimos con Kako y Eva, yo miraba el cielo feliz porque aún no llovía.

Pero se largó con toda. Los fumadores no sabíamos dónde meternos, como si hubiéramos perdido el horizonte. Empezamos a fumar en las escaleras de entrada a la Lavardén. Pucho va, faso vuelve y los poetas se entretienen.

Aparece el de seguridad, contempla la escenografía bohemia, el arte de fumar amontonados para cubrirnos de la lluvia.

Me mira y dice (exclusivamente a mí) si estaba fumando faso.

Le dije que no, ¡además de que era un prejuicioso! Ahora lo cargo con prejuicioso y yuta cada vez que lo cruzo.

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Perdida en loops

(Los loops no tienen tiempo, o en todo caso sería jueves viernes sábado jueves viernes sábado jueves viernes sábado)

Algo que personalmente me parece una maravilla es la gracia de estar todo el tiempo en el festival (como ya ha dicho Bejarano): ir a comprar birra, salir a fumar un pucho, escuchar una lectura, pararte a hablar con futuros conocidos, ir a otro kiosco porque la birra está caliente, quedarte hablando con alguien mientras fumas un pucho, tirar el pucho porque arranca la lectura que esperas, caminar por la feria, hablar con los feriantes, ser el feriante, vender la birra, pasar un pucho, meterte a otra lectura, ir al baño, buscar otra birra.

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Jueves-viernes, ya no estoy segura y para qué difamar la realidad

Tener la capacidad de hacer muchísimos diseños de carteles, tarjetitas, folletos, estar horas dedicándole a eso, para después no imprimir un carajo.

Por un lado, post charla (jueves o viernes, repito) empecé a dar unas tarjetitas con un QR. Fue entretenido porque me llevó a hablar con personas y no hay cosa que me fascine más que charlar con extraños. Aunque era muy temprano y me acompañó Mauyi porque aún la resaka me hacía sentir tonta.

Por otra parte, creo que el martes me puse a escribir a mano unos cuatro/cinco cartelitos “La cúpula de la poesía está en Rosario”. Juana me segundeó a pegarlas.

También desde el jueves hasta el sábado me dediqué a robar fuegos (en total junté 8 unidades).

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Rosarina rosarina

(Sábado 13:30h después de la charla de “El diario de poesía”)

 Además del orgullo de haber paseado con lxs residentes, recorrer el centro, mostrar los edificios con una mano en el corazón, como si los hubiera construido con mis manos, además de ser de esta hermosa ciudad del arte, de la poesía, de la arquitectura parisina y europea, de edificios futuristas, gastronomía bizarra, cheta, con de los mejores puestitos de la calle, además de las bibliotecas, locales de ropa, de objetos antiguos, de los mejores eventos de literatura y música, además de las mejores movidas del under, de que sea un pueblo en ciudad, un pañuelo complejo pero con trama, vengo a decir que AMO la noche rosarina.

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El after del after del after

El festival del año pasado terminé en una cúpula tomando vino. Este año post cierre de recital (y como residente) fui con mis compas a escabiar un toque, y después ver para dónde arrancar. Fuimos para Hevale con los que seguían con fuerzas. Bailamos, escabiamos, en un momento gritaron que dejemos de ser tan poetas y cambiaron la música. Tengo el recuerdo de estar cantando/gritando con Ana y Berni. También me recrucé con unos chicos santafesinos que habían leído los poemitas del QR y no paramos de hablar como cotorras y hacer que gire la birra.

Fueron cerrando las ventanas hasta que nos fuimos (o medio nos fueron). Seguimos para Feuer. Tuve la sensación de que no nos iban a dejar entrar: éramos unas cuarenta personas. Llegué a contar treinta y dos y seguían llegando. Al final entramos igual. Todo muy tecno, luces idas.

Lo más icónico fue cuando invitaron a todxs a la casa de Cundo, asumiendo que obviamente no todos íbamos a ir. Terminamos siendo cuarenta o cincuenta personas en el palier de un departamento. Tres ascensores con capacidad para tres personas cada uno. Empecé a sisear para que hicieran silencio y comenzaron a responderme en siseos; con Berni inventamos un idioma nuevo.

Cuando pensamos que ya había subido la mayoría, al darme vuelta aparecieron diez personas más, dos bicis, dos de choclo y tres de carne.

Subí en el ascensor con un amigo y un desconocido —el mismo con el que después bajamos— que no le gustaba la poesía. Apenas entramos al departamento, hui al balcón: era hexagonal, con una mesa, dos sillitas, diez personas fumando y tomando birra. No me animé a entrar más por temor al vértigo. Hablé un rato con Julia ahí, y después me puse a charlar con desconocidos: quién era amigo de Cundo, cómo habían llegado, nadie sabía. Todos eran amigos del amigo, cuñados del sobrino, medios hermanos del vecino, amigos del amigo, etc. Cuando apareció alguien que sí era amigo, nos reímos.

Algunxs venían del Bon Scott hacia Hevale y después al departamento; otros del recital del festi y de Hevalé; otros directos de Feuer; algún otro de su casa. Recuerdo algunos nombres: Franco, Juan, Márco, Leo, Celeste, Pablo. Dos eran de Luis Agote, otros de zona oeste.

Me quedé hasta que todos empezaron a levantar campamento y las lucecitas ya estaban instaladas en el cielo.

Antes de irme, mientras juntaba la mayor cantidad de latas de las mesas y el piso, miraba la escena: desconocidos acomodando la alfombra, parándose, probando equilibrio, dando indicaciones de cómo seguir ordenando. En un segundo, la cantidad de personas disminuyó. Era hora de irse. Con la cartera al hombro y las latas en ambos brazos, me vino una frase o algo parecido: el vacío cuando la fiesta termina. La basura bajo la alfombra, la ceniza en la mesa, la soledad de la resaca. Una queda sola: los amigos se fueron, la fiesta terminó.

*

Terminal de ómnibus

(Domingo 15:24)

En la cúpula nuevamente, junto a Juana y Juli almorzamos hablando de si nos volveremos a ver, qué haremos y quiénes seremos en el futuro.

Ahora siento como si la fiesta en mi casa hubiese terminado. Todos se están yendo; tengo que juntar las latas, acomodar las sillas pero, todavía no entiendo, ¿ya se fueron?

Recorrimos desde Mitre y San Juan hasta Jujuy y Moreno, el recorrido precioso de la línea 120 que, siendo rosarina, nunca había usado. Caminamos por Jujuy hasta Oroño. Después recorrimos la feria retro y la del roperito. Las tres fuimos minuciosamente por más de la mitad de los puestitos hasta que con Juana, rendidas nos tiramos en la sombra. Juli volvió con un par de cosas baratísimas y lo vivimos como un logro.

Volvimos en el maravilloso recorrido del 120. Bajamos en la plaza Sarmiento, hablando de la ciudad y de la alegría de recorrerla con  lxs residentes.

Fui a buscar mis bolsos donde me estaba quedando. Pesaban más que al principio. Todavía con la conmoción en el cuerpo, la cabeza estallada.

¿Dónde quedaba mi casa?

***

Luna Victoria González nació en Rosario, en 2006. En el 2024 publicó el fanzine de poemas  “En un segundo llego al clímax adecuado” y ese mismo año terminó sus estudios secundarios. En 2025 publicó el fanzine “Ciao amore” y participó en los ciclos de lectura “Cuenta conmigo” y “Los detectives salvajes”. Fue seleccionada para participar en las residencias del Festival Internacional de Poesía de Rosario 2025.

diciembre 2025 | Revista El Cocodrilo

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