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2020: GRAFOLOGÍA LITERARIA

Por Anaclara Pugliese y Ernesto Inouye

 

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Si una investigadora del futuro encontrara este grafo, como una red sumergida en las profundidades oscuras de internet, reconocería en él, prendidas, algunas obras, pero la inmensa mayoría de los títulos le resultarían extraños. ¿Qué publicaciones serían para ella familiares? ¿Se encontrarían en el centro de la red o en los márgenes? La investigadora podrá preguntarse, mientras navega por el grafo como si recorriera los callejones abandonados de un viejo barrio por Street View, ¿qué son todas esas obras olvidadas al sol?

Pilas y pilas de libros pasan de las novedades a las librerías de usados y los actuales PDF pasarán de repost azules en infinidad de sitios webs a las primeras capas geológicas de una futura arqueología de internet. ¿Cómo es posible abordar la inmensa cantidad de libros que se editan año a año? La crítica literaria resolvió el problema a través de la elaboración de un canon, es decir, de la selección de una serie reducida de obras destacadas. Mediante este recurso y con algo de dedicación, ahora sí, un lector puede abordar una totalidad, incluso leer las obras que la componen con cierta profundidad. Pero, ¿no es una ilusión creer que se puede entender una época de la mano de una breve lista de obras que capturarían el pulso vital de un momento específico en un lugar determinado?

Convocamos a 76 escritorxs, editorxs, librerxs, periodistas, docentes y graduadxs de Letras de la ciudad de Rosario para que nos recomienden hasta tres títulos publicados en 2020. Con los datos, al igual que el año pasado, armamos un grafo que incluye desde los libros más votados hasta los que tuvieron una sola recomendación. ¿Con qué fin? Alejar la mirada: ya no detenerse en unos pocos libros, sino en las relaciones que se establecen entre ellos y lxs lectorxs. Mucho más provechoso que elaborar una lista con los diez títulos más votados nos parecía armar una red que evidenciara cómo lectores dispares se reúnen alrededor de un mismo libro o cómo algunos libros quedan unidos por lxs mismxs lectorxs. Ante la pregunta: ¿por qué en esta encuesta se mencionaron tan pocos libros extranjeros y tantos rosarinos?, nos gusta pensar esta respuesta: el grafo no representa solo criterios estrictamente literarios sino también relaciones profesionales y afectivas, como un gran mapa de sociabilidades literarias.

¿No sería interesante para nosotrxs, al igual que para la investigadora del futuro, encontrar una grafología literaria de Rosario de los años cincuenta? ¿Quiénes serían lxs lectorxs encuestadxs? ¿Qué libros hubiesen estado en el centro que hoy no perviven? ¿Qué revistas inconseguibles, ediciones mimeografiadas, hermosas novelitas sin reediciones o folletines se hubiesen podido encontrar nombradas? ¿Qué circuitos de lectura o conexiones inesperadas nos hubiese develado ese grafo?

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Antirranking: intermediación y centralidad

Con diez recomendaciones, No es un río (10), es el título más mencionado en esta encuesta. La novela de Selva Almada completa una trilogía de varones, inaugurada con El viento que arrasa y seguida inmediatamente por Ladrilleros. En No es un río tres hombres van a pescar; pica algo pesado: una enorme raya, que se resiste, y luego es asesinada a los tiros. La novela puede ser leída desde el dominio violento, cargado de excesos, del varón sobre la naturaleza, exigido por el mandato de masculinidad.

Si bien el libro de Almada es el más recomendado, no tiene mucha centralidad en el grafo. ¿Cómo llegamos a esta conclusión? Este año decidimos aplicar las herramientas de análisis de redes de datos que nos brinda la plataforma Onodo. Dentro de estas funciones tomamos dos: centralidad e intermediación. La centralidad de un nodo se calcula a partir del número de conexiones que establece con otros nodos, pero también en base al tamaño de los nodos a los que está conectado. La centralidad de No es un río, según el análisis de Onodo, es baja (0,17 sobre el máximo, que es 1), es decir, no tiene muchxs lectorxs en común con el resto de los títulos más mencionados. En este sentido, la novela de Almada, aunque con muchas recomendaciones, es un libro periférico en la red.

La intermediación, por otro lado, calcula cuántas veces un nodo está en el camino más corto entre dos nodos. Esto es, como su término lo expresa, la capacidad que tiene de articular lo que de otro modo estaría disperso. La novela de Selva Almada tiene un altísimo nivel de intermediación (el máximo: 4646) porque nuclea lectorxs dispersxs, que no forman una comunidad de lectura sólida, y que posiblemente de otro modo, si no coincidieran alrededor de ese único libro, estarían desconectados de la inmensa red central, flotando en el espacio sin coincidencias de títulos con lxs demás lectorxs, como navegantes solitarixs: esto se puede ver de manera clara explorando el grafo, donde se evidencia cómo el nodo de No es un río conecta en el margen izquierdo dos brazos largos que casi flotan desprendidos, además de nuclear bracitos mucho más cortos, de dos dedos, sin otras conexiones al cuerpo principal de la red.

Los títulos con mayor centralidad, es decir, que están rodeados de lectores que leyeron también otros libros centrales, son: Sumisión (8), de Oscar Taborda (centralidad: 1 sobre 1); Amor total (8), de Fernanda Laguna (c: 0,87); Diario del dinero (6), de Rosario Bléfari (c: 0,59); Inventario (6) de Paula Galansky (c: 0,51); y Poesía molotov (7), de Wachi Molina (c: 0,32). La cantidad de conexiones que se establecen entre estos títulos permite inferir que existe en esa región del grafo una comunidad de lectores en la que fluyen información y lecturas.

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Como agua que corre: narrativa rosarina

Puede armarse empezando por dos títulos ya nombrados –Sumisión e Inventario– una pequeña biblioteca de narrativa rosarina. La novela de Oscar Taborda está compuesta por 101 párrafos que forman la trama fragmentaria de las peripecias de U, su protagonista. En un mundo barrial y decadente, U decide gastar el poco dinero que tiene para comprar en el shopping un económico casco para viajar en el tiempo que vio promocionado en carteles por la calle.

Por otro lado, el libro de relatos Inventario, de Paula Galansky, relata la vida de Sofía, su protagonista, a partir de una serie de nueve objetos –un relato por objeto– con un lenguaje delicado y sintético. La publicación tiene apenas veintiocho páginas pero logra encerrar con sutileza una vida entera. En el grafo, Inventario se encuentra rodeado y forma parte de una gran constelación de títulos de poesía: cuatro de sus seis lectores recomendaron también poesía. Pero además la publicación es la primera de narrativa de la colección de plaquetas Bitte, de la editorial rosarina Danke, en la que todos sus títulos, excepto Inventario, son de poesía.

Lejos de la centralidad del grafo, flotando en una pequeña isla, arriba a la izquierda, se encuentra Perversidad (2), de Marco Mizzi, editado por Eloísa Cartonera. Su carácter insular hace que su centralidad sea 0. La trama de la novela podría ser una crónica periodística de la sección policiales de nuestros días: una adolescente es violada y asesinada por un grupo de narcos. El hecho es filmado con un celular y el video empieza a circular entre los vecinos del barrio. El protagonista de la novela es un periodista desempleado que intenta reconstruir los hechos. Encontramos también en un sector periférico del grafo, en el extremo de un brazo que se despliega hacia la izquierda, el libro de relatos Tan lejos (2), del escritor y psicoanalista Ricardo Guiamet, editado por el sello rosarino Casagrande. Lleva como subtítulo “Diez naufragios”. En una entrevista el autor observó: “Son personajes que atraviesan una escena crítica y el naufragio les permite cambiar el derrotero de sus vidas.”

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Imágenes: flechazo al corazón                

Además de literatura, en la red hay toda una biblioteca de pintura, dibujo e ilustración, en parte resultado de la gran cantidad de títulos editados por el sello rosarino Iván Rosado en su serie Maravillosa Energía Universal: tres publicaciones de esa colección fueron mencionadas. De hecho, el segundo libro más recomendado por nuestrxs encuestadxs fue Amor total. Los 90 y el camino del corazón (8), de Fernanda Laguna, quien en los noventa también publicó sus más famosos poemas. Amor total reúne su arte de esa década. El segundo título de la serie Maravillosa Energía Universal es La Tablada (2), una selección de dibujos y pinturas de Orlando Belloni realizados entre 1958 y 2020. Belloni vive en el barrio rosarino que da nombre al libro y desde allí observa y retrata desde hace décadas a sus propios vecinos sobre motos, charlando en una esquina o tomando una cerveza en un kiosco, aunque deja ver siempre, en sus caras, en sus gestos, un marcado sentido proletario. El tercer título de la serie de Iván Rosado es Algunas flores (1), de Gilda di Crosta y Daniel García. Ella, poeta; él, artista plástico: juntxs, estudiaron el encanto silvestre de las flores y lo registraron en textos, pensamientos, pinturas y dibujos.

Lejos de la tersura de las flores, Enciclopedia mundial del coso (1), de Podeti. El humorista y dibujante catalogó doscientos cosos, los dibujó y les dio un nombre y una definición para desplazarlos al universo más decente y femenino de las cosas. Un objeto extraño –que podría haber sido catalogado por Podeti, por lo difícil de definir– es Fábrica de escalofríos (1), con textos de Horacio Carvallo e ilustraciones de Tati Babini. Los poemas, editados por Libros Silvestres, están troquelados verso por verso, por lo que este artefacto permite armar poemas casi al infinito: “Diez millones de poemas para combinar temblando” es su subtítulo.

Destaca como rareza la revista alemana de comic Strapazin (1), que dedicó su número 138 a historietistas argentinos. Otro recomendado fue Pintura montada primicia (1), de Juan del Prete, una selección de obras inéditas de las décadas del setenta y ochenta del pintor, dibujante, escultor y fotógrafo ítalo-argentino. El último de esta biblioteca de arte es La aventura de lo real (1), que reúne escritos del artista Alberto Greco.

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No te vayas de mí: poesía rosarina

Los poemas de Poesía molotov (7), de Wachi Molina, surgieron de un intercambio, de un aprendizaje que iba de la puesta en voz o performance a la escritura. Publicado por Le Pecore Nere, el libro tiene como motor de búsqueda el deseo, entendiendo a la poesía como la expresión de un cuerpo en concreto y a la vez del cuerpo que late en la materialidad misma del poema. El libro tiene altísima intermediación (3283) al ser un nexo directo entre el libro de Almada y la constelación central del grafo, formada por publicaciones en su mayoría rosarinas y de poesía. Compartiendo dos lectores con Poesía molotov y otros dos más con Inventario, aparece Fiesta (4), el primer libro de poesía de Anabel Martín, publicado por el colectivo editorial Cedro, del que la autora forma parte. Rodeado de puntos de color amarillo claro –que en nuestro grafo representa a las publicaciones de arte– Tres puentes, seguido de Poesía doméstica (3). Su autora, Virginia Negri, es, además de poeta, artista. La colección de plaquetas de la editorial Danke de la que forma parte Tres puentes tiene dos nodos más en el grafo: La belleza contenida (1), de la rafaelina Rita Chiabo, e Inventario.

Conectado por un lector a Poesía molotov y por otro a Inventario, El entrenamiento de la mente (3), de Irina Garbatsky (Iván Rosado). Con tres recomendaciones, al igual que el libro de Garbatsky –aunque no tan en el centro de la constelación de puntos celestes que, en el grafo, representan a los títulos de poesía–, Vietnam (3), del docente, poeta, narrador y periodista Pablo Bilsky. El libro que editó Baltasara puede leerse como una crónica en verso que describe escenas, personajes, sueños, fantasmas y anécdotas que tuvieron lugar durante una visita a ese país en 2018. Dentro de la gran constelación interconectada de poesía también fueron mencionados La soberana idiotez (2), de Carolina Musa; Te quiero abrazar mucho (1), de Lila Siegrist; y Larga distancia (1), de Verónica Laurino.

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Diarios y textos autobiográficos o “no dejes que la realidad destruya tus papeles”

Uno de los libros más mencionados, con mayor centralidad e intermediación, es Diario del dinero (6), de la música, actriz y escritora Rosario Bléfari, publicado por la editorial Mansalva. Se aferra a Sumisión –con el que comparte tres lectores–, a Amor total y a dos títulos de la constelación de poesía. Una novela, un libro de arte y dos de poesía. Diario del dinero fue compuesto como un registro contable donde las cifras no aparecen dispuestas en asépticas columnas verticales, sino insertas en la horizontalidad de la prosa, acompañadas por el relato de las circunstancias, causas y consecuencias, de gastos e ingresos. «Un registro para que los chismosos revisen o para quien pueda llegar a preguntarse de qué modo sobrevive en este mundo alguien como yo» escribe Bléfari en la contratapa.

En los bordes de la zona central del grafo encontramos Tiempo de más (3), editado por Ivan Rosado, la tercera entrega que compila las notas autobiográficas publicadas en Facebook del ensayista y docente Alberto Giordano. Pocos meses después de la publicación de Tiempo de más, Bulk Editores lanzó otro título del mismo autor: Volver a donde nunca estuve (2). Se trata también de notas autobiográficas pero que tienen como eje la relación con su padre. Giordano escribió, además, la contratapa de otro título que coincide en el carácter de su origen con los dos suyos: reúne una serie de posteos de Facebook, en este caso notas en torno a la danza y la expresión corporal. El libro, Apuntes de clases (2), de la bailarina y docente especializada en contact Natalia Pérez, fue editado por Río Belbo.

Dentro de la serie de textos autobiográficos podemos mencionar por último el diario que escribió el novelista, crítico y traductor Matías Serra Bradford en un viaje a Japón durante el año 1999 resultado de una beca para estudiar fotografía. El libro, editado por Sigilo, se titula Diario de un invierno en Tokio (1).

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¿Genios o escenios?

En este grafo, como en un fractal, hay nodos que representan libros que a su vez hablan sobre otros libros o escritores. Ese es el caso de 2020. Veinte episodios de la historia de la literatura argentina del siglo XX (3), publicado como e-book por la Editorial Municipal de Rosario. Se trata de una compilación –realizada por el docente, crítico y poeta Martín Prieto– de veinte artículos, ensayos y estudios críticos escritos por docentes y egresados de la carrera de Letras de la Facultad de Humanidades y Artes de Rosario. Como se lee en la página de la editorial: “El libro propone un doble recorrido: uno sobre la literatura argentina –el conjunto de temas, libros y autores tratados abarca casi un siglo de la historia literaria– y otro sobre las distintas direcciones que tomaron los estudios críticos en la Facultad de Humanidades y Artes desde los años 60 hasta hoy.”

Cuatro ensayos (4), de César Aira, editado por Beatriz Viterbo, reúne ensayos publicados con anterioridad: uno sobre Copi (1991), otro sobre Alejandra Pizarnik (1998), uno sobre Edward Lear (2004) y el titulado “Tres fechas” (2001), que toma en consideración tres escritores no muy transitados –Denton Welch, Paul Léautaud, J. R. Ackerley– bajo una premisa que podría funcionar como fundamento para una visión no canónica de la literatura: “para ser representativo de una época es preciso ser menor”. Del libro de Aira se desprende una columna vertebral de ensayos que se alejan progresivamente del núcleo del grafo y van perdiendo por lo tanto centralidad e intermediación. Los títulos son Pasado mañana. Diagramas, críticas, imposturas (2), de Luis Chitarroni; Contramarcha (2), de María Moreno; y Libros chiquitos (1), de Tamara Kamenzsain.

De César Aira fue recomendado también Lugones (4), editado por Blatt & Ríos. En este caso no se trata de un ensayo sino de una novela pero que toma como punto de partida el último día de vida del escritor Leopoldo Lugones –el momento de su suicidio con cianuro y whisky en el recreo “El Tropezón”, ubicado en el delta del Paraná– pero que deriva rápidamente hacia el terreno de la ficción y el delirio.

 

Las series de títulos que mencionamos son solo posibles aproximaciones y recorridos por el vasto grafo compuesto por un total de 124 recomendaciones. Para finalizar les compartimos: 1) una interesante y diversa biblioteca que reúne todos los títulos digitales de descarga gratuita que fueron mencionados; 2) una guía de exploración del grafo.

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Link, clic, free: biblioteca digital gratuita $$

Muchas de las recomendaciones fueron editadas en formato físico, impresas, pero otras tantas fueron leídas en PDF que circularon libres. Libres. Libres!!! En esta sección dejamos una breve reseña de todas esas publicaciones y los links para descargarlas.

Dinero (2), de Julián Bejarano: en el sitio slimbook.org (o haciendo clic en esta nota, sobre el nombre del libro) se puede descargar el slimbook del poeta que actualmente vive en Entre Ríos. ¿Qué es un slimbook? En la sección quiénes somos de la web se lee: “Un slimbook es una chuchería cultural. Ni libro, ni disco, ni película, es un soporte físico para cualquier contenido digital. Al adquirir un slimbook usted adquiere una obra personal a la vez que una pieza artística impresa en nuestro taller con tipografía móvil en máquinas de letterpress, hotstamping y láser, sobre cartones y papeles especiales que despliegan una pequeña muestra del contenido digital al que redirecciona. Podría decirse que un slimbook es un opúsculo con continuidad en el mundo digital”.

Paquete de fe (1), de I Acevedo: reúne los últimos ocho cuentos inéditos de I Acevedo. En medio de un debate en torno a la propiedad y a los derechos en el ámbito editorial surgido de la proliferación de PDF durante la pandemia, el mensaje que subyace a estos cuentos es que la literatura es de todes.

El amor es un arte del tiempo (1), de Kenneth Rexroth: publicado por el proyecto editorial de la poeta y traductora Laura Crespi, Cuadernos de Traducción.

2020. Veinte episodios de la historia de la literatura argentina del siglo XX (3), la recopilación ya mencionada, editada por la EMR, puede descargarse desde su web.

De la A a la Z de la cocina santafesina (1), de Paula Caldo: el conjunto de recetas que se pueden consultar haciendo clic en el link es el producto de un viaje por las rutas de la provincia a la búsqueda de platos especiales. Se lograron reunir 500 recetas pensadas, escritas y seleccionadas por vecinas y vecinos de 100 localidades. Es posible entrar al mapa de la provincia, cliquear en un departamento e imaginar sus historias y su geografía a partir de los aromas, texturas, temperaturas y sabores de las recetas que ahí surgieron.

Pintura montada primicia (1), de Juan del Prete: el catálogo-libro ya mencionado entre las publicaciones de arte se encuentra disponible en el sitio web de la galería Roldán Moderno.

Poesía molotov (7), de Wachi Molina (audiolibro): Adolfo Corts grabó para su proyecto de registro sonoro llamado Sonidos de Rosario a Cristian Molina leyendo los poemas de su último libro.

Fratelli tutti (1), de Francisco I: en esta tercera encíclica Francisco reflexiona sobre lo que nos ha mostrado de nosotrxs mismxs el COVID-19, sobre el derecho a la propiedad privada y sobre el cuidado de la Tierra, entre muchos otros temas.

Ornament 8, Organismic Sequencer. User Manual (1): manual de usuario del secuenciador ruso Ornament 8, desarrollado por la empresa Soma.

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Guía para explorar el grafo

Lxs LECTORXS encuestadxs se encuentran representadxs por pequeños nodos color verde y de igual tamaño.

Los TÍTULOS recomendados están representados por nodos de diferentes tamaños (según la cantidad de recomendaciones) y colores (según el género). Al clickear en alguno de ellos se despliega una ficha con los datos Type (género), Autor, Editorial, Tamaño (cantidad de recomendaciones), Centralidad e Intermediación.

La plataforma Onodo cuenta además con tres herramientas de exploración:

. PANTALLA COMPLETA. Botón para maximizar el grafo a pantalla completa, ubicado arriba a la izquierda.

. ZOOM. Botones de acercamiento y alejamiento, ubicados arriba a la izquierda.

. LEYENDA. Pestaña desplegable con las referencias de cada color de los nodos según los géneros, ubicada abajo a la izquierda.

. BÚSQUEDA. Una casilla para la búsqueda de un título o lector particular, ubicada arriba a la derecha.

 

Grafología literaria 2020 anaclara pugliese ernesto inouye

 

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Agradecemos a Aníbal Rossi por su asesoramiento en plataformas para elaborar grafos, a Paola Piacenza por recomendarnos algunas lecturas en relación al análisis cuantitativo de la literatura, y a todxs los lectorxs que participaron de la encuesta:

Agustín Alzari, Agustín González, Aimé Peira, Alberto Giordano, Alejandra Benz, Alicia Salinas, Alito Reinaldi, Analía Capdevila, Ana Wandzik, Bernardo Maison, Bernardo Orge, Cristhian Monti, Cristian Molina, Daiana Henderson, Daiana Lattini, Delfina Stortini, Diana Gerscovich, Diego Colomba, Érica Brasca, Eugenio Previgliano, Federico Ferroggiario, Florencia Giusti, Gabby de Cicco, Georgina Grasso, Germán Armando, Inti Juárez, Irina Garbatzky, Javier Nuñez, Judith Podlubne, Julia Enriquez, Julia Musitano, Leonardo Berneri, Lila Gianelloni, Lila Siegrist, Luciana Fernández, Lucía Rodriguez, Maia Bernardi, Maia Morosano, Manu Díaz, Marcela Alemandi, Marcelo Bonini, Marco Mizzi, María Cecilia Micetich, María Fernanda Alle, María Inés Laboranti, Mariana Catalin, Mariela Herrero, Marina Maggi, Mario Castells, Martín Prieto, Maximiliano Masuelli, Mercedes Gómez de la Cruz, Molly Moon, Mónica Bernabé, Nicolás Manzi, Nieves Battistoni, Nora Avaro, Osvaldo Aguirre, Pablo Bilsky, Pablo Makovsky, Pablo Serr, Paola Piacenza, Paula Galansky, Pauline Fondevila, Pau Turina, Pedro Cantini, Regina Cellino, Roberto Retamoso, Rocío Ahmad, Sandra Mendizaba, Santiago Hernández Aparicio, Sergio Cueto, Vanesa Condito, Verónica Laurino, Virginia Giacosa y Virginia Negri.


 

Anaclara Pugliese nació en Arroyo Seco en 1989. Estudió Letras en la Universidad Nacional de Rosario. Publicó La sombra de las nubes (Editorial Municipal de Rosario, 2017), Dos poemas (Ediciones Arroyo, 2019), Dos arcoíris & un desierto (La Vieja Sapa Cartonera, Santiago de Chile, 2019) y Megafauna (Mentazines, Rosario, 2019). Desde 2018 coordina un taller de poesía en la Unidad Penitenciaria Nº 5 de mujeres.

Ernesto Inouye nació en Rosario en 1984. Es profesor en Letras por la UNR. Prologó el libro Facundo Marull. Poesía reunida y formó parte del equipo de investigación y redacción de Archivo Mikielievich. Obras y colecciones, ambos títulos editados por la Editorial Municipal de Rosario. Tradujo y edito Las pampas, del viajero inglés E. F. Knight. Es coautor del libro de crónicas urbanas 40 esquinas de Rosario. Además de sus trabajos relacionados con las letras dicta clases de acordeón.

enero 2021 | Revista El Cocodrilo

 

POR QUÉ EL MIEDO, POR CHECHU MUÑOZ

En la literatura, la idea del miedo está más relacionada con lo sobrenatural, por eso generalmente se lo vincula al género fantástico. En este sentido, el escritor Guy de Maupassant señalaba este sentimiento como condición del relato fantástico: se refería al temor que deviene de la inseguridad del lector frente al hecho sobrenatural. Tzvetan Todorov, en su libro Introducción a la literatura fantástica, expresa que, si bien el miedo se relaciona a menudo con lo fantástico, no es una condición necesaria del género.

Por otro lado, suele diferenciarse el terror del horror: el terror es algo que asusta pero que tiene una explicación racional mientras que el horror es el sentimiento de angustia ante lo inexplicable o lo sobrenatural. Por eso, yo prefiero hablar de “miedo”, sensación que puede estar en cualquier género. La literatura, como la vida misma, está llena de relatos horrorosos que provocan miedo.

El verano pasado volví definitivamente al género de terror, un género que sin dudas marcó mi formación como lectora y consecuentemente mi modo de mirar-pensar el mundo. Recuerdo el fervor con el que leía durante mi infancia Socorro o Queridos Monstruos, libros de la escritora Elsa Bornemann (Buenos Aires, 1952-2013), donde conocí los misterios de la muerte, la locura, la crueldad humana que no tiene límites.

Mi vuelta al género, casi tres décadas después, fue de la mano de dos escritores que ya me venían seduciendo con sus relatos desde hacía unos años: Mariana Enríquez (Buenos Aires, 1973) y Luciano Lamberti (San Francisco, Córdoba, 1978). Primero leí La masacre de Kruguer (Lamberti, 2019) y hasta el día de hoy me cuesta sacarme algunas imágenes de la cabeza, sobre todo cuando me quedo sola en la oscuridad y pienso en la locura y en todo el horror que puede desatar. Inmediatamente después, me adentré en el oscuro universo de Nuestra parte de noche (Enríquez, premio Herralde de novela 2019) donde estuve sumergida, con algunos altibajos, durante dos intensas semanas. Ambas novelas reanimaron, desde diferentes lugares, esa sensación tan placentera para mí: el miedo. Era enero del 2020 y estábamos con mi compañero en un pueblo costero ubicado al sur del partido de Villa Gesell, en una cabaña en el medio del bosque, con el sonido del mar de fondo permanente. No teníamos idea de que nos adentrábamos en un año terrorífico.

Ya en Rosario, a casi dos meses de esas lecturas, presenté mi primer libro de poemas,  Sola en el bosque (Ed. Azul Francia, 2020), e inmediatamente después la pandemia llegó para quedarse y con ella la virtualidad y el “tsunami” de vivos de Instagram, Facebook y YouTube. En mi entorno, la mayoría de las lecturas eran de poesía, género que afortunadamente comenzó a invadir las redes sociales, a la par que el coronavirus el mundo, y que para muchos actuó como tranquilizante durante esos primeros meses ante la incertidumbre y el miedo a ese virus desconocido. Entusiasmada con mi flamante libro y embelesada con las amables invitaciones a leer mis poemas, un domingo lluvioso de junio se me atravesó la idea del ciclo de lecturas de terror.

Quizá motivada por el debate generado por el concurso del Fondo Nacional de las Artes, que este año convocó a los géneros de Ciencia Ficción, Fantástico y Terror como protagonistas; quizá porque recordé el programa de televisión Cuentos de terror conducido por Alberto Laiseca (Rosario, 1941 – Buenos Aires, 2016), que yo miraba fascinada por el canal I.Sat cuando era adolescente y que ahora miro con mis estudiantes por YouTube luego de leer cuentos como “El corazón delator” de E. A. Poe o “La pata de mono” de W. W. Jacobs; o quizá simplemente porque creí necesario un espacio exclusivo para la lectura de relatos de terror que nos distrajeran por un rato del horror del mundo y del Covid-19, el jueves inmediatamente posterior a ese domingo de lluvia comencé con el ciclo “Vivos de miedo”, en Instagram.

A partir de esta necesidad de buscar otros miedos, ajenos o ficcionales, y de disfrutar de esa sensación de adrenalina, surgió ese ciclo de lectura de relatos de terror, aunque no estrictamente del género de terror. En un primer momento, las personas invitadas fueron amigas o conocidas del ámbito literario de la ciudad de Rosario, quienes no dudaron en participar de mis sesiones, como me gusta llamar a cada “vivo”. Luego, con la colaboración del director de teatro, escritor y periodista Mauro Yakimiuk, descubrí un mundo de personas también muy creativas y generosas que a su vez me fueron nombrando a otras y así hacia el infinito. Desde junio hasta ahora han pasado doce invitados e invitadas que leyeron cuentos propios o de otros autores y autoras y que abordaron diversas temáticas bajo una única consigna: que den miedo. Las sesiones tienen una frecuencia quincenal, son los jueves a las 22 h por Instagram y la dinámica de cada una consiste en una primera parte, en donde leo un texto elegido por mí, y una segunda parte, en donde lee el invitado o invitada. Luego, conversamos sobre las lecturas y también con el público.

Hay un famoso refrán que dice: “Hay que temerles más a los vivos que a los muertos”. En nuestra realidad cotidiana, el miedo suele estar más vinculado a temas como la violencia, la enfermedad, la soledad, la muerte, y parece tranquilizarnos la idea de que lo sobrenatural solo sucede en los libros o en las películas. Por eso, creo que algunos relatos de terror vienen a calmarnos, a distraernos de esos otros miedos más reales o tangibles. Sobre esto reflexiona el narrador de la novela Los pichiciegos (Fogwill, 1983): “Hay dos miedos: el miedo a algo, y el miedo al miedo, ese que siempre llevás y que nunca vas a poder sacarte desde el momento en que empezó”.

 

Cecilia “Chechu” Muñoz nació en la ciudad de Rosario el 23 de enero de 1983.  En 2010 se graduó de Profesora en Letras en la Universidad Nacional de Rosario. Desde entonces, se dedica a la docencia, tanto formal como no formal. Coordina talleres literarios para personas de todas las edades. En marzo de 2020 publicó Sola en el bosque (poesía), por la editorial Azul Francia. Desde junio, coordina el ciclo de lectura “Vivos de miedo”, jueves de por medio a las 22 h por Instagram.

 

noviembre 2020 | Revista El Cocodrilo

 

ENSAYOS

 

 

MARULL EN MIKIELIEVICH: CONSERVAR O DEJAR IR, POR ERNESTO INOUYE

Cuando empecé con la investigación que me encargó la Editorial Municipal de Rosario para la edición de Facundo Marull. Poesía reunida, toda la bibliografía sobre el poeta con la que contaba era un par de textos de Eduardo D’Anna, escritor y crítico rosarino. Y cuando terminé la investigación la bibliografía que había logrado reunir era prácticamente la misma. Es decir: no había casi nada escrito sobre Facundo Marull. Este trabajo era muy diferente a lo que había aprendido a hacer en la Facultad, que era buscar textos y libros de autores reconocidos que hablaban de otros autores que ya directamente eran celebridades, nacionales e internacionales, con fanáticos y detractores, biografías autorizadas y no autorizadas, estrellas que iban a comer de Mirtha y bajaban de sus limousines entre paparazzis… Bueno, a lo mejor no eran celebridades de ese tipo, pero sí eran reconocidos de una manera equivalente, y con otros modos, dentro del retorcido universo de la crítica y la literatura.

Marull era más un tipo como uno. No solo no había estudios críticos sobre su obra, que de por sí era extraña estéticamente y no parecía tener ningún referente claro en el panorama literario nacional de la época, sino también que se tenían solamente unos escasos datos biográficos que consistían en una serie de países de Latinoamérica en los que había vivido, una larga lista de obras inéditas y extraviadas, unos difusos datos familiares, y el apellido de una acaudalada familia argentina que no cuadraba con su poesía arrabalera, que hablaba de los rincones y antros más turbios de la ciudad de Rosario.

Desprovisto de bibliografía, tuve que basar la investigación en entrevistas a gente que lo había conocido o al menos había escuchado hablar de él, y en tratar de derivar datos nuevos de los pocos que tenía: por ejemplo leer comentarios en blogs discontinuados y stalkear a los usuarios que lo nombraban (en viajes al pasado a planetas abandonados como “Taringa!” o la “blogosfera”) o no investigar a Marull sino ir hacia esos lugares donde había olor a Marull, algún personaje, movimiento artístico o político cercano como para, de alguna manera, ir cercándolo. La falta de información y estudios previos me obligó a abandonar el mundo de las ideas, e introducirme en el asistemático, múltiple y polivalente mundo real, la materia prima de los detectives y los comerciantes, y a partir de los rastros del Marull de carne y hueso intentar reconstruir su vida y después intentar descifrar su poesía singular.

Uno de los hallazgos más interesantes fue una carta que Marull le escribió a la esposa de un amigo suyo después de enterarse de que había muerto. El contenido de la carta podría ser uno de sus poemas. El tema y el tono son muy Marull. Pero también la forma en que me llegó la carta es muy Marull: primero una página, que es la que está publicada en el libro porque pensábamos que ahí terminaba. Pero después, cuando el libro ya estaba impreso, apareció la segunda página donde figura la fecha y su firma. En esa segunda página escribe:

“En el tiempo y en repetidas oportunidades perdí lo que me pertenecía, desde la vivienda hasta los papeles, todo. Recomencé cada vez sabiendo que reuniría otro equipo para volver a perderlo, empecinado, duro, sin sufrir.”

Que haya escrito eso en un papel que estuvo perdido, y que por esa razón no figura en el libro que publicamos, me parece ya un símbolo demasiado refinado, una alegoría loca, un argumento de Borges, una psicomagia de Jodorowsky.

Es decir, en ese fragmento, que llegó tarde, Marull decía por sí mismo lo que nosotros en la editorial de alguna manera habíamos concluido en nuestras charlas: la desaparición de su nombre del panorama literario rosarino y la pérdida de la mayoría de sus obras tenía que ver no solo con el despiadado mundo editorial y de la crítica sino también con un rasgo de su personalidad. Como si el mismo Marull hubiese programado borrarse del mapa.

En la nota introductoria a su segundo libro, Las grandes palabras, Marull dice que esa publicación es una evidencia de su claudicación. Es la consecuencia, por lo que puede deducirse del texto, de no haber mantenido su convicción en el silencio. O bien la de haberle dado demasiada importancia a sus propias palabras que es lo que representa casi en primera instancia publicar un libro, pretender dejar asentado algo de uno mismo.

Hay una palabra en la obra de Marull que me llamó la atención desde el principio, que aparece en el primer poema de su primer libro, Ciudad en sábado. La palabra es “abdicante”. Primero me llamó la atención porque no sabía qué significaba y segundo porque cuando leí la definición, era una palabra que definía muy bien la personalidad de Marull. El diccionario dice así:

Abdicar.

1. tr. Dicho de un monarca: ceder la soberanía de su reino o su corona a otro, o renunciar a ella.

2. tr. Renunciar a algo propio, especialmente a una idea o una creencia.

Marull no solo se despojó de su obra sino que esa actitud de desprendimiento la tenía también con sus pertenencias y sus logros materiales: despilfarraba su sueldo en el casino del Parque Rodó en Montevideo o en la elegante confitería Telégrafo donde tomaba té de Ceylan con su esposa o en una moto de alta cilindrada para poder dejar atrás a mayor velocidad sus pertenencias y su propia vida. Como si ese dinero y el trabajo mismo que puso para ganarlo no hubiesen existido. Le gustaba decir que comprar una casa era gastar en una montaña de ladrillos, que con esa plata se podía andar un montón. Marull fue inquilino casi toda su vida y sus últimas dos décadas vivió en la pobreza.

Cuando terminé el trabajo sobre Marull y el libro con su poesía reunida ya había sido publicado, la Editorial Municipal me ofreció trabajar en otra investigación. Esta vez sobre un historiador y coleccionista local muy conocido que se llamó Wladimir Mikielievich (1904-1999). No hizo falta mucho tiempo para darme cuenta de que estos dos personajes, Marull y Mikielievich, se ubicaban en los extremos opuestos de un mismo aspecto: Marull se despojaba de todos sus papeles y todas sus pertenencias; Mikielievich conservaba, archivaba y catalogaba no solo sus papeles personales sino todo aquello que tuviese relación con la ciudad de Rosario. No es fácil imaginar lo que puede ser eso: los papeles no de una persona sino de toda una ciudad, empezando por los diarios nomás, que Mikielievich llegó a contarlos en camionadas, una unidad más propia del transporte de arena o escombros. Juntó etiquetas, libros de actas, todas las revistas publicadas en la ciudad, mapas de todo tipo, fotos, partituras de músicos locales, en fin, de todo. Destinaba tres habitaciones de su casa a juntar papeles y libros. Con toda esta documentación escribió una obra monumental: el Diccionario de Rosario, que tiene 54 tomos. Los dos personajes, Mikielievich y Marull, expresan reacciones opuestas frente al paso del tiempo: uno, acumular toda la evidencia posible de la existencia de las cosas; el otro, hacer de cuenta que nunca pasó nada.

 

Wladimir Mikielievich rodeado de papeles y libros en su estudio.

Además de esta relación conceptual por oposición, hay dos puntos de contacto concretos entre ellos: en primer lugar, fueron contemporáneos y muy probablemente se hayan conocido en la década de 1930 en los talleres de la Mutualidad Popular de Estudiantes y Artistas Plásticos. Marull tomó ahí clases de dibujo y pintura, y Mikielievich fue docente de Historia en esa institución según figura en el libro de Rafael Sendra, El joven Berni y la Mutualidad Popular de Estudiantes y Artistas Plásticos de Rosario.

El otro punto de contacto es que Mikielievich hizo lo que Marull no había hecho consigo mismo. Es decir, Mikielievich, como pretendía dejar registro en su Diccionario de absolutamente todo lo que existía o había existido en Rosario, entre industrias, parques, avenidas, animales, comercios, clubes, dejó constancia del poeta Facundo Marull, del que ya, no está de más decir, nadie se acordaba. El tipo que registraba todo registró al que no registraba nada. Mikielievich fue, digamos, mejor documentando que Marull escondiéndose o escapando. Tendría que haberse comprado una moto más veloz.

En la entrada “Marull” del Diccionario de Rosario, Mikielievich hace un repaso breve de su biografía y menciona los dos libros que había publicado. Pero hay un detalle en el texto, una enmienda para ser más preciso, que parece ser otro intento de Marull por eludir una vez más el registro. Mikielievich pudo haber interpretado esta enmienda como una falta propia. El historiador escribió en su estudio “se desconoce dónde y cuándo falleció”, pero esa oración fue tachada posteriormente y corregida con una birome de otro color: “vive en Buenos Aires”. Lo mató, como se dice en mi pueblo. Marull por poco lograba su objetivo: desaparecer de este mundo pero seguir estando.

 

Entrada “Marull” en el Diccionario de Rosario.

 

Facundo Marull había vivido cerca de veinte años en Montevideo, aproximadamente desde 1955 a 1973. Gabriel “Saracho” Carbajales, un amigo suyo del Uruguay, me había contado que el poeta había escrito unas especie de aguafuertes en un periódico de la ciudad. El período de estas hipotéticas aguafuertes coincidía con la fecha de publicación de su poema más conocido: “Triste”. Pensé que, por lo tanto, las aguafuertes podían ser tan buenas como ese poema y fantaseaba con un súper hallazgo literario, un conjunto de aguafuertes geniales escritas por un rosarino.

Fui a Montevideo y estuve buscando por una semana en la hemeroteca de la Biblioteca Nacional algún texto bajo su nombre o bajo el pseudónimo que me había dicho su amigo que utilizaba: “El mono desnudo”. Al terminar la semana y agotar los recursos que me había dado la editorial, no había encontrado nada. Después de eso me encontré con unos amigos que habían ido de vacaciones a Uruguay y fuimos a un balneario de perfil familiar a pasar unos días.

Aunque ya estaba de vacaciones yo seguía pensando en ese mono desnudo, dónde, cómo, cuándo y por qué se me había escabullido. Pensaba incluso si no era todo una joda. ¿Qué hacía buscando en Montevideo un mono desnudo en diarios viejos? ¿Cómo había llegado a esto? ¿En qué clase de estrafalario detective me había convertido? Con joda no sé si me refería a una del amigo de Marull, o a una joda muy inentendible y costosa que me había hecho la Editorial Municipal proponiéndome rastrear a este tipo hasta sus últimas consecuencias, o a que directamente todo era una joda, que el mundo era una joda, que el Universo tenía la estructura de una joda y que al final de esta gran joda todos nos reiríamos juntos recordando las veces que nos habíamos puesto serios, o las veces que nos habíamos puesto tristes o incluso violentos por tal o cual situación. Como una especie de último carnaval donde estaríamos todos: Marull, Mikielievich, Borges, Jodorowsky, Mirtha Legrand, todos mezclados, sin distinción.

 

Tapa de Las grandes palabras, segundo libro de Facundo Marull, publicado en 1966. Según Gabriel “Saracho” Carbajales el dibujo es obra del poeta. ¿Es acaso el mono desnudo?

 

La última tarde de esas vacaciones estábamos con uno de mis amigos sentados cada uno en su reposera. La playa ya se estaba vaciando y empezábamos a pensar que había que ir trayendo un vino, pero había que caminar diez cuadras hasta la casa. Yo le seguía taladrando la cabeza con el mono desnudo, con las fechas de los diarios, los suplementos humorísticos, las ediciones especiales, etc. Entonces él, que es muy inteligente y entendió muy rápido de qué venía Marull, me dijo: “Dejá de joder con Marull, ya está, ¿no ves que no quería que lo encuentren? Me voy a buscar el vino.” “Traeme un buzo ya que estás”, le dije mientras se ponía las ojotas. Se fue y yo me quedé mirando a dos pibes que se tiraban desde lejos una pelotita de tenis.

 

Ernesto Inouye nació en Rosario en 1984. Es profesor en Letras por la UNR. Prologó el libro Facundo Marull. Poesía reunida y formó parte del equipo de investigación y redacción de Archivo Mikielievich. Obras y colecciones, ambos títulos editados por la Editorial Municipal de Rosario. Es coautor del libro de crónicas urbanas 40 esquinas de Rosario. Además de sus trabajos relacionados con las letras da clases de acordeón.

abril 2020 | Revista El Cocodrilo


CRÓNICAS


RODOLFO Y VICKI WALSH EN ORACIÓN, DE MARÍA MORENO: “A ESCRIBIR O A MORIR”

 

La escritora, ensayista y periodista, María Moreno, en su casa.

Por Marcela Alemandi 

“La primera exigencia de la biografía, la veracidad, atributo pretendidamente científico, no es otra cosa que el supuesto retórico de un género literario”, sostiene Juan José Saer en “El concepto de ficción” (1989). Y agrega: “la verdad no es necesariamente lo contrario de la ficción”.  María Moreno bien puede haber tenido en cuenta esta observación sobre el género al escribir Oración. Publicado por Random House en 2018, el libro resiste exitoso cualquier intento de clasificación: en su contratapa se señala que la obra no solamente desdibuja las fronteras entre biografía, ensayo, crónica, periodismo de investigación y narración literaria, sino que directamente arrasa con ellas. Seguir leyendo RODOLFO Y VICKI WALSH EN ORACIÓN, DE MARÍA MORENO: “A ESCRIBIR O A MORIR”

TRES POEMAS EN LIGAZÓN DE IDA VITALE

Referencias barrocas en “Calco por transparencia” (“Calco por transparencia”, “El cuadrado de la distancia” y “Respuesta del Derviche”) de Jardín de Sílice (1980)

Por Flavio Zalazar y Jorge Schiavoni

 

“Tanta búsqueda inconsciente abrió una brecha en mi opacidad. Desde ese momento la poesía fue, cada vez más, ese jardín cerrado, para pocos, donde todo se trasmutaba. Los dioses han muerto, me decía Nietzche, esa lectura imperiosa de los años adolescentes. No del todo, si existe la poesía, me defendía yo, que por años tuve el pesimismo optimista”. Ida Vitale, como lo diría Ester Guimbernat González[1] elige mirar desde la biblioteca, desde lejos; y así posicionada proyecta gran parte de su obra: una combinación dinámica entre el dato bibliográfico (o si se quiere libresco) y los diferentes tipos de posibles mundos alternativos formulados por la propuesta de la palabra elegida. Un constructo, el de la uruguaya, en disolución y reticencia (acto poético brumoso); carente, tal vez, de la palabra crucial; ese sentido exacto que lo prosaico de la convención social ciñe y constriñe en significado. Seguir leyendo TRES POEMAS EN LIGAZÓN DE IDA VITALE

QUERIDO MONSTRUO

FOTO Lucía Alemandi

Por Marcela Alemandi

“¿Cómo una joven muchacha pudo imaginar una idea tan espantosa?”. Esa es la pregunta que Mary Shelley responde en su prólogo a la edición de 1831 de Frankenstein o el moderno Prometeo,la novela (y el personaje) que le darían fama eterna, mucha más, incluso, de la que tuvieron su marido, Percy Shelley, y su amigo, Lord Byron, insignes poetas de la segunda camada del Romanticismo inglés, a quienes ella admiraba y a quienes, según narra en ese mismo prólogo, no aspiraba siquiera a igualar en maestría literaria.

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