PAR DE SEIS, POR RAFAEL LEANI

Par de seis
Federico Ferroggiaro
Baltasara Editora
2017

 

Anticipar al lector, en pocos párrafos, qué encontrará al recorrer las páginas de Par de seis es un desafío, habida cuenta de la heterogeneidad narrativa que despliega Federico Ferroggiaro tanto en lo temático como en lo estilístico. En su quinto libro, el autor nos conduce, a través de doce relatos, por categorías tan disímiles como el humor, la tragedia, el realismo, lo fantástico, la metaficción, la ciencia ficción y hasta algo que pareciera rozar el policial negro. No obstante, esclavos de las taxonomías, intentemos llevar a cabo un ordenamiento del universo literario que nos propone Ferroggiaro en este volumen.

Par de seis, ya propuesto en el título en variables numéricas, se divide simétricamente. Seis cuentos –dicho esto en un sentido muy laxo, porque algunos escapan al concepto– tragicómicos  con el  título de “Lo sólido desvanecido”, donde asistimos a las aventuras, tribulaciones y fatalidades de diferentes personajes. Los seis cuentos restantes se enmarcan en el tópico del amor –también de modo muy laxo, porque las relaciones amorosas en ciertos casos son solo disparadoras del verdadero motivo del relato– en lo que se denomina “Fragmentos de un discurso amoroso”.

Ya dentro de los relatos, “La cena entre amigos” y “Con pelotero” –ambos dan inicio al libro– están construidos con un estilo marcadamente coloquial de manera que un lector tan bienintencionado como distraído podría creer que lee a Roberto Fontanarrosa. Sin embargo, a no equivocarse, Ferroggiaro va mucho más lejos que el ya mítico “Negro” y su humor costumbrista tematizado exclusivamente en lo popular, para posicionarse en un terreno literario claramente más denso. Densidad esta que nunca soslaya el entretenimiento, vale destacar.

Acaso sea cifra de lo dicho anteriormente, tanto sobre el autor como sobre su último libro, el cuento “Atardece en el campo”. Con una impronta bosquejada en torno a los personajes patéticamente bufonescos y la reunión de amigos devenida fiesta descontrolada, la narración atrae desde el humor, el sarcasmo y los estereotipos intelectuales, quienes no cesan de caer en el ridículo, de humillarse. Pero esto, por fortuna, no agota el relato. Las últimas páginas mutan en un lenguaje poético inmensamente disfrutable y en un desenlace impensado que producen un extrañamiento (ostriene, dirían los formalistas rusos) que resulta, en opinión de quien escribe, lo mejor de Par de seis. Ese final imprevisible, desequilibrante, es realizado con una manipulación retórica e imaginativa que, trascendiendo al célebre creador de Boogie, el aceitoso, lo acerca más bien al Cortázar de Final del juego. El humor, la tragedia, el costumbrismo y lo fantástico se aglutinan en este relato de modo tan extraño como efectivo.

Otra nota destacada la da “La fiesta a la que nunca te van a invitar”, cuento anclado en una relajada ciencia ficción distópica. El marco narrativo es un futuro cercano y una decadente ciudad (¿una Rosario deformada, al decir de Philip Dick?), donde asistimos a otra fiesta que nada tiene de amistosa. Una inesperada invitación que habilita un reconocimiento social al menos momentáneo lleva a un individuo marginal a participar una noche de un excéntrico y perverso juego donde no faltarán los excesos y la violencia. Esta narración no deja de ser una intertextualidad con Relato soñado, de Arthur Schnitzler o la inolvidable transposición fílmica de Kubrick, Ojos bien cerrados. Notemos que el autor no se distancia de la tipología de la ciencia ficción producida en nuestro país, como la definió Pablo Capanna, reconocible por su aire nostálgico, melancólico, “una fantasía teñida de escepticismo” y que evita además recorrer los grandes temas de la ficción científica al estilo de Asimov o Clarke.

Un relato también a mencionar, el cual elude el humor –rasgo marcado en Ferroggiaro pero que aquí con certeza lo omite–, es “Oswald”. En primera persona, un adulto narra en tono confesional una infancia traumática marcada por un padre aparentemente abandónico, un crimen accidental y una madre manipuladora: “Tal vez no haya sido la lección inaugural de esta decepción. Sí es aquella de la que no consigo librarme y si no la mencioné en mis terapias –perdón Dra. Boyle, lo siento Dr. Fernández– es porque el trauma excede los dominios de lo psíquico e invade el orden delictivo”. Con un subtexto policial, esta historia esconde un desafío intelectual para el lector dado que el autor no llega a explicitarlo.

“El cuento duplicado”, escrito sobre escritores, ­–sucede algo similar con “Bebelplatz”, relato final del libro y, a mencionar, premiado en España– donde Federico Ferroggiaro parece hacer uso de la máxima literaria “Hay que escribir sobre lo que uno conoce” e incorpora quizá visos de autorreferencialidad, nos trae la historia de un autor incipiente, deseoso de insertarse en el cerrado universo literario de los escritores publicados, quien tan sorprendido como confundido se encuentra con que está siendo plagiado. Desgarrado por emociones en conflicto, puesto que en parte se siente estafado pero también ve en el robo un reconocimiento, decide confrontar al apropiador de su obra.  Aquí Ferroggiaro opera con la metaficción, categoría tan exquisita como desafiante que siempre nos recuerda al genial Cervantes -quien osó mencionarse a sí mismo en el Quijote-.

Tras leer los doce relatos, la conclusión es que Federico Ferroggiaro sostiene en Par de seis la primera directriz de todo narrador: mantener la atención del lector. Aclaremos, para no dar lugar a malinterpretaciones, que si bien en estos relatos nunca queda de lado el entretenimiento, tampoco se obtura la reflexión. Quienes tengan este propósito o aquel –o ambos– se verán gratificados.