9 POEMAS DE JORGE AULICINO

por El Cocodrilo

“Para mí escribir es acercarse a la belleza misteriosa del mundo. Una fuerza de atracción hacia aquello de lo que no puedo dar cuenta y que entiendo que sólo podemos acercarnos a tientas, casi a oscuras, a través de lenguajes que son atraídos por la fuerza de la existencia de las cosas: el arte, la filosofía, la ciencia, la palabra. El lenguaje que yo encontré y del que fui capaz es la palabra poética.”

(Entrevista de Jorge Aulicino realizada por Flora Vronsky)

La madrugada del 21 de julio de 2025, falleció Jorge Aulicino (Buenos Aires, 1949), poeta, traductor y periodista argentino.

En los 70, junto a Irene Gruss, Daniel Freidemberg, Marcelo Cohen, entre otros, participó de la primera edición del taller literario Mario Jorge De Lellis y, en los 80, integró el Comité de Dirección de Diario de Poesía.

Además de traducir poemas de autores italianos, norteamericanos e ingleses, como Guido Cavalcanti, John Keats y Pier Paolo Pasolini, en 2015 la editorial Edhasa editó su traducción de la Divina comedia. Publicó numerosos libros de poesía: Vuelo bajo, Poeta antiguo, La caída de los cuerpos, Paisaje con autor, Hombres en un restaurante, Almas en movimiento, La línea del coyote, Las Vegas, La nada, La luz checoslovaca, Hostias, Máquina de faro, Cierta dureza en la sintaxis, Memoria de Garbeld, Libro del engaño y el desengaño, El camino imperial: escolios, El cairo, Corredores en el parque, Mar de Chukotka y El río y otros poemas.

A continuación, una pequeña selección de poemas:

Transparencia (de Poeta antiguo, 1980)

El sol filtrándose por la ventana
modifica el inventario.

Los pases de magia,
los viejos trucos físicos,
las alteraciones puramente ópticas… 

Aquí hubo un suelo fértil
y ahora sólo quedan
unas voces dispersas
un botín cuarteado,
ni siquiera los hongos sobreviven.

La columna partió luego de saciar la sed:
el trueno de la caballada
se confunde con la explosión del día.
El desierto absoluto.
Los espejismos que confunden todo,
la planicie golpeada por olas de calor
de viento o de lluvia
otras imágenes
borradas y amontonadas y vueltas a borrar.

*

La poesía era un bello país (de La caída de los cuerpos, 1983)

lo que no lleva el agua lo que queda en la pileta
dando vueltas negándose girando resistiendo
cáscaras de un huevo peladuras de papas
lo que insiste en quedarse lo que no entra
basuras restos lavados resistiendo
lo que se pega y despega
lo lavado no chupado girando
las cáscaras de lo exterior resistiendo

*

Hombres en un restaurante (de Magnificat, 1993)

Habla del modo en que los sucesos políticos
van modelando su temperamento o al menos
las manifestaciones externas de su espíritu.
Dice que no se afeita ya de la misma manera.
Me resisto a creer que algo tan exterior
pueda modelar el espíritu
o siquiera sus manifestaciones externas.
He bajado una escalera que bajé otras veces, de joven.
Es la escalera de este restaurante,
que conduce a los baños del subsuelo.
No estoy seguro de haber sido feliz cuando bajé las otras veces.
Sin embargo, bajar de nuevo esa escalera me puso bien.
O quizá no deba decir “de nuevo”.
Lo único seguro es que mi dicha momentánea
tuvo que ver con bajar la escalera.
Le pregunto si eso tiene relación con la política.
Me responde que, en un sentido amplio, sí.
Me dice que, políticamente, soy un hombre inconveniente.
Alguien que se pone feliz al bajar una escalera,
por razones inexplicables pero con seguridad internas,
no es un tipo al que se le pueda confiar una ejecución.
“Esencialmente”, dice, “sos un tipo político.
Yo no lo soy. Esas alteraciones en los ritos lo prueban.”
Pienso en la lluvia en el campo y admiro a mi amigo
que puede escuchar el sonido de otro océano.

*

Habitaciones para turistas (de Almas en movimiento, 1995)

La poesía convive con las estaciones.
Se puede publicar en agosto o en enero.
No importa si tres cuartas partes de la ciudad
están en la playa o si la niebla humedece
demasiado rápido en el quiosco los diarios y
los suplementos de cultura.
Este verano amable vio un poeta
a Neptuno flotar sobre la línea del horizonte,
demasiado lejos de la atención de los bañistas
concentrados en la observación de sí mismos:
las maniobras de los surfistas,
las transpiraciones del deseo entre películas bronceadoras.
Pero hay algo que raigalmente explica
la estimada relación de empatía entre los poetas y la estación:
ellos, de hecho, arman y dan existencia práctica
a cosas como estas:
la luz íntima y a la vez fresca de un patio
donde se conversa hasta la madrugada
bajo la glicina/
una rama seca en un búcaro, junto a una ventana
—las copas de los árboles, afuera, todavía conservan
hojas verdes aisladas en las ramas blancas y ceniza.

*

Ferguson’s Downtown Motel (de La línea del coyote, 1999)

Fumando un cigarrillo en la terraza,
el rápido enfriamiento de la tierra alrededor;
una situación abstracta, sin cadencias,
la vida como caños vacíos
en los que resuena de vez en cuando un golpe,
gorgoteos, un crujido.
Civilización nocturna, respiración artificial,
venas de neón a la intemperie;
la obra un desatino interminable,
el mundo un misterio corrompido.

*

La obra y su doble (de El capital, 2010 – inédito)

Ser breve, en lo posible
refractaria, de modo de asegurar la permanencia:
requisitos de la imagen publicitaria.

Lo contrario es amor; no va con ello
el tránsito especular a través
del éter, la omnipresencia de la imagen,
venta, reproducción y a la par gratuidad
del objeto en su etapa de propagación como onda.

Pues lo contrario es el amor,
lo que cala el hueso, absorbe; detritus de la obra
en el alféizar.
Cierto. La cagada de la golondrina, el hollín.
Todo lo que ves en el borde gastado de esta ventana.
Caído del cielo. Caído realmente del cielo.
Aquel azul, allá, aquel cuadrado azul.
Jirón de la capa de Apolo, en el que flotan
pasto, plumas y aves, papeles de sentencias.

El dios no espera, arrastra el cielo, cae lo grave,
deja marca lo efímero, el humo, el pájaro, grande
como un tordo, que camina entre los trastos.
En ese techo, allá abajo; leve, atento al crujido,
al aire enemigo, al pelo o a la garra.

Recordar lo que se dice recordar, sólo
el capricho art noveau, la talladura, el dintel,
el mirar al sesgo en un bar,
la bicicleta atada al poste,
su portaequipaje blanco, cada día
en el mismo lugar, percudiéndolo.
Hasta que el aire está percudido
hasta que el aire está gastado;
como están rajadas las veredas,
cascados los cordones, patinadas o pulidas
las cortinas metálicas, carteles, vidrieras.
Usado el ámbito, transitado, manchado.
Ruinoso, vital, recorrido por soldadores, ganapanes,
pintores, el barrio.

*

¡Oh, en una tarde! (de El capital, 2010 – inédito)

Oh en una tarde de plomo etc.
Oh en una tarde de plomo etc.
Gris como las tardes de los cuentos
y muchas tardes grises,
y de tal modo la humanidad más bien bajo el gris.
y de tal modo,
excepto cuando en el regreso melancólico
salta un sol sepia sobre el asfalto
y vira a naranja, cuando en dirección a las once del reloj,
brutal entre franjas de edificios, el sol salvaje
arroja sus ladrillos sobre la ruta.

*

Visto desde cierto ángulo es como si el musgo interesara (de Corredores en el parque, 2016)

Visto desde cierto ángulo es como si el musgo interesara
y no la guerra, cuando en realidad llenos de musgo
la cara, los botines, la tropa avanzó por el bosque
/camuflada…

Pero aquello lateral, lo sabés…

El tintineo de una cafetera, el color en la vena de un viejo,
briznas sobre el aeroparque…
Lo indescriptible en la mañana saturada y en el vacío aire.
Un hombre con un remo ha llamado a la puerta.

*

Selfies vistas en la madrugada (de El río y otros poemas, 2019)

Las caras de la gente se deforman, atrapadas
por una cámara de vacío donde no hay ojos.
Hay el fantasma de una posteridad que no llegó jamás,
de otros seres, de otros universos
que no las saben mirar.
O las mira una conciencia intacta
que no aprendió a decirse este es uno, este es otro;
esta es la cara de una mujer, de un hombre,
el gesto, una sonrisa de hada, congelada
justo en el momento de callar,
o de una angustia decolorada, barrida
por un simún de historias.
Se fueron de sí, dejaron de escribir la historia.
Se fueron, estuvieron, y
son como campanarios sin campanas,
packaging que rueda bajo la lluvia.

julio 2025 | Revista El Cocodrilo

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