- Hay un poema de Emily Dickinson: “ Mi rueda está en lo oscuro/ ni un rayo puedo ver/pero sé que su avance goteante/da vueltas y más vueltas”. Y luego: “Mi pie va en la corriente/ una senda inusual/ más toda senda tiene/ al final un sentido.” Alicia, ¿para qué escribimos en estos tiempos?
El poema de Emily Dickinson que yo utilizo en el comienzo de “Poesía y errancia” tiene relación con la búsqueda, con la manera de abrir un camino para llegar al poema, esa travesía en la que aún no se tienen certezas y que va intuyendo algo a medida que encuentra ciertos apoyos, mínimos a veces, pero que pueden orientar un rumbo o una perspectiva. Me interesaba marcar que encontrar un sentido en el poema es un proceso y que su respuesta al encontrar el poema es apenas un claro, no una verdad tajante. Pero yendo más hacia tu pregunta me parece que esos sentidos provisorios que encuentra la poesía y en eso reside parte de su posibilidad en esta época, en mi opinión, esos sentidos tentativos que la poesía encuentra resultan valiosos en este momento en que las grandes verdades que guiaron otros momentos históricos, verdades que tenían un arraigo social, pienso en mediados de los ´70, por ejemplo, ya no tienen la misma resonancia. Hay una pérdida de sentido comunitario amplio como si no pudiésemos atenuar la exaltación narcisista de la época, todo se exhibe como un logro personal cuando existe, es más todo lo que merece exhibirse pareciera ser un logro personal. No obstante, también hay un malestar con eso, creo que, si estamos inmersos en alguna construcción, esta implica la reconstrucción de un discurso y ese es un lugar en el que como poeta puedo verme. Pienso que la poesía como discurso tiene mucho que aportar a una recuperación de verdad que estamos necesitando. El lenguaje poético que es capaz de transmitir la experiencia sensible con una infinita riqueza, con infinitos matices, tiene en esesentido una capacidad de verdad, una voluntad de verdad insustituible. Ya se trate de la alegría o del dolor o de la ira, en ese tono de la transmisión personal de algo que nos conmueve, la poesía sabe cómo encontrar una forma nueva de decir. Cada experiencia es distinta, no puede ser reemplazada por un algo ya dicho sino que busca la manera de decirse. Esa verbalización que es reconstrucción subjetiva, esa transmisión a otro, que no es ostentación de un yo como si se tratase de una personalidad fuera de serie o poseedora de una inteligencia superior, sino que es transmisión de la captación de algo que puede hacer un hogar con palabras. Esa experiencia que la poesía corporiza en su lenguaje, nunca podrá ser reemplazada por la risotada bestial, imposibilitada de oír, que tienen las huestes de la comunicación oficial, que actúan en paralelo al discurso oficial y que a veces es igual a ese discurso, en cuanto a las afirmaciones burdas de cosas que no existen, que son imposibles de probar o percibir. Por eso creo en la construcción de un discurso que intente enunciar nuevas, pequeñas verdades, que traduzca la resonancia del mundo en lo propio y no se avergüence frente a las réplicas fáciles, estereotipadas, o al ataque deshonesto que lo aguarda enfrente. La sensibilidad tiene que crear también como nunca la valentía de su defensa. No ensordecer frente al ruido hiperbólico y plantearse más recuperar, recobrar palabras que nos liguen al otro con lazos verdaderos. Hablo de una sensibilidad que no se permita el reblandecimiento lamentoso, ni caer en la comodidad de la autoconmiseración.
- Son varias las referencias a otros autores y autoras, pareciera ser que escribir y leer son parte de un mismo plano. Por ejemplo, en los versos de Temperley que habla del hábito de recoger piedras. ¿Qué sentidos podemos en encontrar en esos versos? Pulir una piedra, elegirla con cuidado. ¿Dónde centra la atención la mirada de la poeta?
La referencia a ese poema de Viel Temperley escenifica de algún modo algo que muchos hacemos y es recolectar objetos inútiles, nunca se sabe bien la razón de la elección, pero seguramente debe haberla. No es cualquier objeto, no son todos los objetos que se nos presentan ante los ojos, son algunos y no es que sean excepcionales, se parecen al resto, pero nos resultan atractivos sin que inmediatamente quizás podamos explicar la causa. Creo que hay que hacerle caso a esa selección natural entre las cosas que se nos aparecen, es como si encerrasen una pregunta que alguna vez quizás podamos responder. Eso que nos llama la atención conecta con algo subjetivo, aunque no seamos conscientes de esas conexiones. Pero tomar y guardar esos objetos es una manera de escribir con las cosas que nos rodean, con el mundo que tenemos alrededor y nos provoca asombro.
- En otras palabras: ¿La materia del mundo para los poetas es la misma que para el resto? ¿Dónde estaría la diferencia?
Creo que la materia del mundo es la misma para todos los seres humanos. La diferencia estaría en la mirada, allí donde alguien ve un desecho inerte, o algo simple que puede situarse dentro de una generalidad indiferenciada, el poeta o la poeta puede ver una singularidad, algo que no es evidente, sino que el lenguaje lo va evidenciando y de algún creándolo, inventándolo con las aristas que imagina. Puede ver hundido en ese simple objeto otro mundo olvidado como si fuera una piedra rescatada del big bang, una huella humana perdida y vaya a saber cuántas cosas más. Esa mirada no sólo pertenece a la poesía, está en general en el arte. Provoca una recuperación vital porque todo lo que te rodea puede empezar a hablar distinto.
- En otra instancia recuperás un poema de Bishop que se llama El alce. ¿La mirada pareciera detenerse entre el universo de la naturaleza y los restos de humo que van dejando los seres humanos? ¿Cómo se podría leer esa tensión en un poema de esa intensidad?
Ese poema de Bishop, que no es de los más citados, me parece grandioso. El encuentro del alce es el encuentro con lo otro, pero también con lo propio. Es ese otro que elegimos ignorar, dejar en lo oscuro, como el alce en lo profundo de los bosques, pero que cuando aparece y se corporiza nos produce una sensación de alegría, como si dijéramos ah yo también era esto. El alce es este animal que ya no vemos con frecuencia, que desobedece las reglas de tránsito y se instala en medio de la ruta. Y también son los pasajeros del ómnibus que, como cualquiera de nosotros, necesitan de ese ómnibus para movilizarse, necesitan de todo aquello que la civilización construyó, también a expensas de dejar de lado la naturaleza salvaje. El poema de Bishop es el viaje necesario que en algún momento tenemos que hacer, ya no el de la conversación trivial, pragmática, llena de lugares comunes, sino el lenguaje de esa experiencia que nos deja atónitos, mudos frente a lo que intentamos dejar de ver. La poesía hace eso muchas veces. Creo que constantemente busco ese momento en que el poema me deja en silencio, me acalla.
- Hay versos que resuentan desde un lugar emocional y además está la improvisación de fondo. Pienso en Miles Davis y Keith Jarret hablando sobre cómo improvisar. En qué momento esa rueda que mencionamos de Emily Dickinison comienza a dibujar un sendero? ¿O es todo improvisado? ¿Cómo es el momento en que se registran los momentos creativos de un poema?
La improvisación es una manera de estar frente a la escritura desentumecido, sin exigencias tan estrictas en lo formal, sin obediencias, una manera de buscar el sentido del poema con fluidez descartando lo menos posible de cuanto se nos va apareciendo, aunque nos parezca errado. Por supuesto no es todo improvisación, pero a mí me parece una etapa fundamental; me permite que a partir de algún empuje emocional algo suceda allí dentro en ese instante, en el tironeo con el lenguaje. Después vienen otras etapas de revisión que a veces son ligeras y otras veces más arduas. No toda la poesía tiene una base improvisada, puede ser muy pensada previamente, muy rumiada y estructurada, pero generalmente, en esos casos, no recoge casi nada de la espontaneidad del momento de la escritura. Me gusta seguir esos hilos espontáneos que te hacen saltar desde lo que empezaste a escribir y de repente estás en otro lado y resulta más interesante. Disfruto con eso.
- ¿Habría una relación entre la migración y la lengua poética? ¿El poeta migra de una lengua a otra? Y en simultáneo pienso en Oro en la lejanía y coincido la migración es el tema de esta época. Pienso en Carola Rackete, la capitana italiana que salva en medio del océano a los inmigrantes que llegan a Italia. ¿La poesía no tendrá también algo que nos llame o nos convoque a tomar decisiones así? ¿A vincularnos con los otros? ¿A abrir caminos donde parece que ya todo está desdibujado?
Me parece que sí que hay una migración. Me refiero concretamente a que en la lengua de la poesía nos despojamos de los ruidos del lenguaje cotidiano que nos exige manejarnos con ciertos códigos sociales o discursivos para la comunicación. Hay que aprender a migrar de esa lengua formateada y al mismo tiempo mantenerse en su sistema para que no sea ilegible, hacer acrobacias con lo transmisible y crear en simultáneo esa línea rítmica que va llevando sentido y tiene que trastocar, o al menos darle otra función a las formas codificadas del discurso.
Un personaje histórico como Carola Rackete desafía lo establecido, las leyes italianas en este caso que no admiten la entrada de inmigrantes, náufragos rescatados de las aguas del Mediterráneo, ella desafía esas leyes con otra más antigua que es la ley del mar, con leyes más cercanas y solidarias para con los seres humanos. De algún modo atenerse a una búsqueda cristalina de transparencia en el discurso donde todo sea necesario, eficaz y conecte con todo podría hundir aquello básico en el contacto humano, en la comunicación traspasada por un afecto, que siempre genera espacios dubitativos, balbuceos, incluso contrasentidos, pero dan cuenta de algo conmovedor que no puede dejar de atenderse.
En la medida en que podamos recomponernos de ese statu quo aplastante, también en el plano social, y seamos capaces de traspasarlo, no por mera violencia, sino como quiebre con la arbitrariedad que intenta regirnos, otra cosa va a aparecer. Es como si una rebeldía antigua tuviese que emerger.
No puede ser que la defensa de la vida en lo más entrañable, ya sean los bosques ancestrales que se están incendiando, ya sea de personas con algún tipo de discapacidad, sea considerada en abstracto parte de una agenda ideológica y no una cultura de defensa de la vida que para ser negada necesita un anestesiamiento absoluto de la capacidad de pensamiento y de vinculación humana.
- Si me permitís hay una frase tuya: “Qué nada enturbie esta posibilidad de mirar hacia el futuro, la lejanía”. Escribimos para tratar de dibujar un mapa que nos ayude, y volvemos a la primera pregunta, a la tierra, a la vida y que sea como un faro quién dice para los otros también. ¿Cómo lo podríamos pensar?
Esa frase es una entrada del “diario de errancias”, del momento en que había terminado de escribir justamente Oro en la lejanía. Sustraída de esa circunstancia no resuena la ironía que contiene. Pero sí fue una manera de decir dejémonos ya de idas y vueltas con estos textos, con ese freno cargado de exigencia que me significó la publicación de una obra reunida y miremos el futuro que ya llegó. De algún modo el diario de errancias propone eso que vos mencionás, el trazado de los propios mapas. En esa tarea el poeta o la poeta encontrará sus guías o faros, dentro del amplio cauce de la poesía. Para mí personalmente, encontrar toda una generación, o varias, de poetas mujeres tratando de hablar de experiencias tan diferentes a las de la poesía canónica en su mayoría producida por varones, ha sido fundamental. Volver a esas voces, redescubrirlas por épocas, ha sido una constante y un sostén silencioso. Hubo una zona de inseguridad que pudo apoyarse en lo que escribieron ellas y en ninguna otra parte.
marzo 2026 | Revista El Cocodrilo
