RAPSODIA DESCONTENTA, DE ALEJANDRA MENDEZ BUJONOK, POR CHECHU MUÑOZ

por El Cocodrilo

Rapsodia descontenta
Alejandra Mendez Bujonok
CR ediciones
2022 |

Según la primera entrada del diccionario de la RAE, una rapsodia es una “composición instrumental de forma libre constituida por fragmentos de otras obras o con trozos de aires populares”. La segunda entrada la define como “un fragmento de un poema épico que se suele recitar de manera independiente; especialmente, el de los poemas de Homero que eran recitados en la antigua Grecia por los cantores que iban de un lugar a otro”. Ahora bien, ¿de qué se trata esta Rapsodia descontenta, el cuarto libro de Alejandra Méndez? 

Sin dudas, la poesía de Ale Méndez siempre constituye un canto. Para quienes la conocemos y la hemos escuchado recitar, nos resulta inevitable no oír su voz cuando la leemos, como si la tuviéramos cerquita, susurrándonos sus versos con grave entonación. Creo que ese es uno de los efectos de lectura más evidentes de sus poemas: es imposible no escucharlos. Quizás porque la música juega un rol central en su vida, no puede quedar por fuera de su obra. Así lo demuestra su poema “Linchamiento”, que lleva como epígrafe el fragmento de una canción de Gustavo Cerati que dice “Sacar belleza de este caos, es virtud”, y que bien podría gobernar todo el libro. 

Además de con música, esta rapsodia está construida con “trozos de otras obras”; sus poemas anteriores aparecen implícitos en los temas de la muerte, la infancia, la pérdida y el dolor.  También, dialoga con poemas de otros, como Leopoldo Marechal, Ugo Foscolo, Idea Vilariño e incorpora “trozos de aires populares”, como en su poema “Margaritas a los cerdos” que recuenta el famoso refrán de origen bíblico en el que Jesús recomienda: “No den las cosas sagradas a los perros, ni arrojen sus perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen y después se vuelvan contra ustedes para destrozarlos”. Cabe destacar que esta última no es la única referencia a la Biblia presente en el poemario. 

Rapsodia descontenta se divide en dos partes: “Gloria in excelsis” (en modo mayor) y “La sombra del Flegetonte” (en modo menor). 

La primera cuenta con veinte poemas y su título hace referencia a un himno litúrgico que forma parte de las piezas obligatorias de la misa, tanto en las de la Iglesia católica como en las de Iglesia ortodoxa. Famosa es la versión de Antonio Vivaldi. En esta parte que inicia con lluvia, el canto va dirigido a esa constante búsqueda mediante la palabra que es la poesía y, quizás, a un terrible hallazgo: “No alcanza, nombrar no alcanza…”. Así comienza su poema “(In) nombre”. Sin embargo, ante esta certeza la búsqueda no se extingue, por el contrario, parece tomar más fuerza, aunque en su poema “No puedo creerlo” exprese que “agotan las ganas de seguir”. 

En la segunda parte, son diecinueve los poemas. Su título menciona al Flegetonte, que en la mitología griega es uno de los cinco ríos del Hades por el que corría fuego que ardía pero que no consumía ningún combustible. En la primera parte de la Divina Comedia de Dante, aparece en el Séptimo Círculo del Infierno, en el primer valle donde están los violentos, ahogados en el río de sangre hirviendo, donde cuanto más grave es el crimen, mayor es la parte inmersa. Quizás por eso en esta parte nos encontramos con guerras, inquisidores, cuervos “que eran mis amigos” y con más lluvia: “Afuera, la lluvia. Adentro, la lluvia”.  

Sin embargo, en “Fenicias”, el último poema, leemos esperanza, como en la mayor parte de la poesía de Méndez. Se dirige de manera explícita a quien le dedica el libro, su hermana Verónica, y le dice: “Todavía estamos en guerra, hermana, / tal vez nunca escapemos, sin embargo/ trascendemos al dolor, con el alma rota, somos/ el canto del ave fénix, su rapsodia descontenta”. 

El río 

Las tardes no son bombas aquí 
pero nos llegan noticias desde lejos.
La tierra es un lugar terrible,
un desolado campamento de idiotas
que olvidan en mitad de la noche canturreando.
Mi cuerpo ya no existe entre el gentío,
desaparezco firme en la extrañeza.
La sangre nunca fue un río eterno.

 

Mateo 5

Subimos al monte de la infancia
lleno de tunas con tumbas indígenas,
en tonos menores seguimos cantando
como vestidos de domingos de tormentas.
Bienaventurados somos
por el sólo hecho
de existir.

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Alejandra Mendez Bujonok nació en 1979 en San Cristóbal, Santa Fe. Reside en Rosario, Argentina. Estudió psicología en la UNR. Es escritora, docente y productora cultural. Coordinó los ciclos de lecturas: Poesía en los Bares (auspiciado por la Secretaría de Cultura y Educación de la ciudad de Rosario) Poetas que leen a otros Poetas, Poetas del Tercer Mundo y las trasnoches del Festival Internacional de Poesía de Rosario en 2010 y 2011, entre otros.
Ha participado en importantes Festivales de Poesía nacionales e internacionales. Publicó los libros de poemas: Tarde abedul (La Pulga Renga, Rosario, 2013), Charlas con Cuchúa (Editorial DeAcá, San Luis, 2018), Trece maneras de enfocar otro pájaro (Ediciones Arroyo, Santa Fe, 2019) Rapsodia descontenta (CR editorial, Rosario 2022).
Fue declarada Artista Distinguida por la Cámara de Diputados de la Provincia de Santa Fe (2019). Integra numerosas antologías nacionales e internacionales. Actualmente coordina un ciclo de lecturas en la Biblioteca Argentina Dr Juan Álvarez y junto a la poeta Vicky Lovell, el Área Letras del Complejo Cultural Atlas, donde se destaca, entre otras actividades, la curaduría del Melopeas Fest (Festival Nacional de Poesía y Música)

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octubre 2022 | Revista El Cocodrilo

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