POR LA PLATA BAILA EL MONO VIRTUAL

Por Adriel Alfonso

 

Yo Fútbol Club
Daniel Basilio
Casagrande
2019
104 páginas

 

Quienes disfrutamos locamente de los delirios futbolísticos que se pueden llegar a ver, por ejemplo, en Shaolin Soccer, El partido de los filósofos de Monthy Python o Los supercampeones, celebramos en cueros y agitando nuestra camiseta la lectura del nuevo libro del rosarino Daniel Basilio.

En Yo Fútbol Club se relata la carrera de Jimeno Marotte, otro argentino que también sueña ganar La Libertadores pero, en este caso, solo. Sí, leyeron bien, solito solo. Uno contra once. Al igual que “El comandante” Ricardo Fort, Jimeno financia sus caprichos y su egolatría con la fortuna de su padre. En su camino, el protagonista se va encontrando con personajes tan particulares como la premisa que sostiene con mucho ingenio y humor el autor de La noche se presta para pegarle a un viejo (Casagrande Editorial, 2016).

Dentro de la cancha despliega una serie de carísimos y sofisticados artificios que incluyen hologramas, realidad aumentada y simulaciones de todo tipo. Toda esta tecnología de punta (de tabla) le permite erigir un equipo sumamente espectacular alrededor de sí mismo. De la misma manera que Gorillaz es una brillante banda virtual orquestada por Damon Albarn, el Yo Fútbol Club es un eficiente seleccionado que gira en torno a Jimeno Marotte.

La novedosa situación en la que se muestra al “balonpié” en esta nouvelle nos permite meditar, entre otras cosas, sobre los valores en los que está basamentado el deporte más popular de este país. Esta es una de sus mayores virtudes, pero donde crece más es donde menos se lo espera. Aunque la novela salga de la manga al campo de juego como una simple historia disparatada, con el correr de sus escasísimas páginas la férrea defensa de nuestros prejuicios es vencida por una goleadora reflexión sobre el concepto de realidad.

Los constructivistas, fauna en la que se encontraban personajes como Foucault o Derrida, decían que toda realidad se conoce a través de categorías previas. Es decir, no hay manera de que lleguemos a una realidad “pura” sin ninguna clase de idea precedente así como es imposible pensar algo fuera de lenguaje. Esta obra editada por Casagrande se lleva su trofeo más importante cuando nos hace pensar en la ficción que vivimos como realidad, en esas representaciones mediante las cuales llegamos a conocer el fútbol: ¿Cómo nos relacionaríamos con este deporte si no fuese grupal y en su lugar fuese algo individual? ¿Cómo recordaríamos las jugadas memorables de los mundiales si no fuesen con esos planos rapidísimos en movimiento horizontal siguiendo la pelota y en diagonal hacia el césped? ¿Qué esperamos ver cuando nos sentamos a ver un partido de fútbol ahora que ya jugamos tantos torneos en la PlayStation? Esta obra visionaria escrita en 2012 nos lleva a este tipo de cuestionamientos.

Es importante aclarar que en esta narración no está la búsqueda de la emotividad, la épica y la nostalgia que pueden llegar a caracterizar los relatos futbolísticos más conocidos. Además, hay quienes encontrarán en el absurdo y el desconcierto que generan algunos de los pasajes del libro una incomodidad que no disfrutarán. Para quien escribe estas palabras, sin embargo, la desorientación que nos transmiten esos mismos fragmentos es un terreno fértil para hilvanar hipótesis alternativas o recorrer sensaciones inesperadas y, por lo tanto, bienvenidas.

 

 

(actualización octubre 2019 | Revista El Cocodrilo)

 

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