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POEMAS DE TATJANA GROMAČA

¿Querés invertir tu tiempo en mí?
(DA LI ŽELIŠ UTROŠITI SVOJE VRIJEME NA MENE?)

Por ejemplo, nos encontramos en alguna parte de la ciudad
por pura casualidad
(yo comprando medias y vos haciendo trámites),
apurados, tan apurados que en el momento en que nos
vimos en la calle
olvidamos que vivimos bajo el mismo techo
y nos acostamos en la misma cama desvencijada
ya por miles de noches
juntos.

Después seguro nos vamos, dejando
nuestras ocupaciones,
a tomar café o vino caliente, si es otoño,
sentados uno frente al otro en algún antro
lleno de humo
con tabiques de madera
y alcohólicos de jornada completa
observándonos como si fuésemos otros
y no nosotros,
más que conocidos.

 

Detrás del vidrio
(IZA STAKLA)

El día está lindo y vos salís de la peluquería
con el pelo recién cortado.
Te agarró uno de esos
post síndromes
cuando uno no puede estar 100% seguro
de que haber ido al peluquero
haya sido una sabia decisión.

Es la última hora de la tarde
y el barrio está lleno de mamás jóvenes
que empujando cochecitos con bebés
intercambian consejos sobre alimentación
y digestión regular.

Cruzás por el parque entre los edificios.
Quizás más tarde entres en este almacén, “La bombonería”,
y a las señoras con delantal rosa
que huelen a caramelo y chocolate
les pidas una barra de mazapán.

Ahora te parás al lado de una combi
en cuyo espejo retrovisor querés
ver tu peinado
y cuando ya pegaste la cara contra la ventanilla
tu mirada se encuentra
con la mirada de un hombre
que está sentado adentro
y que te ve como lo que sos en ese instante:
una persona que no sabe exactamente qué está haciendo
ni qué será lo próximo que hará.

 

Vos estás ahí en la orilla del río helado
(TI STOJIŠ NA OBALI HLADNE RIJEKE)

Acordate de ciertos momentos de tu vida
que se parecen más o menos a esto:
afuera hace un frío terrible y vos estás ahí
en la orilla del río helado
al que hay que saltar enseguida
si querés que algo cambie en cualquier sentido.

 

Tatjana Gromača nació en 1971 en Sisak. Se licenció en Literaturas Comparadas y Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de Zagreb. Escribe poesía, prosa y artículos periodísticos. Vivió y trabajó en Zagreb hasta el año 2000, cuando se mudó a Istria. Trabajó para el semanario Feral Tribune de Split hasta su cierre en 2009, haciendo reportajes, escribiendo reseñas y textos sobre arte, cultura y sociedad. Publicó una selección de sus reportajes en el libro Bijele vrane – Priče iz Istre (Los cuervos blancos – Relatos de Istria). Tras el cierre de Feral colaboró en el periódico Novi list de Rijeka como reportera y columnista. Su primer libro, el poemario Nešto nije u redu? (¿Algo no está bien?) se publicó en el 2000, convirtiéndose en referente de la generación de “poetas realistas” (stvarnosni pjesnici) que se formó en Croacia a finales del milenio. En el 2004 publicó la novela breve Crnac (El negro). En el año 2012 publicó la novela Božanska dječica (Los niños celestiales), la cual recibió el premio anual “Vladimir Nazor” de literatura y el premio “Jutarnji list” a la novela del año. En 2014 se publicó su libro de cuentos y ensayos Ushiti, zamjeranja, opčinjenosti (Éxtasis, resentimientos, fascinaciones); en el 2016, la novela Bolest svijeta (La enfermedad del mundo), y en el 2017, Carstvo nemoći (El imperio de la impotencia), hasta ahora su última novela. Sus obras han sido traducidas a varias lenguas (alemán, checo, polaco, esloveno, búlgaro y macedonio). Vive en Pula con su esposo Radenko Vadanjel, también escritor, y su hija Marta.

 

Sobre las traducciones

Las traducciones que se presentan aquí surgieron de un trabajo colectivo en el marco del taller de lectura y traducción “Razumijem što čitam, el cual se desarrolló vía Zoom entre los meses de octubre y noviembre últimos por iniciativa del Lectorado de Croata de la FHyA (UNR) y el Centro Cultural Croata de Rosario. La coordinación y organización general del mismo estuvo a cargo de Martina Kalamari (CRO) y Pablo Serr (ARG). Participaron de la experiencia estudiantes avanzados de Rosario y la región.

 

Sobre los coordinadores

Martina Kalamari nació en 1985 en Čakovec, Croacia. Después de graduarse como profesora de Lengua y literatura croata y Lengua y literatura española en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Zagreb, trabajó como traductora y profesora de español en escuelas secundarias y centros de idiomas extranjeros en Croacia. Durante tres años dictó clases de idioma y cultura croata en Punta Arenas, Chile, organizadas por el Ministerio de Ciencia y Educación de Croacia. Desde agosto de 2019 ejerce como docente de croata en el Departamento de Idiomas Modernos de la Escuela de Lenguas de la FHyA de la UNR.

Pablo Serr nació en 1984 en Rosario. Estudió Letras en la FHyA (UNR). Publicó varios libros, entre ellos El tiempo visible (Editorial El Imperio y la Libélula, 2013), De esta ceniza, bajo este sol (Editorial Serapis, 2015), Los puntos fatales (Baltasara Editora, 2016) y La venganza de mi padre (Editorial Búnker, 2019). Becado por el Ministerio de Ciencia y Educación de Croacia, vivió en Zagreb un año. En 2014 obtuvo una beca de investigación del Fondo Nacional de las Artes. Tradujo del croata el poemario Preobraženja (Las metamorfosis), de Antun Branko Šimić (Iris Illyrica, Zagreb, 2015). Actualmente dicta los cursos de idioma croata en el Centro Cultural Croata de Rosario.

Foto: Goran Šebelić / HANZA MEDIA

diciembre 2020 | Revista El Cocodrilo   

 

TRADUCCIONES

LAS PAMPAS, DE E. F. KNIGHT

Traducción de Ernesto Inouye

Antes de dedicarse de lleno a su oficio de corresponsal de guerra, el joven Edward Frederick Knight (1852-1925) zarpó en su yate Falcon desde el puerto de Southampton rumbo a Sudamérica junto a dos amigos y un grumete. Era la tarde del 20 de agosto de 1880. Una multitud se había reunido para despedirlos. Sobre el muelle se había organizado un almuerzo en el que se brindó repetidas veces. Varias embarcaciones escoltaron el Falcon hasta que se alejó de la costa.

El objetivo del viaje era explorar el Río de Plata y remontar sus caudalosos afluentes Paraná y Paraguay. Antes de llegar a destino hicieron escala en las islas Cabo Verde, frente a la costa africana, cruzaron el Atlántico, se detuvieron en Salvador de Bahía, Río de Janeiro y Montevideo.

E. F. Knight relató su travesía de veinte meses por Latinoamérica en su libro The Cruise of the Falcon —puede traducirse como La expedición del Falcon—. La narración sigue un orden cronológico y por momentos adopta la forma de un diario de viaje.

Mapa de la sexta edición de The Cruise of the Falcon

Hace unos meses mi amigo Martín Perisset me pasó The Cruise of the Falcon en un PDF. Lo había encontrado el abogado Diego Torresi de Cañada de Gómez, en sus derivas por internet en busca de libros raros. Esta desconocida obra en inglés les llamó la atención a ambos porque se nombraba ahí a Carcarañá ­—la ciudad donde vive Martín y donde yo me crie—, Cañada de Gómez, y otras de la región como Campana, Rosario, y las actuales Las Rosas y Bell Ville. Solo que cuando pasó E. F. Knight por ahí la ciudad de Las Rosas no existía, sino que había en su lugar solamente una estancia con ese mismo nombre donde se criaban los mejores caballos de carreras de Sudamérica; Bell Ville no se llamaba así sino Fraile Muerto; y la llanura, que el viajero recorrió en sulky, en vapor y en los flamantes vagones del Ferrocarril Central Argentino, no se parecía a lo que puede verse hoy cuando se la atraviesa en auto por la autopista —una seguidilla de campos de soja, trigo o maíz, dependiendo de la época del año— sino que eran tierras vírgenes, de pastizales altos y florecitas, poblada por diversos animales salvajes.

Muchas veces me había preguntado cómo había sido ese paisaje antes de que la labranza y los cultivos se extiendan por toda la superficie sin dejar prácticamente sectores sin tocar. ¿Qué plantas y animales habría? E. F. Knight, un tipo muy observador y curioso, dejó testimonio de ese lugar, no solamente de los aspectos naturales sino también de los sociales: un viaje en vapor por el río Paraná con música de piano, las pulperías de los pueblos frecuentadas por criollos y colonos, los carnavales en Rosario, un brutal método para apagar incendios rurales, una tormenta furiosa en medio del campo, una fiesta de casamiento en la posada de Carcarañá, un paseo en sulky entre las flores silvestres del campo…

En este tiempo de encierro en casa me puse a traducir los dos capítulos de The Cruise of the Falcon donde E. F. Knight relata su paso por las pampas. La primera edición fue publicada en 1884 en Londres y aunque tuvo varias reediciones en su lengua original —algunas actuales— la obra nunca fue traducida al español. Imprimí y encuaderné estos dos capítulos traducidos y les puse de título el nombre del segundo: Las pampas.

Comparto tres fragmentos que aparecen en este librito —les agregué para esta nota unos títulos ilustrativos— y una breve biografía de E. F. Knight que escribí para la publicación.

Portada de Las pampas, de E. F. Knight.

 

TRES ESTRELLAS

Era muy agradable estar en el Paraná esa hermosa noche de verano. Después de la cena tomamos nuestro café y fumamos unos cigarrillos en la cubierta, mientras el buque ascendía echando vapor bajo las maravillosas estrellas del hemisferio sur. Por momentos los costados de la embarcación casi acariciaban la selva, que ahora se encontraba iluminada por luciérnagas que emulaban a los mismos astros. De hecho, con las estrellas sobre nosotros, sus reflejos bailando en las suaves ondulaciones del agua, y las luciérnagas arremolinándose todo alrededor, parecía (dado que la noche era oscura y no podíamos ver otra cosa) que nosotros mismos éramos un planeta navegando a través del espacio infinito repleto de estrellas. Era un curioso y espléndido efecto, pero que no estimuló con tanta intensidad a mi mente tan poco imaginativa como lo hizo uno de nuestros compañeros de viaje. Este era un señor inglés, lamento decir, que tenía toda la apariencia de estar desde hacía más o menos una semana empinando el codo. A este caballero de repente se le ocurrió subir corriendo desde el caluroso y bien iluminado camarote en cubierta para que el refrescante aire nocturno le alivie un poco su frente afiebrada. Apenas hizo su aparición, una mirada perpleja se apoderó de su rostro, se restregó los ojos y miró a su alrededor, después se le cayó la mandíbula, y sus ojos y su boca abiertos expresaron el terror más abyecto. Miró enloquecidamente la miríada de luces arremolinándose arriba, abajo y alrededor suyo, se llevó las manos a la cabeza, cerró los ojos para apartar esas aterradoras visiones, y con un dramático susurro, lleno de horror, “¡Got’em again! ¡Got’em again!”[1], se lanzó una vez más hacia abajo; finalmente le gritó al mozo que le lleve una botella de Tres estrellas, con la cual apaciguar los otros tres millones de espeluznantes estrellas de afuera.

 

ROSARIO EN LOS VIEJOS ATLAS

Si usted estudia cualquier viejo atlas, e incluso uno no tan viejo, no va a poder encontrar en el mapa de Sudamérica un lugar llamado Rosario, pero podrá ver seguramente Santa Fe, ciudad vecina, señalada en letras destacadas, aunque no sea más que una pequeña localidad en relación a la extensa y rica ciudad que mencionamos en primer lugar. Esto se debe a que Rosario es una de esas prósperas ciudades que crecen vertiginosamente en este nuevo mundo. Su progreso data de ayer; es una ciudad flamante—desde el punto de vista de las artes, desagradablemente joven; repleta de oportunidades, conectada por tramways, un lugar próspero que duplicó su población en diez años y que, muy probablemente, la duplique nuevamente en otros diez; no puede sino convertirse en un lugar cada vez más importante siendo, como es, la terminal de esas extensas vías férreas que a su tiempo se abrirán hacia todas aquellas regiones repletas de riquezas, entre las selvas bolivianas y las pampas, entre el Pacífico y el Atlántico. Hoy en día el influjo de extranjeros en la República Argentina está aumentando asombrosamente y las revueltas están menguando cada vez más, ¿quién es capaz de prever los límites del crecimiento de las empresas comerciales y la opulencia de estas maravillosas regiones? La producción que hoy se encuentra en los muelles de Rosario lista para ser cargada en los barcos puede darnos una perspectiva del futuro que le depara. Ahí está el azúcar—la valiosa madera para mueblería de Tucumán—el cuero y carne de vaca de las pampas—los vinos provenientes de la ladera este de los Andes, las vendimias de Mendoza y San Juan; minerales, también de la cordillera y de las sierras de Córdoba, donde el oro, la plata y el cobre abundan, y esperan por algún intrépido minero.

 

PAISAJE PAMPEANO

Las pasturas que atravesamos ese día son de las más ricas de la provincia. Aquí les presento una típica vista de la campiña como la vimos cuando desatamos nuestros caballos y los dejamos descansar y vagar durante el mediodía. Primero, ante nosotros, se extendía la fangosa huella de las tropillas, una línea oscura a través de las hierbas relucientes. Atravesada, yacía una enorme y tosca rueda de nogal de algún carro desvencijado; eran frecuentes las osamentas de ganado y, un poco más allá, podíamos ver una multitud de buitres sarnosos alimentándose de los restos de un caballo. En las entradas de las innumerables cuevas de vizcacha, entre calabazas silvestres, sentados, pestañeando solemnemente, los búhos grises, generalmente de a pares, sociables. ¿Por qué, a propósito de esto, las vizcachas siempre ponen calabazas y búhos en las puertas de sus casas?

Mirando un poco más allá distinguimos a un costado la franja plateada de una laguna a más o menos una legua, con muchas vacas y caballos—también numerosos chorlitos; la hierba en sus alrededores no era amarilla y quemada como en otros lugares, sino verde intenso. Más allá, muy a lo lejos, se extendía el continuo horizonte de la llanura, una larga línea de humo brotando de un punto, evidencia que algunas leguas de campo estaban en llamas.

Volteando hacia la otra dirección podíamos percibir algunas tímidas gamas, el ciervo de las pampas, jugando bajo la sombra de un ombú solitario; más allá, sobre el horizonte, el mar ondulante de los espejismos y dos altas columnas que parecían unas oscuras trombas marinas contra el brillo del cielo—dos remolinos de polvo que se desvanecieron tan repentinamente como aparecieron. Una extraña solemnidad, estas pampas solitarias; silenciosa, también, excepto por el sonido del viento seco del norte que susurra en el pasto.

*

Edward Frederick Knight nació en Inglaterra el 23 de abril de 1852. Estudió abogacía en Cambridge. Se lo conoce principalmente por sus trabajos como corresponsal de guerra para los periódicos Morning Post y The Times.

A los 26 años recorrió a pie, junto a tres amigos, Albania y Montenegro. Dos años después emprendió su viaje, a bordo de su yate Falcon, en dirección al Río de la Plata y sus afluentes. La crónica de ese viaje dio como resultado el libro The Cruise of the Falcon.

En 1889 realizó un segundo viaje a Sudamérica en busca de tesoros, puntualmente a las islas brasileras Trinidad y Martín Vaz. Esta experiencia se encuentra recogida en su libro The Cruise of the Alerte.

Al año siguiente se encontraba explorando el Himalaya con el fin de recabar material para su obra Where Three Empires Meet, cuando se vio involucrado en la campaña británica contra los Estados de Hunza y Nagar, en la actual Pakistán. Fue nombrado oficial a cargo de tropas nativas y actuó al mismo tiempo como reportero para The Times.

Durante de la década de 1890 su actividad como corresponsal de guerra fue permanente. Estuvo presente en muchos de los numerosos conflictos bélicos que se dieron durante el cambio de siglo entre potencias imperialistas y sus colonias, como el ataque francés a Madagascar (1895), la Campaña del Sudán (1896-1898), la Guerra greco-turca (1897) y la Guerra hispano-estadounidense (1898).

A los 48 años, mientras cubría la Segunda Guerra de los Bóer en Sudáfrica, fue gravemente herido en un brazo y poco tiempo después se le tuvo que amputar a la altura del hombro. Sus últimos reportes, después de recuperarse, fueron los de la Guerra ruso-japonesa (1905) —durante la cual el New York Times, habiéndolo dado por muerto, publicó un prematuro obituario— y el conflicto turco de 1908.

Luego de un largo retiro, falleció en Inglaterra el 3 de julio de 1925

 

Retrato de E. F. Knight, sin su brazo derecho, perdido como consecuencia de una herida en la Segunda Guerra de los Bóer.

 

Para conseguir un ejemplar de Las pampas, de E. F. Knight, pueden escribir a ernoino@gmail.com.

En los siguientes links pueden descargar de forma gratuita los dos tomos en inglés de The Cruise of the Falcon:

Tomo 1: https://archive.org/details/cruisefalconavo01kniggoog

Tomo 2: https://archive.org/details/cruisefalconavo00kniggoog

 

[1] “¡Me agarró otra vez!”, refiriéndose probablemente a las alucinaciones del delirium tremens.

 

Imagen: Ernesto Inouye

 

noviembre 2020 | Revista El Cocodrilo   

 

TRADUCCIONES

“PARANOIA, UN CANTO” DE STEPHEN KING

Traducción de Marcela Alemandi

Ya no puedo salir.

Hay un hombre de impermeable
en la puerta
fumando un cigarrillo.

Pero

escribí sobre él en mi diario

y los sobres están todos listos,
alineados en la cama,
ensangrentados por el resplandor
del cartel del bar de al lado.

Él sabe que si me muero
(o incluso si desaparezco)
ese diario se difunde y todo el mundo se entera
de que la CIA está en Virginia.

500 sobres comprados en
500 mostradores diferentes
y 500 cuadernos
con 500 páginas cada uno.

Estoy preparado.

Puedo verlo desde aquí.
Su cigarrillo parpadea
por encima del cuello del abrigo
y en algún lugar hay otro hombre en el metro
sentado bajo una publicidad y pensando en mi nombre.

Hay hombres que han hablado de mí en las trastiendas.

Si suena el teléfono, solo escucho un susurro muerto.
En el bar de enfrente, en el baño de hombres
un pequeño revólver ha cambiado de manos.
Cada bala tiene mi nombre.
Mi nombre está escrito en viejos ficheros
y se busca en los diarios de los archivos.

Mi madre ha sido investigada;
gracias a Dios está muerta.

Tienen muestras de mi escritura
y examinan los bucles de las pes
y las cruces de las tes.

Hasta mi hermano está de su lado, ¿te conté?
Su esposa es rusa y él
me insiste con que complete más y más formularios.
Lo tengo todo anotado en mi diario.
Escuchá,
escuchá,
escuchame, por favor:
tenés que escucharme.

Bajo la lluvia, en la parada del colectivo,
cuervos negros con negros paraguas
simulan mirar sus relojes, pero
no está lloviendo. Sus ojos parecen monedas de plata
Algunos son becarios a sueldo del FBI
la mayoría son extranjeros que inundan
nuestras calles. Los engañé,
me bajé del colectivo en la esquina de 25 y Lex
donde un taxista levantó la vista de su periódico y me miró.

En la habitación de arriba, una vieja
puso una ventosa eléctrica en el suelo.
Envía rayos a través de mi cableado
y ahora tengo que escribir en la oscuridad
iluminado por el cartel del bar.
Yo me doy cuenta de todo.

Me mandaron un perro con manchas marrones
y una antenita de radio en la nariz.
Lo ahogué en la bañera y escribí todo
en mi carpeta GAMMA.

Ya no miro el buzón.
Las tarjetas de felicitación son cartas-bomba.

(¡Salí! ¡Por Dios!
No te me acerques. ¡Conozco gente importante!
¡Conozco gente muy importante, te digo!)
El restaurante donde almuerzo tiene micrófonos en el piso,
y la moza me dice que es sal, pero yo conozco el arsénico
cuando lo veo. Y el sabor amarillo de la mostaza
que tapa el olor a almendras amargas.

He visto luces extrañas en el cielo.
Anoche un hombre oscuro sin rostro se arrastró por catorce kilómetros
de alcantarillas hasta asomarse en mi baño, tratando de escuchar
llamadas telefónicas a través de la madera barata, con
auriculares de cromo.
Yo escucho todo, te digo.

Vi las huellas de sus manos embarradas
sobre la porcelana.

¿Te dije que ya no contesto más el teléfono?

Planean inundar la tierra de mierda.
Están planeando invadir las casas.

Tienen médicos
que proponen posiciones sexuales extrañas.
Están haciendo laxantes adictivos
y supositorios que arden.

Saben apagar el sol
con cerbatanas.

Yo me envuelvo en hielo, ¿te conté?
Así evito el alcance de sus rayos infrarrojos.

Conozco cánticos y uso amuletos.
Podés pensar que me agarraste, pero si quiero te destruyo
en cualquier momento.

En cualquier momento.

En cualquier momento.

¿Querés un café, mi amor?

¿Te conté que ya no puedo salir?

Hay un hombre de impermeable
en la puerta.

 

septiembre 2020 | Revista El Cocodrilo   

 

TRADUCCIONES