DOS POEMAS DE PAU TURINA

 

El dolor no puede durar lo suficiente

John Berger

Gotas

 

Está acostada y mira caer las gotas del suero.

Caen de a una.

Intenta calcular el tiempo entre que una gota y otra caen. No lo logra.

El tiempo, silencio.

Tuc Tuc Tuc

Los cuerpos suspendidos en una camilla.

Suspendidos de las horas, del tiempo.

Son dos, dos en ese cuadrado minúsculo.

Afuera llueve y oscurece.

La que puede caminar, se levanta y corre las cortinas.

Afuera, es otoño.

Tuc Tuc Tuc

Entra un aire frío desde las hendijas de la ventana.

Las gotas del suero caen, de a una.

Para esos cuerpos, suspendidos, el día es un tiempo olvidado.

Está acostada, mira a su alrededor.

Paredes blancas, manchas negras de humedad. El olor, una mezcla de medicamentos ácidos.

Entra una enfermera, le toma el pulso y la presión. La que puede caminar, se levanta, cierra la puerta y se va.

Tuc Tuc Tuc

En una habitación de alguna parte del mundo, siguen cayendo las gotas del suero.

 

 

Solo algunas formas del miedo

Contiene la respiración abajo del agua.

Unos segundos antes de sacar la cabeza a la superficie, abre los ojos.

No se acuerda cuándo fue la última vez que hizo algo por primera vez.

Meses, tal vez, en realidad, años.

Pasó los 40. Nunca se había animado a algo tan pequeño e insignificante como abrir los ojos abajo del agua.

Agua llena de cloro y pis de bebés.

Se queda con los ojos abiertos unos segundos. Parpadea.

El mundo se convierte en una masa celeste.

Irrumpen unas patas de rana, y recuerda dónde está.

No en una dimensión paralela, ni en otro planeta, tampoco en un sueño: está en la pileta del club de su barrio.

Mira distintos tipos de piernas, brazos que entran y salen del agua. Intenta aguantar, y aguanta. Hasta que sale a la superficie a respirar.

Abre la boca lo más grande que puede para tomar todo el aire que le permiten sus pulmones.

El corazón le va a explotar, hace grandes esfuerzos para bombear y llevar el oxígeno hasta su cabeza.

Sale de la pileta. En el vestuario se mira en el espejo.

Tiene ojos de fuego. Sus ojos están encendidos.

Como cuando llora y no puede parar, o cuando le entra jabón mientras se baña, o cuando el humo del cigarrillo le irrita los ojos.

Primero sale del vestuario, después del club, y camina hasta su casa con esos ojos incendiados. Que le arden. Que no la dejan ver con claridad.

Pero sonríe. Sonríe porque sabe que a veces pasa algo –no sabe muy bien qué, ni cuándo, ni cómo– que permite enfrentar, solo algunas formas del miedo.

 

 

Pau Turina es Comunicadora Social, egresada de la UNR. Asiste al taller literario “Alma Maritano” coordinado por Pablo Colacrai. Algunos de sus cuentos trabajados en ese taller se publicaron en la contratapa de Rosario 12. Colabora con notas sobre literatura en medios locales como el diario El Ciudadano, Revista REA y Rapto. Como le gusta hablar, trabaja en radio. Además, participa de los podcasts producidos por Rapto sobre literatura rosarina. Produce, gestiona y lee de forma voraz, porque cree que nunca es suficiente.

 

(actualización agosto 2019 | Revista El Cocodrilo)

 

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