TRES POEMAS EN LIGAZÓN DE IDA VITALE

Referencias barrocas en “Calco por transparencia” (“Calco por transparencia”, “El cuadrado de la distancia” y “Respuesta del Derviche”) de Jardín de Sílice (1980)

Por Flavio Zalazar y Jorge Schiavoni

 

“Tanta búsqueda inconsciente abrió una brecha en mi opacidad. Desde ese momento la poesía fue, cada vez más, ese jardín cerrado, para pocos, donde todo se trasmutaba. Los dioses han muerto, me decía Nietzche, esa lectura imperiosa de los años adolescentes. No del todo, si existe la poesía, me defendía yo, que por años tuve el pesimismo optimista”. Ida Vitale, como lo diría Ester Guimbernat González[1] elige mirar desde la biblioteca, desde lejos; y así posicionada proyecta gran parte de su obra: una combinación dinámica entre el dato bibliográfico (o si se quiere libresco) y los diferentes tipos de posibles mundos alternativos formulados por la propuesta de la palabra elegida. Un constructo, el de la uruguaya, en disolución y reticencia (acto poético brumoso); carente, tal vez, de la palabra crucial; ese sentido exacto que lo prosaico de la convención social ciñe y constriñe en significado.

A la búsqueda de “una red de significaciones de las palabras que no están en la superficie del lenguaje”[2], Vitale, en pasajes de su poética, reproduce recursos; procederes poéticos incrustados en el sedimento cultural de occidente y también, porque no, de  oriente. Y una recurrencia es el barroco (estética donde el poeta se expresa por medio de formas exclusivamente intelectuales y con una pretendida renovación del vocabulario y la sintaxis).

El presente texto (que evoca una ilusión de unidad nos diría la multifacética Vitale, esta vez en su carácter docente) recaba elementos retóricos y temáticos barrocos en “Calco por transparencia” (“Calco por transparencia”,  “El cuadrado de la distancia” y “Respuesta del Derviche”) que integra Jardín de Sílice, del año 1980 de la autora uruguaya; con la oscura pretensión – por inconclusa – de la búsqueda que relaciona a la lectura con el acto creador escriturario.

ANÁLISIS

La producción de Ida Vitale comienza en el año 1949 con La luz de esta memoria y continúa con: Palabra dada (1953),  Cada uno en su noche (1960), Oídos andante (1972), Jardín de Sílice (1980), Parvo reino (1984), Sueños de la constancia (1988), Jardines imaginarios (1996), De varia empresa (1998), Procura de lo imposible (1998), Reducción del infinito (2002); además de textos en prosa y reseñas académicas. De esta profusa obra tomaremos tres breves poemas ligados que integran Jardín de Sílice por creer que se ajustan a nuestra propuesta.

Calco por transparencia

La tarde nítida,
llena de tientos firmes
–trompeta, telegrama, jirones de Girondo–
reserva entre sus drupas la tristeza.
El otoño presagia traslados,
traslada los presagios,
gasta sus espléndidos velos
en rituales oscuros.
Todo ortigas,
se obstinan cenizas jeroglíficas.
Sólo el amor detiene
las paredes veloces,
suspende
el derrumbe.
Por transparencia
se ve el fuego
devorar
las más altas cortezas
en los jardines escalados.
Sobrevive un gorjeo,
brújula tersa

El Cuadrado de la Distancia

No importa que estés
en el escenario del verano,
en el centro de sus desafíos.
Distante de sus fuegos
vas caminando a solas,
entre estatuas nevadas,
por las piedras del puente
de Alejandro,
infinito.
Te miras caminar,
te ves mirando como el hielo cuaja
en islas efímeras,
corre río abajo,
se unce en un punto
lejos de aquí
¿qué aquí?
entre nuevas orillas.

El relámpago es indecible.
Regresa entonces en sentido contrario,
recupera usos y costumbres
el mar,
la arena muerta,
esta claridad,
mientras puedas.

Pero guarda en la sangre
como un pez
el dulce fragor de lo distante

Respuesta del Derviche

Quizás
la sabiduría consista
en alejarse si algo vibra
a nuestro movimiento
(porque la horrible araña
cae sobre la víctima)
para ver,
refleja como una estrella,
la realidad distante.

De ese modo
la situación florece a nuestros ojos
–o pierde
uno a uno
sus pétalos–
como una especie vista
por primera vez.
Y jugaremos tristes,
vano zurcido
que nada repara,
el dibujo trivial de nuestro gesto,
improbable amuleto
contra la emigración de las certezas.

El primer poema, titulado con el mismo nombre de la tríada: “Calco por transparencia”, da cuenta de un llamado (… trompeta, telegrama, jirones de Girondo) una despedida al triste otoño del Río de La Plata (… El otoño presagia traslados, traslada los presagios) y con infausta esperanza, vislumbrando el fuego que devora (Por transparencia se ve el fuego devorar) arriba al “escenario del verano”, que es  el centro del desafío.

Luego, en “El Cuadrado de la Distancia” la autora nos devela un “topoi”: lugar de confluencia no sólo con el otro (Distante de sus fuegos vas caminando a solas, entre estatuas nevadas), sino que además ese ser, opacado en las referencias, se confunde con el mismo paisaje (Distante de sus fuegos vas caminando a solas, entre estatuas nevadas, por las piedras del puente de Alejandro, infinito). Ubica al lector en un recorrido por la zona del mar Mediterráneo. Un pasaje donde se borronean –falsas transparencias– las identidades culturales entre Oriente y Occidente.

Respuesta del Derviche es, sin duda, la palabra importante que ante el vértigo de los viajes, las vistas de los paisajes y los aconteceres en el estado de ánimo da el  sabio, él, que es la  juntura y vaso constrictor de las distintas identidades, es decir, de las varias formas de sentir la vida.

Esta apuesta de Vitale a la cultura mediterránea no es inocente; ella ahonda en una tradición estilística donde confluyen el acervo oriental y occidental: El Barroco.

El clímax de la forma barroca, y ya lo observamos en el tríptico[3], se construye mediante un abuso de metáforas obtenidas, a su vez, por antítesis (El otoño presagia traslados, traslada los presagios), deducciones (El relámpago es indecible ), juego de palabras (jirones de Girondo), acercamientos conceptuales imaginados y bizarros de hipérboles (Por trasparencia se ve el fuego devorar la más altas cortezas ;o, Te miras caminar, te ves mirando cómo el hielo cuaja/en islas efímeras,/corre río abajo,/se unce en un punto/ lejos de aquí), de personificaciones curiosas (Derviche, o la referencia a Alejandro Magno), de figuras deslumbrantes y contradictorias ( …que nada repara,/ el dibujo trivial de nuestro gesto,/ improbable amuleto/ contra la emigración de las certezas). A esta característica debe agregarse el espíritu de rebeldía, por un lado la adaptación a la realidad; por el otro el típico gusto por las imágenes o ilusiones como espejo o sustituto de la realidad[4](la misma idea de la trilogía, la constante oposición y encuentro de dos culturas; dos mundos).

El foco con el que Vitale divisa  la creación es la biblioteca; allí bucea sobre la cultura institucionalizada –Barroco–, la cual utiliza como argamasa. Si bien el espacio es físico, el mismo, para la poeta, también es tamiz de una topografía enciclopédica, vale decir, construye una metáfora no solo desde el plano literario sino dimensiona su etiqueta de autora culta, profesoral.

 

 

La obra imaginaria enunciada en la trilogía implica un recóndito y hasta insólito buceo “al bosque plagado de símbolos”;  además de una interpelación al campo de la poesía o, como lo señalara la misma autora: “Pese a la siniestra aceleración de la Historia confío, quizás injustificadamente, en que la poesía como la música, serán siempre irremplazables para alguien”.


[1] Extraído del artículo: “La distancia de lo real: de exilios y ciudades en Poemas de Vitale y Futoransky”. Revista Destiempos.com 2011.

[2] En conversaciones con Raúl Olivera publicado en el análisis literario referido a la autora de Jardín de Sílice.

[3] A los poemas los entendemos como  unidad , con la carga semántica  cohesiva y coherente  que le da el recorrido y las referencias geográficas.

[4] Frattoni, Oreste, La forma en Góngora y otros ensayos. Instituto de Letras, Universidad del Litoral, Rosario 1961.